Viajes

La Quebrada, hogar de los clavadistas de Acapulco

Canela Raigal
08:00h Miércoles, 16 de enero de 2013
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clavadistas

Las tierras mexicanas tienen un encanto increíble. Dotadas de un paisaje y de una cultura llena de riqueza y de sabiduría, vacacionar allí es un regalo del cielo.

Se pueden aprovechar muchas opciones, entre ellas los vuelos Acapulco baratos, así como también ofertas de alojamiento y comidas. El servicio turístico de esta ciudad es muy bueno y vale la pena conocerlo.

Además de sus consabidas playas paradisíacas, esta hermosa joya mexicana posee una postal, una imagen reconocida por mucha gente en el mundo: la de un clavadista saltando en perfecta figura desde un interminable acantilado, hasta depositarse con gracia en las aguas del mar luego de unos segundos de magia.

La Quebrada, son los acantilados famosos donde clavadistas sumamente experimentados se juegan la vida en cada salto haciendo increíbles figuras en el aire, siempre con un nivel de perfección y de sincronización en el caso de que sean dos clavadistas, que asombra a todos.

Este espectáculo típico de Acapulco es uno de los imperdibles de esta ciudad. Se realizan clavados dos veces en el día, uno por la mañana y otro por la noche, y depende del espectador cuál le parece más impresionante.

Para llegar hasta allí, hay que tomar un taxi, ya que no hay trasporte público que llegue. Hay un restaurante para quien desee aprovechar y degustar algún plato o alguna copa en el lugar, y poder observar desde allí el espectáculo, con una vista privilegiada.

Si no es el caso, hay un mirador especial en los acantilados para los turistas y espectadores que se acercan a ver los clavados. Eso si, especial cuidado a los tiempos, hay que llegar bien temprano para obtener un buen lugar para ver los clavados, porque este balcón se llena de gente y es muy difícil ver bien.

Una vez que los clavadistas ascienden a un acantilado alto y puntiagudo, donde la vista al mar es increíble, un paisaje soñado, el público alienta a los valientes a que se zambullan al agua. Antes de saltar, los clavadistas se toman un momento para rezarle a la Virgen de Guadalupe, patrona del pueblo mexicano, para que los proteja en ese instante.

Luego, el silencio antes de saltar, una última inspiración y el público espera expectante. Al segundo siguiente, el clavadista comienza a girar y a ponerse en una posición que casi emula a un pájaro en pleno vuelo, antes de entrar al agua en forma de clavado. Todo esto, que pasa en cuestión de segundos, resulta mágico, un instante para admirar y para disfrutar.

México, con las mejores playas y naturaleza, ofrece una increíble comunión con humanidad, a través de estos simples pero siempre peligrosos y maravillosos clavados en el acantilado La Quebrada.

Fotografía: Jack Fiallos

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