Europa, Viajes
Rodeada de suburbios de distintas clases sociales

Copenhague, antigua ciudad fortificada que no ha dejado de crecer

La comunidad alternativa de Christiania puede sorprender a más de uno
Antonio Martínez
07:00h Viernes, 05 de septiembre de 2008
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Quizás una de las capitales nórdicas más olvidadas sea Copenhague. En efecto, esta ciudad, capital de Dinamarca no es tan visitada como las capitales de Noruega y Suecia, Oslo y Estocolmo respectivamente. Y es que la mayoría de gente decide tomar Copenhague como escala a su paso por el norte de Europa. Lo paradójico es que la ciudad cuenta con varias distinciones como el segundo puesto en la mejor ciudad para vivir o como la tercera ciudad cultural más importante de Europa. Igual parte de culpa de esto lo tiene la ausencia de hoteles económicos en la ciudad. Sin embargo, mi grupo de compañeros de viaje decidieron bajarse en suelo danés a conocer un poco la historia de este noble pueblo, semillero de mujeres hermosas que desfilan por sus calles con la naturalidad del vuelo de una mariposa. En efecto, si usted quita sus ojos de la cámara de fotos o deja de mirar las partes altas de las edificaciones, se dará cuenta que en esta ciudad circulan probablemente las mujeres más bellas de Europa y en gran densidad.

Pero las historias que protagonizamos podrían ocupar al menos tres artículos y es mejor concentrarnos en lo que esta ciudad puede ofrecer al turista y al investigador dedicado. Copenhague se encuentra ubica en la Isla de Selandia, la más grande del país de Dinamarca. Los albores de esta ciudad se remontan tanto como 4000 años antes del inicio de la era cristina y los primeros asentamientos humanos con edificaciones construidas se instalaron en el siglo XI. Es a partir del año 1100 que Copenhague empieza a despuntar como ciudad establecida, con mayor cantidad de edificaciones y un comercio pujante.

Imagen tomada de Wikipedia

Al ser un puerto, la actividad de la pesca fue ganando protagonismo lentamente, sobre todo la pesca del arenque que era bastante cotizado por el pueblo católico de todas las zonas circundantes. Hacia el siglo XIII, se ve la necesidad de fortificar la ciudad pues era blanco de constantes ataques y se levantan las murallas empedradas que rodean la ciudad. Cristian IV asume la conducción de Dinamarca a fines del siglo XVI y con él llega una visión de futuro. Se abren nuevas fábricas para reducir las importaciones y minimizar la dependencia de otros estados y se busca hacer de Copenhague una especie de eje político, cultural y religioso. Se crean nuevos edificios para darle más importancia a la ciudad y muchos de los mismos han quedado hasta ahora como testigos del inicio del esplendor de esta ciudad.


Dinamarca entra al siglo XIX con una gran solidez económica pese a los traspiés sufridos por guerras e incendios y a mediados del siglo se convierte en monarquía constitucional. Las murallas que rodearon la ciudad por siglos fueron abiertas permitiendo el desfogue demográfico y las construcciones de hogares cerca de los lagos que hoy son de gran vistosidad. Durante el siglo XX y tras la Segunda Guerra Mundial, Copenhague siguió su expansión como ciudad moderna llegando incluso en años recientes a comunicarse con la localidad sueca de Malmó mediante un puente oceánico llamado Puente de Oresund.

Imagen tomada de Wikipedia

Por otra parte, Copenhague presenta una interesante red de suburbios. Los que se encuentran al norte son los llamados “Anillo del Whiskey” ya que los propietarios de las casas de esa zona son en su mayoría empresarios y gente de gran poder económico que se agrupan en la ruta que va a la playa de Strandvejen. La clase media se encuentra en los suburbios del noroeste de la ciudad en viviendas de una sola familia en una zona con escasa vida social y bastante aburrida para el turista que busca diversión y encuentra todo cerrado tan pronto como a las siete de la tarde. Hacia el oeste encontramos los suburbios industriales, con zonas bastante hacinadas de gente y tiendas discretas. En el suroeste están las personas con menores recursos.

Si lo que buscamos es diversión en la ciudad, lo primero es ir a Tivoli, lugar donde se suele reunir la gente de Copenhague. Se trata de una extensión de 20 acres y quizás más donde podemos encontrar parques de diversión al aire libre, hermosos jardines florales con fuentes bien pensadas para la distracción de los pobladores y sitio ideal para entablar espontánea conversación con los turistas. También es una zona donde hay muchos lugares de comida y bares donde podemos probar los fuertes licores que toda ciudad porteña ofrece. También es una zona de conciertos donde podemos disfrutar de grupos amateur que se disputan la plaza. En general, la gente se reúne aquí y se hacen las coordinaciones para la movida nocturna del fin de semana que arranca el jueves.

Imagen tomada de Wikipedia

Quizá la mejor opción sea el café Louise que no para hasta las primeras horas del día siguiente y en el que se puede conocer mucha gente. La diversión se encuentra parcializada ya que así como hay bares para conocer gente, hay bares donde va gente que no desea conocer a nadie y sólo van a mirar. Por otra parte, existen simpáticas opciones como la comunidad alternativa de Christiania, una especie de enclave hippie en Copenhague donde se practica la música, la pintura y otras artes y donde existen “ciertas libertades” que son bienvenidas por muchos turistas. Cuestión de darse una vuelta por el barrio y verlo con los propios ojos. Un bonito atractivo turístico para ser observado de cerca es el Palacio de Amalienborg que es la residencia de invierno de la familia real danesa. En realidad se trata de un póker de cuatro palacios distintos, de los cuales sólo el Palacio de Christian VII y Christian VIII son abiertos al público.

Si lo que buscamos son imágenes de la naturaleza, podemos ir al jardín botánico de Copenhague que nos presenta densidad verde y antes podemos pasar por el Castillo de Rosemborg a admirar la particular colección de joyas de la corona. Si buscamos un buen mirador de la ciudad, debemos subir a la Torre Redonda cerca del centro de la ciudad. Luego podemos ir a la zona comercial del centro llamada Stoget, un verdadero núcleo donde se ven tiendas por doquier. Y no podemos salir de Dinamarca sin echar un vistazo a través de los ojos de la sirenita ubicada en el Parque Kastellet.

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