Rutas, Viajes
Estados Unidos

Nueva York, la cuna del hip-hop

La ciudad donde empezó todo
Daniela Escribano
08:00h Miércoles, 23 de septiembre de 2009
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Como si recién me bajara del avión de Ryanair, me sentía fatigado esa mañana que volví a trabajar y, aquel día en que me quedé observando más de la cuenta a aquellos chiquitos que rapeaban en la estación de subte, supe que quería involucrarme un poco más, entender porqué, poder desarrollar una explicación fehaciente.

Rascacielos en la ciudad de Nueva York

Rascacielos en la ciudad de Nueva York

Eran todos niños de entre seis y nueve años que, bajo la mira de un supuesto profesor, intentaban atraer miradas al mando de un hip-hop improvisado.

Me preguntaba porqué se habrían hecho eco de esa corriente, de qué forma los elevaba esa música entrecortada.

Esos interrogantes me llevaron a investigar, a preguntar, a indagar y a empezar a armar hipótesis. Allí entendí que el hip-hop era su grito de guerra, que les servía para hacerse escuchar, para protestar, para cantar las injusticias de la vida.


Y pues el hip-hop es de cuna negra y siempre se ha entonado en callejones ciudadanos, en subterráneos; guarda relación con el graffiti porque ambas son formas artísticas de manifestar el descontento, la marginalidad.

Vida nocturna y comercial en Nueva York

Vida nocturna y comercial en Nueva York

El hip-hop pasó a ser parte de mi vida, al igual que sus orígenes, sus ejecutores (de los que me hice amigos) y el motivo de muchas de las investigaciones que fui emprendiendo.

Y fueron todos esos escritos, en los que intenté desglosar los aspectos de este baile-música salpicado por los cortes, los que me llevaron a Nueva York.

Desde el primer momento en que empecé a hurgar en esta corriente supe que quería ponerle el broche final en Nueva York. Cómo no querer hacerlo sí esta ciudad es la cuna de este movimiento (y de tantos otros) y del expresionismo abstracto.

Iría a presentar mi investigación, pero también iría a emprender una nueva que me llevaría a escribir sobre el hip- hop en su tierra, en el sitio que lo vio nacer.

Para mi grata sorpresa, me encontré con una ciudad que, además de ser capital del mundo y ciudad más importante de los Estados Unidos, es un destino abierto e integrador.

“Por algo la mayor parte de los movimientos de vanguardia nacieron y crecieron en este lugar”, afirmé en mis primeras anotaciones. Se levantaba frente a mí, la ciudad que nunca duerme, un sitio colmado de rascacielos en donde, a su vez, conviven todas las clase sociales.

Porque sí hay algo que no es Nueva York, a diferencia de lo que muchos creen, es una plaza para ricos.

El metro está abierto las 24 horas y para mí, además de ser una gran ventaja, eso me entregaba la respuesta a uno de mis principales interrogantes.

La gente de la calle se refugia en zonas oscuras, fuera de las postales simbólicas (como la de la Estatua de la Libertad) y estructura su propio acervo cultural, rico y distinto a todos los eventos y festejos que se dan cita afuera.

Por eso mi experiencia en Nueva York fue nutritiva y experimental, porque logré entender cómo empezó todo.

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