Viajes

Estos son los detalles que tendrán los hoteles del futuro

Hoteles con futuro
Cristina Torres
13:08h Martes, 28 de marzo de 2017
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Hoteles con futuro

Existe un proyecto para la construcción en Dubai de un hotel giratorio de 80 pisos, ¡qué mareo! Será el primero del mundo en poder cambiar su forma. Cada planta podrá girar 360 grados, de manera independiente y a diferente velocidad, en torno a una columna central. El futuro de los hoteles tiene mucho de tecnología y hoy queremos acercarnos un poco más a todo lo que está por venir.

Dicen que girará en función de los deseos del cliente; ¿y qué sucederá si huéspedes de distintas habitaciones tienen gustos diferentes y opuestos? Pues, una de dos, o la habitación ocupa toda una planta, o el hotel además de girar se dobla, porque si no, a mí, no me salen las cuentas.

Esta no es la única alternativa hotelera innovadora a la que enfrentarse en un futuro próximo; algunas de ellas ya en funcionamiento, sobre todo en el extranjero. Las novedades se basan fundamentalmente en dos pilares: la tecnología digital y el consumo colaborativo. Ambos íntimamente unidos.

Economía colaborativa y tecnológica digital

Surgen nuevas formas de viajar, menos costosas, basadas en compartir o intercambiar bienes y servicios, con la ilusión de que vuelve el auténtico viajero, el que huye del turismo de masas, deseoso de conocer de verdad los lugares y las gentes de su destino. Lo que alguien ha llamado “la industria de las experiencias”.

En eso se basa la economía colaborativa, que se define como una interacción entre dos o más sujetos, a través de medios digitalizados o no, que satisface una necesidad real o potencial, a una o más personas.

Es evidente que han sido las plataformas digitales las que han hecho posible este nuevo modelo de relación, donde los usuarios pueden interactuar entre ellos y/o con la misma plataforma. Cuentan con un sistema de evaluación entre usuarios, mediante el cual, adquieren una reputación, y con ella, la confianza necesaria para seguir llevando a cabo la actividad que deseen.

Cuanto mayor sea el número de usuarios que exista en la plataforma digital, más valor tendrá la misma, más posibilidades de elección y desarrollo. Internet y las nuevas tecnologías, con super buscadores y comparadores, abren todo un mundo de posibilidades poniendo en contacto a diferentes empresas y consumidores para realizar actividades en común, facilitando la oferta y demanda de servicios.

Las viejas guías turísticas en papel ahora son digitales, convertidas en plataformas adaptadas para cubrir todo tipo de gustos y necesidades: buscar lugar, elegir alojamiento, cambiar divisas, compartir trayecto, plantar la tienda de campaña en un jardín particular, ir a cenar, no en un restaurante, sino en la casa familiar de un vecino del lugar.

La industria turística convencional se ha puesto un poco nerviosa ante semejante competencia y han llamado la atención sobre algunos aspectos referidos a la denominada economía colaborativa, término que suscita simpatía, pero que esconde detrás personas que pueden beneficiarse de una forma, cuanto menos, alegal.

Entre el ciudadano que ofrece un servicio y el que lo toma, suele haber un intermediario que de hecho opera como cualquier empresa, con afán de lucro, y que se financia con comisiones por transacción. Lo que hay que garantizar es que todos paguen los mismos impuestos y tasas, aborden las obligaciones laborales correspondientes y cumplan con ciertos niveles de seguridad y calidad, asumiendo la responsabilidad en caso de desperfectos.

Pero todos han entendido pronto eso de que si no puedes vencer a tu enemigo únete a él. Y así muchos hoteles se han introducido ya en esas plataformas para ofrecer sus servicios, o han creado las suyas propias ofertando apartamentos turísticos pero con servicios de hotel: conserjería las 24 horas del día, recogida y entrega de llaves, consigna de maletas…

Así mismo han ampliado su oferta de alojamiento con actividades organizadas por otros en su entorno: un concierto, un paseo arquitectónico, un encuentro deportivo, un evento gastronómico. Y, de igual modo, tratan de cubrir los intereses de una generación concienciada con la sostenibilidad; los entornos urbanos alternativos; la hiperconectividad; el cicloturismo; incluso los viajes de bajo coste, ofreciendo, por ejemplo, dormitorios colectivos y privados.

Alucinante viaje al hotel del futuro

He decidido hacer un viaje al hotel de mis sueños y nada más encender mi dispositivo inteligente, este ya había adivinado mis deseos por lo que a través de las redes sociales, he recibido la información turística pertinente.

¡Caray!, lo saben casi todo sobre mí. Por supuesto he contactado con el hotel elegido y en una esquinita de mi pantalla aparece un asistente emergente muy atento que me informa sobre la reserva y las condiciones del hotel. Asistente que mantiene una conversación fluida conmigo hasta que le hago una pregunta un poco rebuscada y, ¡lo cacé!, no es una persona sino un robot. Estoy entrando en el hotel del futuro.

Después de un viaje en el cual mi coche me ha ido informando de casi todo (“cierre la ventanilla, se pierde la climatización; necesita repostar; pare para descansar; cambie la música, es un tostón; dígale al niño que deje de preguntar lo que falta para llegar…”) en el hotel me recibe un conserje virtual: atiende el registro anticipado, se encarga del servicio de habitaciones, activa el termostato o me ayuda a sacar entradas para el concierto. Pero este conserje no viste de uniforme, es una app que puedo instalar en mis dispositivos móviles.

Estas aplicaciones hacen acopio de datos y valoraciones de las preferencias del viajero. De hecho, al poco de estar en la habitación, apareció un camarero transportando unos refrescos de bienvenida, por supuesto era un simpatiquísimo robot humanoide.

Otro compañero suyo entró en contacto conmigo para ofrecerme los servicios de lavandería, aparcamiento, hilo musical y todo lo necesario para facilitar la gestión de mi estancia. Entre otras cosas me presentó un brazalete capaz de controlar todo lo que necesite, o pedir todo lo que se me antoje. Es una tecnología, me dijo, que conecta los objetos con las personas, el llamado Internet de las cosas.

Con tantas emociones acumuladas, por la noche casi no podía ni dormir, hasta que noté algo raro en el colchón (a roncar chiquitín) un dispositivo para analizar las condiciones del sueño: respiración, ritmo cardiaco, temperatura, humedad, niveles acústicos. Diseñado pensando, sobre todo, en personas con problemas de apnea.

Como descansé muy bien y porque soy muy atrevido, me dejé insertar un chip subcutáneo que conectado con el aposento del hotel me permitirá verificar la temperatura ambiente de mi habitación, controlar a distancia los objetos de la misma, abrir puertas o autentificar el pago de mi estancia sin pasar por recepción y ni siquiera activar mi aplicación móvil. Vamos que el hotel va a conocer hasta mi grado de satisfacción mediante la monitorización de mis emociones.

También me han ofrecido un reloj digital para saber todas las posibilidades de la ciudad en que me encuentro y sus alrededores. Es lo que tienen las ciudades inteligentes en las que se asientan los hoteles del futuro: comodidad, rapidez y disponibilidad inmediata de los datos. Reservas al instante, información detallada y actualizada del tráfico, la meteorología. Una experiencia personalizada para cada viajero.

Bueno, con tanta tecnología, me trasladé al hotel ese giratorio de Dubai y me imaginé estar plácidamente en una hamaca, cuando de pronto empecé a escuchar música hawaiana mientras la habitación se balanceaba suavemente y pensé lo maravilloso que sería contemplar las estrellas; para mi asombró descubrí que el hotel se movía y desde mi ventana podía ver la bóveda celeste. Pero un sobresalto me despertó del sueño: al de la habitación contigua le había dado por desear bailar zumba y bucear en el océano.

¿Sabes lo que te digo?, que por ahora me quedo con el profesional eficaz de toda la vida, hombre o mujer, que me atiende con simpatía. Porque si es simpátic@ pero patán, mejor que no.

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