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Cómo ahorrar dinero en viajes usando la economía colaborativa

Economía colaborativa para viajar barato
Cristina Torres
08:00h Viernes, 09 de junio de 2017
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Cómo ahorrar dinero en viajes usando la economía colaborativa

¿Recuerdas la canción de José Luis Perales, Un velero llamado libertad?: “ayer se fue, tomó sus cosas y se puso a navegar… y se marchó y a su barco le llamó libertad”. Pues algo así decidí hacer yo en mi última aventura, pero montado en la nueva economía colaborativa. No sé si “descubrí gaviotas” pero sí busqué “una forma diferente” de viajar y más barata.

Luego te cuento como hice, pero voy a empezar por decirte en qué consiste eso de la economía colaborativa, por si todavía no lo sabes. Así que descubras de que se trata esta novedosa forma de viajar, pero que también engloba aspectos que te afectan a tu día a día, seguro que piensas en aplicarla en tus nuevas aventuras. Con ella, el dinero ya no será una excusa y te permitirá conocer nuevos lugares y culturas de un modo totalmente distinto.

Economía colaborativa: servicial y compartida

El concepto de economía colaborativa es bastante amplio y diverso. Presenta muchos matices basados en prestar, alquilar, comprar o vender productos en función de necesidades específicas y no tanto en beneficios económicos. De hecho, en este sistema es posible que el dinero no sea el único valor de cambio que se pueda emplear para las transacciones que se realizan.

Los servicios son considerados bienes de intercambio. Por ejemplo, una persona que pueda ofrecer alojamiento a otra durante unos días, puede intercambiar este servicio por unas clases de inglés o de francés. Intercambios que se hacen de persona a persona, en vez de persona a empresa, gracias a una plataforma online que las conecta y en las que puede o no haber dinero de por medio. Es la economía del trueque, del compartir los recursos disponibles.

Como su propio nombre indica, se trata de un modelo centrado en la colaboración y en la ayuda muta entre las personas. Actualmente, casi todos los sectores de la economía cuentan con distintos negocios colaborativos, aunque, tras su irrupción en el año 2010, aún es temprano para poder afirmar si este sistema tendrá un alcance global o solo parcial.

Con la economía colaborativa, se comparten cosas que de otra manera quedarían en desuso, porque sobran o dado que ya no prestan ninguna utilidad. También se consume algo de manera compartida: el coche para viajar a un mismo destino o la vivienda en la que residir durante una temporada.

El intermediario es una página de Internet o aplicación web, en algunas plataformas se cobra por este servicio mientras que en otras no es necesario realizar ningún pgo. Suelen tener un sistema de referencias para generar confianza y toda una comunidad de usuarios por detrás que avala la plataforma. Una misma persona puede ser proveedor y usuario, según le convenga o necesite en cada caso particular.

Ventajas de la economía colaborativa

La economía colaborativa reporta muchos beneficios a las personas que la emplean, pero también a la sociedad en general. Responde a la necesidad de un desarrollo sostenible, al estimular un nuevo uso de productos ya utilizados. Lo que alguien ya no necesita, puede tener un nuevo destinatario en alguna de las múltiples redes de contactos. Se aboga por un consumo moderado y responsable de los productos o servicios.

Otro principio beneficioso de este tipo de economía es la gestión de recursos: si a alguien le sirve una cosa, lo más probable es que a otra persona también le suceda lo mismo. Entonces, ¿por qué no compartirlo? La reutilización y los servicios compartidos son una buena manera de contribuir al cuidado y la sostenibilidad de los entornos con todos los beneficios que supone para el medio ambiente

De esta manera los productos con un segundo uso y los servicios compartidos amplían la oferta de los mercados tradicionales. La economía colaborativa te proporciona un producto o servicio específicos que sin ella es posible que nunca viera la luz.

Y entre sus principales beneficios se encuentra el ahorro que supone para el usuario. La mayoría de productos o servicios que se ofrecen a través de este sistema colaborativo tiene precios módicos o incluso simbólicos. Esto, por supuesto, es aplicable a los viajes. Ahora sí te cuento el mío.

Una forma diferente de viajar con la economía colaborativa

Para poder hacer realidad mi aventura necesitaba, ante todo, un buen medio de comunicación que me garantizase un fácil acceso a Internet ya que esa iba a ser mi fuente de información y contacto durante aquellos días para casi todo. Consultar las múltiples webs de economía colaborativa para cubrir las distintas necesidades era imprescindible para llevar a cabo mi añorado periplo utilizando este tipo de economía.

En mi mochila, ya sé que exagerando un poco, ocupaba casi el mismo espacio el smartphone y el portátil, que el resto de las pertenencias, de entre las que formaban parte un par de libros, que fui intercambiando a lo largo de mi recorrido a medida que los iba devorando, no veas lo que pesan si no los libros, que se lo digan a los escolares que los llevan a cuestas todos los días cuando acuden al centro educativo.

Como medio de transporte, nada de avión, tren o autobús (elegí viajar por Europa, pero hubiera sido posible en cualquier otro continente del mundo). Quería ahorrar lo máximo posible, pero también entrar en contacto con la gente de cada lugar y tener experiencias que difícilmente hubiera podido vivir si hubiera recurrido a los servicios turísticos tradicionales. Para ello, utilicé el coche compartido de otras personas que hacían el mismo trayecto, costeando los distintos gastos ocasionados conjuntamente. Blablacar y Amovens son buenas webs para conseguirlo. Y para desplazarme por las grandes ciudades donde no llegaba el transporte público, nada como las plataformas Uber o Lyft.

El alojamiento lo conseguí de distintas maneras. De forma gratuita en casas de familias locales (echa un vistazo a Couchsurfing, Bewelcome, Hospitality Club). Alquilando cuartos en casas particulares bastante más baratos de lo que cuesta un hostel o un hotel (Airbnb, Wimdu, Camp in my garden). Pero también puedes hacerlo cuidando la casa y los animales de los dueños que se ausentan durante unos días (Housesitting y Petsitting). Alojamiento y comida a cambio de trabajo lo puedes encontrar en HelpX, WWOOF, Workaway o Skill stay.

Por supuesto, me alimenté a precios muy asequibles. Para alcanzar este objetivo empleé la web de home cooking: Meal Sharing o With Locals, consigues comer o cenar los platos típicos del lugar en la casa de gente local. Es una forma ideal de descubrir la gastronomía más típica de cada sitio que visitas.

En Francia me interesaba especialmente perfeccionar el idioma y, a través de Abroadwith, pude vivir con una familia aprendiendo el idioma con ellos y a la vez enseñarles el mío. También puedes intercambiar tu casa con Home Exchange, Love Home Swap o Trampolinn.

Cómo puedes ver las posibilidades son de lo más generalizado, para casi todo, y siempre bastante más económicas, hasta puedes alquilar “un velero llamado libertad”, como el de la canción, a través de GetMyBoat (el Airbnb de barcos), “y en el cielo descubrir gaviotas y pintar estelas en el mar”.

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