África, Viajes
La Medina es la cara del pueblo y Ville Nouvelle es el distrito de la elegancia

Marrakech, ambivalencia medieval en Marruecos

Los souqs y las caravanserai son las fotografías anacrónicas en esta ciudad
Antonio Martínez
07:00h Jueves, 27 de noviembre de 2008
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El África siempre nos aguarda con misterios capaces de poner en ruta a los viajeros más infrecuentes. Países y destinos hay muchos y esta vez nos ocupamos de Marrakech, una ciudad medieval que nos aguarda con una dosis de mito y misterio detrás de esos muros color ocre que la caracterizan. Los callejones y las vistas de los mercados tradicionales llamados souqs, la singularidad de la Plaza Djemaa El-Fna y las Montañas Atlas en el fondo del paisaje, hacen de Marrakech una de las ciudades más visitadas de África.

Marrakech es una de las ciudades más importantes de Marruecos y se encuentra ubicada al sur del país, en la parte norte del continente africano. La ciudad cuenta con varios monumentos que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Marrakech significa “la tierra de Dios” y también es apodada como “la ciudad roja” debido al tono de sus edificaciones y de todo su entorno.

Vista de Marrakech tomada de Flickr por jamesjforbes

El clima de la ciudad es mediterráneo seco con temperaturas que no alcanzan niveles extremos salvo en los meses de verano que suelen bordear los 40 grados centígrados. Marrakech fue fundada en 1062 por Youssef Ibn Tachfin llegando a convertirse en una de las ciudades más importantes del Islam en el mundo medieval. Marruecos toma su nombre a partir de una deformación del nombre de Marrakech.


A esta ciudad se llega a través del Aeropuerto de Menara, ubicado a 6 kilómetros del centro. Desde allí parten mini taxis con capacidad para tres personas y también autobuses cada veinte minutos, aunque estos son menos frecuentes los fines de semana. Otro dato interesante respecto al transporte en Marrakech es que podemos alquilar bicicletas y motocicletas para movilizarnos durante el día.

La oferta de hoteles en Marrakech nos permite elegir entre varias opciones. Por ejemplo podemos ir al Hotel Mansour Eddhabi, un lujoso y exclusivo recinto ubicado en la Ville Nouvelle. Otro hotel exclusivo es el Riad Al Moussika, bellamente restaurado y amoblado, a unos cuantos metros de la Plaza Djemaa El-Fna. Si queremos opciones intermedias podemos dirigirnos a Maison Tamkast o al Villa El-arsa.

Las opciones más económicas vienen dadas en Jnane Mogador Marraquech, ubicado en el corazón de La Medina, o en el Hotel Du Pacha con techos altos y decoración colonial. La ciudad de Marrakech está dividida en dos distritos que contrastan entre sí. Está La Medina, fundada por los almorávides hace un siglo y la Villa Nueva o Ville Nouvelle de corte francés colonial modernista que data de comienzos del siglo XX.

La que alimenta la imaginación es La Medina y su plaza Djemaa El-Fna. Esta plaza se ha convertido en el alma de Marrakech y que coge un segundo impulso cuando cae el sol y una caravana de vendedores de comida llamada Caravanserai comienza a descender hasta este lugar. La caravana está complementada por diversos y pintorescos personajes como encantadores de serpientes, narradores de cuentos, músicos y otros artistas que le dan un especial colorido a la noche marroquí.

Djemaa El-Fna tomada de Flickr por jamesjforbes

En el norte de esta plaza están los importantes edificios religiosos y los souqs, y hacia el sur se encuentran los barrios imperiales donde hallamos los palacios y monumentos de los gobernantes de otras épocas. La Villa Nueva es más ordenada y sosegada que La Medina. Este distrito se divide en las áreas de Gueliz e Hivernage. Aquí podemos ver una colección de edificios cívicos, hoteles internacionales, bares y restaurantes típicos, como en cualquier ciudad moderna de Europa.

Estando en Marrakech hay que conocer la Mezquita Koutoubia y Minarete que fue construida en el año 1120 para ser el monumento espiritual de la ciudad. Luego hay que conocer el Palacio El-Badi que data del siglo XVI y es famoso por haber sido uno de los palacios más bellos del mundo. También hay que ir a las Tumbas Saadian que son las tumbas reales de esta dinastía. El lugar se encuentra embellecido con techos estilo domo, confusos grabados y enyesados por doquier.

Enseguida hay que visitar los Jardines de Menara, un apacible y tranquilo lugar ubicado en medio de los huertos de olivo y con una magnífica perspectiva de las Montañas Atlas. También hay quedarse en tiempo en Marrakech para visitar los souqs o mercados tradicionales, donde ampliaremos nuestra gama de colores y sabores. Luego debemos visitar las Tenerías y ver de cerca cómo los cueros se encogen, se entintan y se secan.

En Marrakech también podemos tomar un romántico tour hacia los muros de la ciudad, a bordo de una calesa que es una carroza impulsada por caballos. El momento ideal para hacer esto es durante el crepúsculo. Luego hay que ir a Hammam El Bacha, los baños tradicionales de Marrakech donde el stress no tiene cabida.

Souk tomada de Flickr por jamesjforbes

Marrakech también representa una magnífica oportunidad de compra para los coleccionistas o aficionados. Aquí encontramos artesanía muy fina y el mejor lugar es al norte del distrito de la Medina. En la calle Rue Souq El –Kebir encontramos los fabricantes de joyas y bolsos. También vemos el mercado de las pantuflas y no debemos dejar de ir al mercado de la piel y sobretodo al mercado de las alfombras donde se pueden encontrar tapetes tejidos a mano de gran calidad.

Otros mercados ideales para los curiosos son el mercado de los herreros, el de los entintadores y el de los carpinteros. Si nos aburren los bulliciosos mercados y no hemos nacido para regatear pues hay que salir de la Medina y dirigirnos a la Villa Nueva para comprar en boutiques donde la variedad tampoco está ausente.

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