Europa, Relatos
Francia

Una experiencia deliciosa en Lyon

La capital nacional de la gastronomía
Juan Luis Pérez
08:00h Jueves, 25 de junio de 2009
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Él me pidió, me insistió, me rogó, pero yo no quise. Sabía que me estaba perdiendo una gran oportunidad, pero yo quería construir mi cimiento, dentro de las fronteras de mi tierra, aún cuando fuera demasiado difícil.

Un ambiente lúdico en Lyon

Un ambiente lúdico en Lyon

Y así se fue mi amigo, el cocinero Mario, en busca de una buena mesada en Francia. Y me siguió llamando, me siguió pidiendo, insistiendo y rogando, durante muchos años.

Se había puesto un lindo restaurante en la ciudad de Lyon y necesitaba ayuda. Verdaderamente a él las cosas le estaban yendo muy bien y a mi muy mal; no tenía demasiada opción y debí sentirme bendito de tener adonde disparar.

Él quería que trabajásemos juntos porque decía que él se encargaba de la sal y yo de la pimienta; que yo era especialista en pescados, salsas, guarniciones y postres y él en carnes, pastas, entradas y tortas.


Toda la vida había buceado en las recetas de Paul Bocuse, por eso a nadie sorprendió cuando decidió virar a Lyon, la casa de este afamado chef francés.

Restaurantes y cafés en las calles de Lyon

Restaurantes y cafés en las calles de Lyon

Hubo un tiempo en que Mario y su sueño estuvieron más presentes que nunca en mi cabeza. Fue cuando salió la película de Pixar ,“Ratatouille”.

Recuerdo que había llevado a mi sobrino a ver ese film, en el que se hacía mucha referencia a Bocuse y a la gastronomía en Francia.

Esa motivación, más mi mala situación económica me llevaron a tomar una determinación: me iría a Lyon a probar suerte, trabajaría en el restaurante de Mario y, de paso, conocería la segunda ciudad más grande de Francia.

A los dos meses me encontraba caminando por aquella región, situada entre los ríos Ródano y Saona. Lyon era el centro gastronómico nacional, el sueño de todo cocinero hecho realidad. Y ahí andaba yo, cogiendo varios autobuses sin saber ni una palabra de francés.

El restaurante de Mario quedaba en pleno centro comercial; además de ser un sitio bonito, aquel era un sitio cándido. Olía muy bien, era fino y austero, porque, aunque suene contradictorio, así vestía.

Engalanando el salón había una foto de Bocuse y otra de la zona histórica de Lyon, lugar que había enamorado a Mario desde la primera hora.

Apenas llegué, su hospitalidad brotó a borbotones; probé el plato de la casa y descubrí que el ambiente culinario francés había generado estragos en Mario; estragos de carácter positivo. Ese plato era una maravilla y yo me sentía a años luz.

Antes de ponerme a trabajar tuve oportunidad de conocer el área Galorromana de la ciudad, pasear por las calles adoquinadas y por los traboules – pasadizos regionales-.

Acto siguiente me puse a trabajar y aprendí todo lo que ahora preparo en el restaurante francés que puse cuando volví a mi tierra.

A veces me pongo a pensar y me encuentro extrañando aquellas noches de café, teatro, ópera y conciertos, que disfrutábamos con todo el personal, cuando cerrábamos el restaurante. Un hermoso recuerdo a la francesa.

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