
Goza del paisaje y olvídate de las prisas
La necesidad humana de hacer las distancias cada vez más cortas y de sortear los desafíos temporales hace que muchas veces no pensemos en lo que las repercusiones de este ansia de progreso pueden generar en el medio ambiente. Progreso no significa necesariamente una mejora de nuestra calidad de vida. Está demostrado que el ritmo frenético al que nos vemos ligados no favorece en nada nuestra salud. Con el afán de modificar la conductas y tratar de incidir en las personas para que se tomen sui existencia desde un prisma más sostenible, nació el movimiento Slow. A día de hoy es una filosofía de vida, una manera de comer (cada vez hay más restaurantes que ostentan la pegatina de Slow Food) y, ahora, una manera de viajar.
A raíz del caos aéreo que a generado la erupción del volcán islandés Eyjafjallajoekull, las compañías de viajes por raíl han visto incrementadas

Caos en los aeropuertos
las demandas en la última semana de manera considerable. La gente busca ahora formas alternativas al avión, a riesgo de que les cancelen el vuelo o de los posibles problemas que la nube de ceniza pueda acarrear. Pero dejar el avión de lado supone que las distancias se alarguen y el tiempo, que con tanto esfuerzo hemos conseguido encoger, se termine dilatando. El horror para muchos. Sin embargo, agencias como la de Loco2 venden precisamente eso: una experiencia distinta. Un viaje Slow.
Los responsables de esta empresa pionera son los hermanos ingleses Jamie y Kate Andrews y nos ofrecen lo que ellos denominan el Low Carbon Travel o los viajes bajos en emisiones. Los hermanos, concienciados con las repercusiones nocivas que las emisiones de gas de los aviones tienen sobre el medio ambiente y el cambio climático, nos proponen una manera distinta de vivir nuestro viaje. Al fin y al cabo, una manera más responsable. Viajar de manera sostenible no es tan difícil si se trata de itinerarios no demasiado largos. Imagina cruzar Europa en tren, viendo cómo el paisaje se modifica a cada paso, cómo el sol cambia de posición. Tener tiempo para reflexionar sobre el trayecto (que puede ser más importante que el propio destino), conocer gente, dormir… disfrutar a fin de cuentas.
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