Sudamérica es un rincón del mundo que no deja de sorprender ya sea por su cultura, por sus costumbres, o por lo que esa tierra emana. Chile es uno de los países de aquellas coordenadas que desde hace más de un siglo exporta vinos blancos y tintos a gran parte del mundo, Europa incluida. Y lo que más sorprende es que los valles donde se cultiva la vid que servirá para su producción estén prácticamente a la sombra de los edificios más modernos de su capital, Santiago de Chile.
Es así que la gran mayoría de los viajes a la capital chilena, contemplan un tour con un recorrido de un día completo por el Valle del Maipo, un área que respira historia desde la época de los Incas y la posterior llegada de los españoles. De todos los viñedos que se asientan en este valle, el Cousiño-Macul es uno de los más antiguos del país y ha pertenecido a esta familia por varias generaciones desde que el patriarca Matías Cousiño lo fundara en 1856.

Valle del Maipo tomada de Flickr por pionero
En las visitas otoñales, que en el hemisferio sur, son a comienzos de abril, se puede ver como las uvas son seleccionadas cuidadosamente por lo colectores que hacia el mediodía ya cargan sus últimas canastas en los camiones cercanos. Familias enteras trabajan arrancando la deliciosa uva de la vid. El viñedo se extiende a lo largo de un valle llano que poco a poco sube las laderas de las montañas andinas lo cual hace disfrutar del paisaje mientras se hace el recorrido.
La historia de este viñedo realmente arranca unos tres siglos antes de la aparición de Matías Cousiño en escena. La historia registra que fueron los Incas los que primero se asentaron en estos terrenos a mediados del silgo XV y por apenas medio siglo, poco antes de la conquista de América. Los conquistadores españoles siguieron esta ruta. Uno de los partidarios de Francisco Pizarro, Pedro de Valdivia y sus seguidores, fueron recompensados con la tierra que ellos mismos pudieran conquistar en Chile.
Fue así que De Valdivia funda Santiago en 1541. Juan Jufre, lugarteniente de De Valdivia, fue recompensado con el territorio de Ñuñoa, al sureste de Santiago. Localizado en el valle central, se empiezan a cultivar los alimentos españoles y ya para 1544 las vides empezaban a florecer en la hacienda Jufre en Macul. La mayoría de las uvas eran de la variedad Moscatel que utilizaban los sacerdotes para elaborar el vino de consagrar.

Viñedo chileno tomada de Flickr por Robsonfilho
Luego pasaron tres siglos en los que diferentes manos administraron el terreno hasta que Matías Cousiño compró el viñedo en 1856. Una vez que el viñedo ubicado en el valle del río Maipo entro bajo la administración de la familia Cousiño, el reto de producir vino de clase mundial empezó a cristalizarse. Luego de algunos viajes por Europa, probando los mejores vinos, la familia llegó a la conclusión de que le faltaba mucho a sus viñedos para alcanzar esos niveles de calidad.
Fue así que 5000 vides fueron arrancadas de las plantaciones de ese entonces y reemplazadas con una finísima selección de cepas viníferas importadas de Europa entre las que destacaban las de Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Merlot, Semillon y Riesling. Se puede decir que en ese punto la historia de los vinos de la familia Cousiño dio un giro y se empezó a construir la reputación de los vinos Cousiño-Macul.
Desde entonces los vinos de la familia han sido cultivados, cosechados, añejados y embotellados allí, proceso que además es seguido por todos los grandes vinicultores del mundo. No sólo allí quedó la cosa sino que la familia contrató a prestigiosos arquitectos franceses para diseñar el viñedo y sus alrededores. Primero, excavaron una bodega con varias cámaras a cinco metros y medio de profundidad con paredes hechas en piedra caliza y ladrillo que dibujaban acogedores arcos que a su vez servían de soporte a la construcción.
Luego se comunicaron las habitaciones. La mampostería de los muros y la gruesa capa de tierra de arriba crearon las condiciones necesarias para que los vinos reposen tranquilamente y puedan adquirir la madurez necesaria en habitaciones cuya temperatura varía menos de un grado centígrado al año. En seguida se prosiguió con el resto del viñedo ya que los Cousiño siempre creyeron que unos vinos deliciosos sólo podían elaborarse en un ambiente hermoso.

Bodega de vino tomada de Flickr por Wilson_velezortiz
Fue así que la casa de la familia se diseño de acuerdo a la tradición de los grandes vinicultores de Burdeos, con una magnífica vista de los viñedos y con el valor agregado de tener las cumbres nevadas de los Andes como fondo. En la segunda mitad del siglo XIX, la plaga del escarabajo acabó con muchos viñedos de Europa, cosa que no se repitió en Chile gracias a las barreras naturales del Océano Pacífico, Los Andes y del Desierto de Atacama.
El clima en el Valle Central de Chile es ideal para el desarrollo de la vid. Los viñedos que crecen en las laderas de los Andes están protegidos de las heladas y gozan de un excelente suelo, entorno ideal para la vid Cabernet Sauvignon. Aún se sigue utilizando la tracción a caballo para cosechar y cultivar.
Más de un millón de botellas de vino tinto Macul se encuentran almacenadas en sus bodegas donde los dos primeros años los barriles con los encargados de contener el vino que luego pasará otros tres años en las botellas antes de su circulación. Cada año, Cousiño-Macul produce un promedio de más de 200 000 cajas de vino que se distribuyen a más de 30 países alrededor del mundo.
Otro viñedo que se puede visitar en el Valle del Maipo es Viña Santa Rita que data del año 1880 y donde los libertadores chilenos se refugiaron en la última batalla contra España. Estos y otros recuerdos se pueden apreciar en la mansión que se encuentra en el parque contiguo al viñedo. Otra productora de vinos es Concha y Toro con una zona abierta al público para ventas y degustación y donde podemos visitar el “Armario del Diablo” donde reposan las cosechas especiales llamadas “El Casillero del Diablo”.


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