Islas, Rutas, Viajes

La Ibiza hippye de los 70s sigue viva

El contacto y el respeto por la naturaleza son la base del nudismo
Jordi Carbonell
20:00h Lunes, 28 de junio de 2010
0

Bañistas en el Racó de Sa Galera

Ibiza ha pasado de ser un bastión anti-franquista a ser una fiel seguidora del régimen turístico que gobierna el litoral Mediterráneo. Su inconformismo concienzudo se ha transformado en una rebeldía masiva que poco entiende de naturaleza y mucho sabe de crédito paterno casi ilimitado.

Su magia se ha transformado en un truco de ilusionismo barato. Si antes reinaba el juego de la solidaridad, la comuna y la tolerancia; ahora la palma se la llevan las luces de neón, los dj’s de prestigio y el maquillaje made in Dior.

Aún así, son muchos los que intentan rescatar el espíritu hippye de los años 70. Quizás una de las prácticas que más ejemplifica esta voluntad es el nudismo. Detrás del insignificante detalle de bañarse como Dios nos trajo al mundo -quién no lo ha hecho alguna vez- se esconde el placer por el contacto directo con la naturaleza y el respeto hacia ella.

La verdad es que cuando uno se sube a un macizo rocoso y contempla el color turquesa de las playas y calas de Ibiza, hay pocas cosas que apetezcan más que quitarse el traje de baño. Es tan cristalina el agua que casi es una falta de respeto ensuciarla con el histrionismo de los bañadores que diseñan las firmas surferas.

Uno de los rincones más bellos y concurridos por los nudistas es la Punta de sa Galera. Es un promontorio saliente al Mediterráneo que en su intersección con la tierra firme ha formado una diminuta cala, conocida como el Racó de sa Galera. El acceso por carretera es bastante sencillo si se siguen las señalizaciones y los desvíos. Pero como a quien algo quiere algo le cuesta, el último tramo debe realizarse por un camino sin asfaltar bastante irregular. Es aconsejable dejar el vehículo apartado.

La segunda de la lista es Cala d’Aubarca, cuyo topónimo hace referencia a la bahía situada entre los caps des Rubió y d’Albarca. Se trata de una ensenada que posee un litoral escapado y rojizo, con altos acantilados y frondosos pinares. Es una de las pocas playas absolutamente vírgenes que quedan en la isla. Además de su espectacular zona de baño, es muy apreciada por sus alrededores, en los cuales se pueden practicar deportes como el senderismo o el descenso de montaña en bici.

Cierra el top three de esta pequeña clasificación s’Aigua Blanca, en Santa Eulàlia. Es una auténtica piscina. No por el cloro o la afluencia de gente, sino por la finura de su arena blanca y el color azulado de sus aguas. Se extiende al abrigo de grandes acantilados que forman el escondite perfecto para el sol, que se oculta antes que en otras playas del municipio. Se puede acceder a ella desde la Cala Sant Vicent, por una carretera paralela al litoral del nordeste.

Foto: xergis en Flickr

Comentarios (0)

Se el primero en comentar.

Queremos saber tu opinión

Sscrbete a eViajado.com
Publicidad
Publicidad
Publicidad
© Copyright 2019, Blogestudio está gestionado con WordPress