Existen muchos lugares en el mundo que en algún momento brillaron por suscitarse en esas coordenadas un fulgor cultural de rápido ascenso y que tras unos años se desvaneció o salió del ojo público con la misma rapidez con la que llegó. Ese bien puede ser el caso de la ciudad de San Francisco, ubicada en el estado de California en los Estados Unidos de Norteamérica. Este lugar fue un cónclave durante los años sesenta, más específicamente durante el año 1967, año en que el hippismo hizo de este lugar una especie de Meca a donde millones de hippies alrededor del mundo querían llegar. Quizá sea ahora el momento de aprovechar la debilidad del dólar y reservar alguno de esos viajes baratos que siempre has querido realizar.
Técnicamente no podríamos hablar de cultura sino más bien de contra cultura, pero eso queda atrás cuando pasan las décadas. A estas alturas a nadie le cabe duda que el hippismo, mal que bien fue una cultura, la forma más pura de expresión juvenil ante la sociedad. Una expresión de inconformidad ante el sistema y cómo estaba funcionando el mundo en aquellos años. Pero como dijimos, ya para comienzos de los setenta, la chispa de esta cultura se fue apagando y para los años ochenta ya nadie buscaba que llegar a San Francisco buscando cultura. Sin embargo algo sucedió y la cultura se materializó de nuevo, repentinamente en la ciudad.

Imagen tomada de Wikipedia
Para ser exactos, debemos decir que este museo ya funcionaba desde la década del 30, sin embargo es a partir de 1935 que se le conoce como Museo de Arte Moderno y desde 1995 funciona en el local que lo acoge actualmente. Este complejo fue diseñado por el arquitecto suizo Mario Botta y tiene casi 70 000 metros cuadrados de extensión habiéndose proyectado la apertura de una nueva área para el año que viene, la cual será a techo descubierto. Cada año, el Museo de Arte Moderno acoge más de veinte exposiciones y pon en marcha más de 300 programas educativos.
Es la segunda estructura de arte moderno más grande de los Estados Unidos y se encuentra localizado en el corazón de San Francisco, cerca de la calle los Jardines Yerba Buena, una hermosa área residencial de negocios y de tiendas compartiendo espacio con instituciones culturales. Los primeros trabajos modernistas del siglo XX se pueden encontrar en este museo lo mismo que una completa colección internacional de fotografía. También se encuentran trabajos completos de los medios, una elegante colección de trabajos contemporáneos y objetos arquitectónicos y de diseño pertenecientes a los países de la Cuenca del Pacífico.

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Este impresiónate museo comenzó a gestarse –en su nuevo local- en 1989 merced a una campaña apuntalada con fondos privados. La edificación en sí, ya es una muestra clara de la corriente modernista que desmenuzaremos en nuestra visita a los interiores. El frontis está hecho de ladrillo y piedra, sobre el cual lo primero que llama la atención es un ventanal cilíndrico elevado que sale del techo y se define así mismo en circunferencias de piedra negra y blanca. A través de este gran ventanal, la luz del día se cuela por todas las estancias del museo e inunda los espacios interiores a la vez que los ángulos exteriores de la construcción se ven claramente resaltados por el ángulo en que son bañados por los rayos solares.
Sin duda la vena artística de Mario Botta se deja sentir en esta construcción que busca amalgamar las formas abstractas que propone el modernismo con las necesidades comunes de la gente. El edificio contiene 15 000 metros cuadrados de espacio para las galerías y amplios espacios para la educación y otras instalaciones que cumplen diversas funciones dentro del museo. El atrio central se abre hacia dos grandes superficies de estudio, un espacio de eventos múltiple, una enorme librería y una cafetería tanto exterior como interior.

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El primer piso cuenta con un teatro de más de 200 butacas con las más avanzadas instalaciones. Un nivel más abajo encontramos un área de estudios fotográficos y gráficos para los visitantes especialistas y los artistas para ver las colecciones de fotografía y arte en papel del museo. En este mismo nivel se incluye la biblioteca y un salón de clases con 100 asientos, además de un depósito de arte, un espacio de recepción de cargas y cuartos de control del clima para precisar la temperatura necesaria para el buen estado de conservación de las piezas de arte. Los tragaluces proliferan en el museo para recoger la luz solar y llevarla hasta las galerías periféricas del museo. En el corazón del edifico encontramos una gran área abierta donde se realizan muchas actividades públicas.
Las galerías en los niveles superiores son más tradicionales y siempre apelan a los tragaluces para resaltar las obras de arte que cada una de ellas contiene. El área posterior está reservada para las oficinas y los servicios y tiene espacios funcionales, nuevamente con la función de recoger la máxima cantidad de luz natural posible y llevarla hacia las áreas de trabajo. Para terminar podemos decir que el museo cuenta con más de 15 000 trabajos entre pinturas, esculturas, fotografías, diseños arquitectónicos, modelos y obras diversas en papel.


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