Oriente Próximo, Relatos, Viajes
China clásica

Un punto en la inmensidad Kashgar

Viaje a una de las puntales de la antigua Ruta de la Seda
Juan Luis Pérez
08:00h Viernes, 03 de abril de 2009
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Para retratar mi viaje, pedí a un hombre que pasaba por ahí, que me sacase una foto a mi en medio del mercado de Kashgar. Así como salió, la metí en un sobre y se la envié a mi amiga, aquella con la que había planeado todo mi viaje  y mis vuelos.

El mercado de Kashgar

El mercado de Kashgar

No quería hacerme la víctima, sólo necesitaba que ella me abrazara a la distancia. Yo era sólo un punto en medio de tanta gente desconocida, tanto ritmo, y tantos idiomas inentendibles – para mí- hablados al mismo tiempo.

Había llegado a esta tierra, conocida por haber formado parte de la ruta de seda, en vuelo desde Islamabad, sitio que, por los problemas de comunicación, había aborrecido con todas mis fuerzas. Pero, como ya dije anteriormente, el problema era enteramente mío, ellos no tenían la culpa de nada.


Buscando un remanso para este viaje, cuya fecha de vuelta había adelantado notoriamente, me tomé el avión directo a Kashgar.

Casco viejo de la ciudad de Kashgar

Casco viejo de la ciudad de Kashgar

Ciudad situada en el extremo occidental del desierto Takla Makán, posee un aroma que huele a paso seguro, comunicando Oriente con Occidente, una de las rutas comerciales más importantes de la humanidad.

Los habitantes no tenían las típicas caras y ojos orientales, sino que se les notaban algunas líneas turcoromanas. Esto se debe a las sucesivas invasiones y a las conquistas sufridas debido a su gran caudal económico.

Lo primero que hice, luego de internalizar estos datos que me fueron llamando la atención, fue hospedarme en un hotel y comer.

Estaba muerta de hambre y no sabía que pedir. Sólo tenía agua en mi cuerpo y era hora de ingerir un alimento. Escuché que la mayoría de los comensales pedían un plato llamado “tohu”, y yo hice igual.

Luego iría a saber que es un pollo especiado con patatas y arroz, bastante sabroso y que, además, es el plato tradicional de Kashgar.

Quise comunicarme con el conserje del hotel para preguntarle por algún paseo o recorrida, y me fue imposible; yo no sabía su idioma ni el inglés, y él no tenía ni idea del mío.

Entonces salí del hotel con la sensación de estar, nuevamente, en Pakistán. Llegué quien sabe cómo al mercado y me saqué esa foto que le envié a mi amiga. Los comerciantes se mezclaban con los animales, las palabras se confundían en el aire, y los olores eran nauseabundos.

Sin embargo, tomé fuerzas, y empecé a sacar fotos de este buen sitio para retratar. Luego de varios años, descubrí que mi foto estaba, sostenida con un imán, en la heladera de mi amiga. Ahí supe que ella había comprendido mi metáfora al instante.

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