Cruceros, Europa, Relatos, Viajes

Viaje de fin de carrera en Egipto, Grecia, Turquía y Chipre

Xavi Villalvilla
10:00h Martes, 08 de mayo de 2007
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Reme y Xus acabarán este año la carrera de Psicología que están cursando en Tarragona. En un interesante relato nos explican su viaje de fin de carrera, un crucero por Egipto, Turquía, Grecia y Chipre de lo más atractivo.

4 de la mañana. Ojeras, agujetas en los brazos y sueño, mucho sueño… El 1 de Febrero de 2005, quedamos en vernos todos en el aeropuerto de Barcelona, Terminal B, delante del mostrador de la agencia. Nervios y cosquillitas dulces en el estómago, porque a las 6 sale nuestro vuelo hacia Madrid. Por primera vez en mucho tiempo, 35 futuros psicólogos/as aún en 4º de carrera nos habíamos puesto deacuerdo en algo. La idea de ir todos a dar un paseo de 7 días navegando por el Mediterráneo nos emocionó en seguida, ¿a quién no?

Visitaríamos Alexandria, El Cairo, Xipre, Rodhes, Turquía, Creta, Atenas y su Pireo.
Así que el día de salida fuimos de Barcelona a Madrid y después otro vuelo hasta Egipto, donde aterrizamos en un aeropuerto militar de Alexandria, allí nos dijeron que no podíamos hacer fotos ni grabar con cámara de video, qué manera de empezar el viaje de fin de carrera…




Una vez allí, nos vinieron a recoger en autocar y nos llevaron hacia el barco, “El Grand Latino”. Nada más llegar nos dieron nuestros camarotes, merendamos y nos pusimos a ver el barco de arriba a abajo, ¡qué pasada! había de todo, salón con piano-bar, sala de juegos, karaoke, discoteca, gimnasio con sauna… y muchas piscinas que no pudimos utilizar por el mal tiempo.
Al día siguiente, todavía con mucho sueño, visitamos El Cairo donde vimos sus pirámides, la esfinge, su gran museo con Tutan Camon, y cómo no, algunos hicimos las primeras compras y otros mientras subían en los camellos. Nos pasamos todo el día subiendo y bajando del autocar, pero si algo nos sorprendió fue la manera de circular por aquellas carreteras tan rectas y de tantos carriles, ¡madre mía, no había ni un solo semáforo, ni paso de peatones!

Llego nuestra primera noche en alta mar y con lluvia, así que también llegaron los primeros mareos. Por la tarde llegamos a Chipre, un país medio griego, medio turco, donde se conduce por la derecha. Allí visitamos el Castillo del León, donde nos reímos mucho haciendo nuestras propias interpretaciones de las cosas que veíamos. Después dimos una vuelta para seguir haciendo compras en los souvenirs. De vuelta en el barco pasamos otra noche movidita, con tormenta, el capitán del barco nos explicó que tuvo que dar más rodeo para no coger tan mala mar, ¿aún podía ser peor?

Al llegar a Rodhes, nuestro mareo desapareció, nos encantó, sin duda. Vimos el atardecer más naranja que ninguno de nosotros había visto jamás, fue increíble poder pasear por toda aquella isla amurallada, era como estar en otra época. El siguiente país donde pudimos pisar tierra firme fue Turquía, allí algunos fuimos a ver la Casa de María, donde pedimos un deseo, y las ruinas de Éfeso, una antigua ciudad romana de 2 km, por los que retrocedimos en el tiempo para ver sus avenidas, sus baños y su impresionante biblioteca y anfiteatro. Otros fueron a dar una vuelta por la ciudad y aprendieron realmente lo que era regatear.

Por la noche y sin descansar hubo la gran cena con el capitán, nos hicimos la foto de rigor todos bien guapos, esa noche la mar estaba más calmada y pudimos disfrutar del espectáculo y la animación de la tripulación del barco. Por la mañana amanecimos en Creta, sin un rumbo claro, los 35 cogimos un autobús de la ciudad para llegar al Palacio de Knossos, donde vimos piedras y jarrones, aunque no supimos darle la importancia que merecía hasta que alguien nos lo explicó.

Al día siguiente nuestro último puerto, Atenas. Allí no sólo llovió; en el país más bajo de toda Europa nos cayeron más de un copo de nieve en la punta de la nariz. Vimos la Acrópolis con su gran Partenón, su museo y sus impresionantes vistas de la ciudad.
Así fue como llegamos a nuestra última noche en el barco, con una gran cena y fiesta griega.

Y otra vez con sueño, agujetas en los brazos, pero esta vez cambiaron las cosquillas en el estómago por la desilusión de volver a nuestras rutinas y abandonar el barco, que durante siete días se había convertido en “nuestro barco”.

Comentarios (2)

  • Vicent
    13:02 18 18Europe/Madrid mayo 18Europe/Madrid 2007

    Egipto merece un viaje solo para él. Perderse en sus calles de El-Kalili en el Cairo…visitar los cementerios en el centro de la ciudad, disfrutar del caos de los automóviles, sentir el sudor de los 40 grados. Es una ciudad para vivirla. Desde mi blog intentamos precisamente eso: dar a conocer ciudades que nos dejen huella

     
  • jose
    04:47 21 21Europe/Madrid noviembre 21Europe/Madrid 2007

    la cosa que egipto es un pueblo de la mala gente que solo piensa en el dinero por lo general es la mayor de las todas de las epocas de las filomenias

     

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