Rutas por España

En Teruel existe el romanticismo

La provincia turolense tiene espectaculares parajes naturales y poblaciones que mantienen el aire del pasado
Toni Castañeda
08:13h Domingo, 15 de abril de 2012
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No hace demasiado pensar en hoteles rurales románticos solo era posible en la imaginación de un novelista como Borís Pasternak y su novela Doctor Zhivago, en la que la nieve permitía que cualquier cabaña se convirtiera en un paraíso para disfrutar del amor. Pero hoy en día, hacer una escapada en alguna preciosa casa rural rodeada de naturaleza es una realidad muy fácil de conseguir en nuestro país.

La población turolense de Calaceite, uno de los tesoros escondidos de la provincia

Puede que ahora sea complicado encontrar un escenario similar al que se describía en la novela, y sobre todo en nuestro territorio en el que la primavera es más cálida que el resto de Europa, pero sí puedes disfrutar de casas rurales con vistas a cumbres nevadas perennes que inviten a deleitarse del interior cálido del hogar temporal.

Un lugar que casi siempre está olvidado para los buenos viajeros es Teruel. Como ya hicieron famosos los turolenses hace unos años, no solo Teruel existe, sino que ofrece una buena colección de puntos de interés, sobre todo, si te gusta la naturaleza. Pero sin olvidar una gran cantidad de poblaciones pequeñas que conservan ese carácter de inicios del siglo pasado con sus casas de piedras y sus calles de adoquines.

Especialmente destacados y recomendables es recorrer los diferentes saltos de agua que Teruel ofrece a aquel turista que sabe dónde localizarlos. Algunas de las más destacadas son la cascada de la Hiedra, situada en la población de Mora de Rubielos; la cascada del Molino de San Pedro y la del Ojo del Cabriel, en el río Cabriel en la población El Vallecito; entre otros muchos que llenan esta provincia. Por supuesto, todas ellas rodeadas de una naturaleza generosa llena de vegetación e ideal para poder realizar rutas senderistas.

Siguiendo con el agua como protagonista, Teruel ofrece también la posibilidad de visitar varias lagunas y balsas. Una de las más interesantes es la de El Campillo que está en la propia ciudad turolense. Otra que merece la pena visitar es la Laguna del Cañizar, en la que destaca por su biodiversidad, especialmente de aves.

Pero no todo es caminar entre vegetación y naturaleza, claro. Por eso una buena opción es disfrutar de algunos elementos históricos. Personalmente, sería casi de visita obligatoria la pequeña población, de apenas 500 habitantes, La Iglesuela del Cid. No solo destaca el original nombre, sino que destacan sus tres edificios religiosos: la iglesia de la Prificación del siglo XVII, la Ermita de la Virgen del Cid y la Ermita de la Virgen del Loreto.

Fotografía:  JOSE LUIS MIEZA

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