El espíritu del lejano oeste se apodera de uno cuando realiza un viaje al estado de Arizona y en especial nos involucramos con el espíritu de los pioneros, de aquellos hombres sin destino que buscaban la gloria en cada paso que daban por este árido y desértico estado del norte de América. Y es que en siglos pasados, los rumores de los yacimientos mineros que existían en estas tierras se escuchaban en cada una de las comidas del día. Ni el polvo ni los fuertes vientos detenían a estos pioneros, tampoco la amenaza constante de los indios que cazaban las “cabezas blancas”. Enfundados en ese espíritu bravío, nos dirigimos hacia el norte del estado en busca de una de las maravillas naturales más increíbles de este mundo, el Gran Cañón del Colorado.
El descubrimiento del Gran Cañón fue hecho por la expedición española al mando de García López de Cárdenas en 1540, la cual partió desde la reservación india de Quivira en viaje terrestre. Sin embargo no tuvieron éxito en su intento por descender y es recién en 1869 que los Estados Unidos realizan la primera expedición científica al Gran Cañón. Fue John Wesley Powell el primero en atravesar el Gran Cañón. Actualmente hay un centro para visitantes en la orilla sur que se encuentra a sólo una hora y media en auto partiendo desde Flagstaff. Otra alternativa muy recomendable para involucrarse en el sentimiento americano es tomar un entrañable tren a vapor que ofrece excursiones hacia el Gran Cañón partiendo desde el pueblo de Williams.

Imagen tomada de Wikipedia
El pueblo de Williams a su vez también es un centro turístico ya que se encuentra en una porción de la célebre Ruta 66, inmortalizada por los Rolling Stones en sus primeros años de carrera. Esto a 50 kilómetros de Flagstaff. Como dijimos, la orilla sur del Gran Cañón es el punto de concentración de los turistas que pueden disfrutar de una magnífica vista desde los más de 2000 metros sobre el nivel del mar en que se encuentra. Desde allí se programa arriesgados raftings o descensos de río junto con horas de excursionismo aledaño y siempre bajo la atenta mirada de los guías que nos van contando las historias de los primeros mineros de Arizona y de las poblaciones indígenas que se diseminaron hasta el día de hoy por su territorio.

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