Europa, Viajes

Memorable crónica de un viaje en París

felipe
10:00h Martes, 29 de mayo de 2007
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Nuestro romántico viaje empieza a las 5,30 de la mañana en dirección al aeropuerto del Prat, con mucha antelación ante los consejos de la agencia de viajes: “Ir por lo menos dos horas ya que las colas serán increíbles, horribles…” nuestra sorpresa es que al llegar allí a penas habían dos o tres personas en el stand de IBERIA…tomamos nuestro primer café esperando ansiosos el embarque a las 8.00h dirección PARIS aeropuerto Charles de Gaulle, una vez allí nos esperaban para llevarnos al Hotel, el desconocimiento de cómo sería nuestra “morada” estos 4 días nos invadía aunque la ilusión por estar en una de las ciudades más bellas del mundo dejaba en un segundo lugar nuestras preocupaciones. Al fin llegamos después de 45 minutos de autocar, el Hotel estaba situado en el barrio de Montmatre, el hotel era de la compañía y tenia el mismo nombre que el barrio, bien situado y sobre todo bien equipado, un tres estrellas superior con buenos desayunos y bien situado al lado del metro y cerquita del Sagrado Corazón, el Moulin Rouge…

Dejamos las maletas y sin pensarlo nos lanzamos a dar um passeio cultural por PARIS, sus calles, su gente, el metro y cómo no, nos esperaban increíbles monumentos y sitios de interés cultural de los que sin lugar a duda disfrutamos muchísimo.
En primer lugar fuimos a Notre Dame, una grandísima y bella catedral donde la gente se amontona a su entrada y las cámaras y turistas miramos y miramos su majestuosa fachada, divisando las famosas gárgolas o sus dos torres principales, de cerca y a la luz del día, Nuestra Señora de París es un hermoso edificio de estilo gótico y cargado de historia, un edificio que desborda belleza y magnificencia. Concienciados de que el primer día habríamos de patear muchísimo, nos dirigimos a los campos de Tullerias uno de los máximos ejemplos de lo que es un jardín a la francesa lleno de colorido y estatuas que desembocan en famoso Obelisco Egipcio que Napoleón trajo como símbolo de victoria hasta París, necesitando una gran embarcación debido a sus increíbles medidas, el obelisco de Luxor, es una pieza egipcia con 33 siglos de edad y que muestra una serie de jeroglíficos que hablan de las hazañas de Ramses II y III.

Reponiendo fuerzas en un banquito del jardín seguimos por los campos Eliseos en dirección el Arco del Triunfo que se divisaba al fondo y la Torres Eiffel. Los campos Eliseos son la avenida por excelencia de la Ciudad de la Luz, con más de 70 metros de anchura; es la arteria que une a la Concorde con el Arco del Triunfo en ella podréis descubrir multitud de tiendas de grandes marcas reconocidas mundialmente, carísimos restaurantes, cafés, muchísimos cines, farmacias, etc…

Llegamos al enorme Arco del Triunfo, el sentimiento de “hormiguita” se hace patente cuando lo miras desde abajo entre sus dos enormes columnas, erigido en memoria de todos los soldados que dieron su vida por la patria, alberga en su centro una llama que arde eternamente por el soldado desconocido. De él parten doce avenidas que se pierden en el horizonte, para llegar a él hay que cruzar el tráfico por debajo gracias a una serie de túneles donde deberéis comprar las entradas para subir al último piso por unas escaleras estrechas y eternas auque vale la pena. De allí con una visón clara de París, nos dirigimos a la espectacular Torre Eiffel, sabiendo por los comentarios de los cientos de catalanes y españoles que se encontraban como nosotros, que tendríamos que hacer mucha cola para poder subir. A medida que te acercas y la vas observando, te quedas embelesado y una “cosita” dentro de tu estomago te convence si no lo estabas que valía la pena ir a PARÍS… Es gigantesca, más de trescientos metros de altura que marcan el techo de y el perfil de la ciudad. Previo paso por taquilla, se puede subir a ella pateando miles de escalones o bien usar uno de los ascensores que albergan a más de cien personas.

Hay tickets para cada planta; se puede sacar uno para la segunda, por ejemplo, y una vez allí, si se desea subir a la cima, puede sacarse otro ticket en una de las máquinas que se encuentran en la misma planta. La parte más alta de la Torre tiene dos miradores: uno acristalado y otro más arriba al aire libre (todas las plantas tienen rejas protectoras, debido al elevado número de suicidios ocurrido en el pasado). La vista es impresionante y gracias al buen tiempo que tuvimos durante nuestra instancia pudimos divisar cada rinconcito de esta bella ciudad francesa.

El hotel nos esperaba reventados de tanto caminar aunque con ganas de que llegara mañana para visitar el precioso museo del Louvre. A temprana hora llegamos al museo, sacamos el ticket y una vez en interior el visitante puede recorrer hasta catorce kilómetros de pasillos; por eso, según expertos hay que dedicarle varios días completos para disfrutarlo enteramente. Nosotros estuvimos sólo un día y nos concentramos en lo más famoso e importante: la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, la Gioconda (única obra protegida por una vitrina en la cual deberéis hacer una pequeña cola de 15-20 minutos para poderla ver de cerca), las galerías de pintura francesa e italiana, etc.

Debido a la pasión de mi pareja por el mundo egipcio decidimos también explorar con detenimiento la exposición del antiguo Egipto, increíble y sin palabras cuando sales de allí, os lo aconsejamos de todas todas. Por la noche nos esperaba un romántico crucero por el sena bajo el titulo de “PARIS ILUMINADO” sin duda una ocasión estupenda para disfrutar en pareja de la ciudad de la Luz y de sus maravillosos monumentos desde una visión privilegiada.

En el penúltimo día de nuestra estancia en Paris la dedicamos a visitar Versailles y sus majestuoso palacios y jardines, un poco caro no os lo niego, pero vale la pena pues tanto las impresionantes fuentes como los eternos jardines que se pierden a la vista son una maravilla. Aunque el Palacio de Versalles no está precisamente en París, si está a una distancia bastante accesible, ideal para una excursión de un solo día. El Palacio de Versalles y la ciudad de Versalles tienen mucho que ofrecer para los turistas, desde magníficos museos hasta restaurantes de buena categoría y como no, bares de comida rápida, hamburgueserías…

El Palacio de Versalles, que alguna vez, y por más de 100 años, fue la residencia del rey y uno de los lugares más importantes de Europa, ofrece una oportunidad para apreciar el tipo de vida que algunos reyes de Francia tuvieron en el Palacio. Recámaras y demás habitaciones se encuentran restauradas a su estado original, admirando obras de gran lujo y la exageración de la realeza de siglos pasados. Por la noche al llegar a la zona del hotel, visitamos por fuera el Moulin Rouge, si no quieres ir a ningún espectáculo os aconsejamos que valláis a verlo de noche ya que está iluminado y en funcionamiento… esa noche cenamos en un restaurante típico y en los alrededores del Moulin Rouge, la alegría es que en su interior éramos muchos los españoles a los que el azar nos llevo a cenar allí.

El día de nuestra despedida, nos dedicamos a visitar los alrededores de Montmatre y como no, el Sacré-Coeur, prepararos para una buena subida de calles empinadas. La Iglesia del Sagrado Corazón es de estilo bizantino y sus cúpulas recuerdan al Taj Mahal hindú. Como dato curioso, la basílica fue edificada con piedra de Château-Landon (al sur-este de París) que bajo el efecto del agua de la lluvia segrega una sustancia blanca parecida a la pintura; por ello, cuanto más llueve, más blanco es el Sacré-Coeur. Además de contemplar un edificio fascinante (tanto por dentro como por fuera), junto a la Iglesia se encuentra uno de los lugares más parisinos y pintorescos de la ciudad: un diminuto barrio con una plaza amenizada por pintores que desarrollan su labor al aire libre y pequeños comercios de todo tipo, pensados principalmente para el turista.

A las 15.00h nos recogían en el Hotel dirección el aeropuerto, una vez allí sin problemas y con tiempo hasta las 18.30h que salía nuestro avión de vuelta a casa, fue imposible resistirse a ver las 500 fotos realizadas y sobretodo hablar de lo bonito y romántico de este viaje a una ciudad increíble llena de vida, de historia y que consigue despertar en uno ese sentimiento de que algún día volverás, no se sabe cuando ni como, pero que volverás…

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