Tenía el corazón roto. Aquel amor se había terminado y siempre cuando una relación se rompe; una de las partes llora y la otra se libera. Lamentablemente a mí me tocó la peor parte de la historia. Seguía enamorado de esa mujer que ya no estaba.

Playas de Tenerife
A mi alrededor no dejaban de repetirme que el tiempo me ayudaría, porque según dicen el tiempo cura las heridas. Pero los días pasaban y mi dolor seguí ahí.
Decidí que no podía seguir asi, necesitaba un cambio de aire y para eso, nada mejor que emprender un viaje. No sabia a dónde, comencé a bucear por la web, a buscar destinos y reserva hoteles.
Casi sin quererlo ya había decidido dónde desembarcaría; Las Islas Canarias serían mi destino, después de dudar un poco, opté por Tenerife. Allí encontré un bonito hotel cerca del mar que parecía ser un lugar que me ayudaría a vivir este duelo del corazón.
Mientras realizaba los preparativos para el viaje, ya comenzaba a sentirme mejor; sólo necesitaba algo en qué ocupar mi tiempo, algo que me interese y que me movilice. Este viaje reunía todas esas cualidades.
A pocas horas de viajar entendí que no es el tiempo, sino el amor el que cura las heridas. El amor propio y las ganas de salir adelante me estaban curando el corazón.
Mientras armaba mis maletas, aproveché la oportunidad para desechar todas esas cosas que me traían recuerdos, ahora dolorosos. Así es como cartas, regalos y recuerdos quedaron en penitencia en el bote de la basura.
Al arribar a Tenerife supe que mi elección había sido la adecuada. Casi rutinariamente, durante varios días me levantaba temprano, desayunaba en el hotel algo de fruta y café. Apenas concluía con eso salía para la playa que estaba muy cerca del hotel. El agua turquesa y la arena suave que se calentaba con el sol de la mañana, era un escenario ideal para leer un buen libro.

Calles de Tenerife
Hasta el mediodía permanecía tendido en una reposera. Un poco más tarde optaba por almorzar algunos de los platos típicos del lugar, que eran tan sabrosos que me hacían excederme con las porciones. Cada día elegía un restaurant diferente de los que están apostados sobre la costa y nunca dejaba de deleitarme.
Luego, también casi rutinariamente, regresaba al hotel a por mi descanso. Por las tardes, caminaba por las tiendas, algunos días con lágrimas en los ojos y otros sintiéndome algo mejor.
Pasados diez días de esta “rehabilitación” en Tenerife, me sentía mejor para enfrentar mi realidad. Mi duelo había pasado, mi corazón estaba un poco mejor y había recuperado mis fuerzas. Estaba como nuevo, o estaba cerca de estarlo.

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3 Comentarios en “Un corazón roto vagando por Tenerife”
[...] Cerca de allí hallamos una cala en la que se practica el nudismo. Otra playa muy frecuentada en Tenerife es la Playa de las Américas, ubicada al sur de la ciudad. Playa de Las [...]
Espero que ahora te sientas mejor, tenerife es un buen lugar para estar bien!!
Claro!
Deseamos lo mismo al autor del relato; aunque supongo que en estos días un poco grises puede ser difícil levanta rel ánimo a alguien que anda mal del corazón.