Europa, Viajes
Sur de Francia

Marsella, la ciudad más antigua del país galo

Ciudad con historia y construcciones destacables
Juan Luis Pérez
08:00h Lunes, 05 de enero de 2009
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Marsella es una de esas ciudades francesas que siempre he querido conocer, será por la historia con la que cuenta, por los siglos de vida y andanzas, por la mística que siempre la ha rodeado, por su presencia literaria (¿recuerdan el Castillo de la isla de If de El conde de Montecristo?), o simplemente por sus bellezas naturales (las bonitas playas del Mediterráneo con las que cuenta ya son más que un motivo suficiente para visitarla), pero siempre la tenía como ésos lugares que ansiaba conocer. La cuestión es que he cambiado las millas de viajero frecuente para coger uno de estos vuelos.

Hermosa panorámica de la ciudad de Marsella. Foto: Challenge-int.fr

Su puerto es, sin dudas, uno de los más importantes de toda Francia, además de muy bello y realmente impactante por su tamaño, también relevante en lo que a actividad comercial refiera.

Lo cierto es que al llegar a la ciudad ansiada de la Costa Azul comencé el recorrido por lo que es uno de los puertos más viejos del mundo occidental, precisamente denominado el Puerto Viejo, o en francés, Le Vieux-Port. Fue este fondeadero el punto alrededor del cual comenzó a surgir esta ciudad que ha pasado por varias épocas históricas: desde la Massalia griega hasta la Marsella atractiva de nuestros días.

Hoy, el Puerto Viejo y sus alrededores son un ineludible en esta bonita ciudad: además del azul del Mar Mediterráneo, tan intenso que uno siente que puede perderse en él, la cantidad de embarcaciones que aquí pueden verse son una postal tan bella como característica. Incluso, en esta zona uno puede encontrarse con yates de lujo es que Marsella también distingue por ser destino turístico elegido por quiénes cuentan con buen nivel económico, y esto por momentos se torna evidente.

Debo admitir que me quedé con las ganas de subir a uno de los ferries que lo cruzan para poder admirar mejor, y en toda su dimensión, este increíble puerto. Otro de los atractivos en esta zona son los fuertes que se localizan justo en la embocadura del puerto, se trata de dos monumentales castillos: el de Saint-Jean y el de Saint Nicolas.

Fuerte de Saint Jean, en el Puerto Viejo. Foto: travel.stay.com

El primero se localiza en un punto estratégico y debe su nombre a que en el siglo XIII fue ocupado por la orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (futura orden de Malta). Unos cuantos siglos después, Luis XIV mandó a ampliarlo y a construir un foso inundable para aislarlo.

En todo caso, y más allá de detalles, lo cierto es que ver este castillo es algo no sólo imponente sino incluso un tanto conmovedor: mi impresión fue como si todos esos siglos de historia, con sus diversos acontecimientos, se proyectasen desde algún punto de esas piedras y llegasen a uno en imágenes consecutivas Desde fortaleza, a prisión durante la Revolución Francesa, hasta su pasado más reciente en el que fue tomado por los nazis, todo ello me invadió vagamente.

El Castillo de Saint Nicolas, por su parte, no es menos neurálgico: al sureste de la ensenada este fuerte domina el paisaje con sus cuatro siglos de historia. Mandado a construir por Luis XIV para controlar y resguardar la ciudad. Durante la Revolución, este castillo también estuvo pintado de rojo y vestido de luto: aunque ya historia pasada, el contemplar en silencio toda su edificación, el ver la inmutabilidad de los altos muros y oír, desde la lejanía, el murmullo del mar, fue una experiencia fuerte –como sucede en muchos sitios históricos de este bello continente europeo-.

Bien, luego de ver estas magníficas fortalezas, tras un breve recorrido por la zona comercial que aquí también se puede encontrar, el paso siguiente consistía en conocer otro atractivo turístico de gran relevancia: la basílica de Santa María La Mayor, o Sainte Marie Majeure. Esta construcción, edificada sobre una anterior entre los años 1853 y 1893, constituye también una verdadera obra arquitectónica que vale la pena visitar.

La imponente iglesia de Notre Dame de La Garde, de noche. Foto: sobrefrancia.com

Tras esta basílica quise conocer otra, igual de bella y conocida de Marsella, la Iglesia de Notre-Dame de la Garde, presente en casi cualquier postal de la ciudad. Ya un poco más alejado, sobre la colina homónima, se levanta sobre poco más de 150 metros sobre el nivel del mar, este templo que con su gran virgen de bronce como punto más elevado es una joya arquitectónica y religiosa del sur de Francia.

Debo reconocer que para llegar hasta allí me costó unas cuantas gotas de sudor, ya que el camino es más empinado y opté por hacerlo a pie (es esta colina, el punto más alto de la ciudad). De cualquier modo, valió la pena, ya que tanto el exterior como el interior de esta iglesia que data del siglo XIX son un verdadero deleite.

El corazón de esta basílica es también majestuoso: desde las pinturas de su altar mayor hasta el santuario de la planta alta, nada tiene desperdicio. Además, y como ya me lo habían aconsejado, no quise perderme las vistas de la ciudad que desde la terraza se puede tener: exquisitas.

Luego de tanto edificio histórico (muchos me quedaron sin embargo pendientes) quise estar más en contacto con la ciudad, en vivo, ver más calles, gente, más casas. Opté entonces por cargar mi mochila y salir a recorrer uno de los tantos barrios que aquí hay, en este caso, uno de los más populares, le Panier (está localizado por la zona que ya había frecuentado, entre el Castillo Sant Jean y la basílica Sainte Maire Majeure). Estrechas calles, casas y construcciones de hasta tres o cuatro plantas pintadas de colores diversos son lo más característico de este lugar. Mucha gente, turistas por doquier, y, a decir verdad, no mucho más.

Aunque ya mi tiempo en la bella Marsella se acababa, no quise dejar este destino sin antes, al menos desde lejos, visualizar el famoso castillo de If y llevarme fotografías propias (sí, aquél que Alejandro Dumas describe en su novela). Este castillo, con cuatro siglos de vida ya, y ubicado en la isla homónima es, sin dudas, otro referente cultural e histórico marsellés.

La isla con el Castillo de If. Foto: Wiki

Me quedó por ver, y lo que no me perdono, el magnífico Palacio Longchamps, ubicado
en el barrio de Cinq Avenues: un increíble palacio que data del año 1862 y constituye hoy en día un emblema de esta ciudad francesa. Longchamps es, además, sede de los museos de Bellas Artes y de Historia Natural. En la próxima visita no dejaré de incluirlo en mi recorrido.

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