El 14 de Julio es una fecha especial para el mundo y muy en especial para el pueblo francés. En Francia, ese día se caracteriza por la llevada a cabo de un desfile militar, entrega de medallas y ofrendas florales en los monumentos a los muertos de las guerras de años anteriores. Pero en las colonias de Francia se viven también las fiestas y tal es el caso de la bella Tahití. Desde hace un siglo, los polinesios de este rincón del Pacífico Sur tienen la costumbre de celebrar a su manera la fiesta nacional que se celebra en el mencionado día. Sin embargo, la solemnidad nunca fue menester de territorios isleños a diferencia del placer y diversión que pintan de cuerpo entero estos territorios. En Tahití las celebraciones comienzan a finales de Junio y se extienden hasta principios de Agosto. Estas manifestaciones populares llamadas Tiurai, se agrupan bajo el nombre de Heiva y año tras año crece en importancia. Para estas fechas la temporada es fresca y seca con temperaturas entre los 22 y los 28 grados centígrados.

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La Heiva es una fiesta claramente polinesia, que se debe observar como un acontecimiento nativo y no cómo un preparativo para el turismo. La fiesta se abre con el tradicional Hivavaevae al que concurren personalidades locales y todos los que quieren mostrarse en la apertura de las fiestas. Es una manera de calentar motores para las actividades que se vienen, dentro de las cuales se puede encontrar las competencias deportivas, las actividades artesanales y los concursos de canto y danza, de los más bellos que puede ofrecer el Pacífico por su ritmo y colorido.
En el plano deportivo, la Heiva brinda a sus participantes la oportunidad de poner en práctica las disciplinas antiguas y tradicionales. Estos deportes se realizan con piraguas (de laguna o de alta mar), jabalinas para tratar de acertarle a un coco que se encuentra clavado en el extremo de un mástil, piedras grandes de 150 kilos y embarradas de grasa que hay que cargar, carreras de frutas con los competidores cargando dos pencas de plátanos, etc. La mayor parte de estas disciplinas se practican portando taparrabos y una gran corona de hierbas y flores en el caso de las mujeres.
En cuanto a las actividades artesanales, se construyen algunas aldeas con madera y palmas de cocotero trenzadas. Muchas personas trabajan el sándalo, las conchas, las telas, el nácar, etc., procurando hacer las mejores coronas de flores o frutas. Los concursos pueden hacerse sobre el racimo de plátanos más hermoso, las orquídeas más bellas o los tubérculos más grandes. Reina en todo momento la camaradería y lo más importante es reunirse con las amistades y ver aparecer el nombre al día siguiente en las planas de los diarios. Por su parte los turistas se asombran con el trenzado de pandano o cocoteros, llegando a pagar apreciables sumas por ellos. La noche está reservada para los grandes espectáculos en los que cerca de un millar de danzantes realizan sus piruetas para una abarrotada tribuna. Por supuesto que las asociaciones, perfeccionan sus coreografías con semanas y hasta meses de anticipación, siempre en el más estricto secreto, buscando que dar la sorpresa con su presentación. Los ballets polinesios tienen reglas estrictas pero siempre dejan espacio a la imaginación del jefe de grupo. La preparación de los trajes de la asociación también demanda gran esfuerzo, más si se toma en cuenta que variaos de estos grupos superan el centenar de miembros.

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Estos concursos comienzan en la Plaza Tarahoi, en la ciudad de Papeete con un aforo de más de 3000 espectadores que disfrutan de estos grupos de concursantes que casi siempre utilizan inspiración de carácter religioso en sus composiciones. Lo interesante de estos concursos es que están concitando la atención de muchos turistas y en los últimos años se viene dando un curioso fenómeno en que muchos niños de otras nacionalidades, se mudan a la isla y se unen a una de estas asociaciones para concursar en la Heiva. Estos concursos son muy reñidos y a veces el jurado se ve obligado a pedir que el grupo repita parte de su coreografía para poder advertir mejor los detalles, por lo que a mitad de madrugada, aún están en plena discusión. En las noches también se efectúan las clásicas marchas sobre el fuego para los espectadores que deben caminar sobre piedras calentadas desde dos días antes. Si se siguen las indicaciones, nadie sale lastimado por más novato que sea. Dicen por ahí que los que llegan a Tahití son capturados y seducidos por el encanto de esta isla y nunca regresan a su tierra por lo que es recomendable despedirse bien antes de adentrarse en la Polinesia.


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