Yo quería hacer un viaje distinto, por eso me puse triste cuando las otras parejas propusieron viajar a Roma para aprovechar las ofertas de los hoteles en Roma. Y, para colmo, mi marido es un ser “ni”, todo le da lo mismo.

Una postal del Foro Romano
Había tantos lugares excéntricos para conocer, y ellos justo elegían un sitio cuasi turístico.
“No tienen poder de imaginación”, pensaba yo. “No les anda el mecanismo de vuelo”, creía. “No son ambiciosos”, estaba convencida.
Eran tres parejas, y con la nuestra cuatro. Nuestros maridos habían sido compañeros del secundario y habían extendido su amistad hasta nuestros días. Y las mujeres; las mujeres nos conocíamos, desde esa época, pero no teníamos demasiadas cosas en común.
O tal vez corrijo; la que no tenía cosas en común con ellas, era yo. Ellas siempre iban atrás de sus esposos, acatando órdenes, y yo nada que ver. Yo era tan independiente que hasta, a veces, me olvidaba que tenía marido.

Las callejuelas del Barrio Judío
En ocasión de una salida de mujeres solas, inventé una excusa para no ir; mi marido me hizo un reproche y fue tan contundente mi respuesta, que ya nunca más me dijo nada.
Pero, esta vez, todos estaban de acuerdo con viajar a Roma. A mí poco me cerraba un viaje tan multitudinario, sabía que no iría a terminar bien: ¿Cómo congeniar los gustos, necesidades y tiempos de ocho personas al mismo tiempo? Imposible.
Y más cuando los hombres agarrarían para un lado y las mujeres para las compras, y yo no estaba dispuesta a viajar a Italia para hacer compras.
Entonces me armé mi propio tour, recorrería los lugares más turísticos (El Foro Romano, el Coliseo, la Capilla Sixtina y la Basílica) pero también me adentraría en esos rincones mágicos, poco visitados.
Para no ser egoísta, hice extensiva mi propuesta al grupo, pero nadie me ofreció respuesta alguna; ahí mismo pensé: “Que cada uno haga el viaje que quiera, y ya”.
Como todos sabemos, Roma fue la capital del Imperio Romano, y yo quería ir más allá de los datos bibliográficos, de las fachadas fotografiadas hasta el hartazgo. Yo quería encontrarle una vuelta distinta a Roma.
Se nos había ocurrido –se les había- viajar en septiembre, tiempo caluroso si los hay, pero nada me importaba, ahora si estaba entusiasmada.
Mientras los hombres se inundaban en su tapeo diario, y las mujeres hacían compras a rabiar, yo me interné, por ejemplo, en el Jardín de los Naranjos, un sitio poco turístico, en la zona de Aventino.
Las parejitas enamoradas se multiplicaban, y yo, en ese marco bello, disfruté de uno de los mejores perfiles de Roma.
Así también me pasó en la Fuente de las Tortugas y en el Barrio judío, caminando por las callejuelas finitas, conociendo el verdadero patrimonio romano.
El último día, los convencí a todos, para que visitemos, en conjunto, el Barrio de Coppedé, un sitio mágico, raro, de cuentos de ciencia ficción; un sitio, como esos que a mi me gustaba descubrir.

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3 Comentarios en “Un perfil distinto de Roma”
me encantaaaaaaaaaaa roma y es mi sueño ir alli y enespeciaaal esta mi niño tqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqm
Roma se ve increible para ir de vacaciones y seguro tendremos un excelente precio en los mejores hoteles de Italia con nuestra membresía de Royal Holiday.
[...] comenzó el día 27 de octubre con un vuelo de Ryanair de Santander a Roma y el traslado hasta la estación de trenes de Termini. El vuelo llegó puntualmente a las 15.30 [...]