Éramos tres locas de atar, parecidas y distintas, pero amigas, por sobre todas las cosas.

La arquitectura de Tossa de Mar
Habíamos compartido nuestra época de estudiantes universitarias; habíamos compartido pensión, hoteles en Tossa del Mar un verano de amigos, comida, carrera, ideales, lucha, miedo e injusticia. Todas habíamos perdido mucho en esa pelea por lograr un mundo mejor, pero no nos arrepentíamos.
Y luego la vida nos había mudado a lugares distintos y la carta, primero, el teléfono, luego e Internet, más tarde, nos había vuelto a unir, una y mil veces.
Nos visitábamos seguido. Yo iba para la casa de una, una iba a la casa de otra y otra venía a mi casa. No abrazábamos, discutíamos sobre política, nos reíamos a carcajadas y luego nos volvíamos a abrazar, con fuerza, como sabíamos hacerlo las tres.
Cada tanto nos hacíamos un viajecito, viajes en los que caminábamos, nos peleábamos, comíamos a más no poder, tomábamos más de lo debido, y volvíamos a fortificar nuestro eterno lazo de amistad.

Playas al amparo de las murallas medievales
Íbamos las tres desafiando las condiciones del viento, dándole pelea a los golpes de la vida, unidas, abrazadas, cargando con los kilos de más.
La última escapada nos encontró reunidas en Tossa de Mar. Cada una llegaba por su cuenta, debido a que todas vivíamos alejadas.
Gloria había propuesto ese lugar porque decía que se amoldaba a todos nuestros intereses. Había una gran movida cultural para mi, playas para la Tere y buenos sabores para sus inquietudes gastronómicas.
Entendimos Tere y yo porque Gloria había elegido ese lugar, apenas nuestro olfato se embebió de romero y tomillo. Ella nos miró, se rió y emprendió la compra de tres pareos similares.
La risa continuó cuando nos vimos las tres con esos trapos montados en nuestras caderas; no éramos modelos de alta costura, ni mucho menos.
Enseguida yo empecé a promocionar mi centro cultural y a invitar a todos los talentos artísticos para que fueran a desplegar sus espectáculos.
Tossa de Mar es un municipio de Gerona y, como buen sitio catalán, tenía mucho de su esencia tradicional; es decir que, a pesar de su crecimiento comercial, sigue sostenida por el esqueleto de su pasado marinero.
Y Tere quería, justamente, aprovechar ese paisaje costero para darse un rico baño. Y para eso había grandes balnearios a la sombra de la Via Vella, un recinto amurallado de cuna medieval, que se levanta desde la base de arena.
A pesar de que yo quería, luego de ese día de playa, sentarme a tomarme un cafecito por ahí, Gloria no me dejó.
Nos hizo prepararnos para la noche. Las tres volvimos a la zona de la playa y, al amparo de una olla en su fuego, comimos un guiso aderezado con tomillo y romero, nos reímos, nos abrazamos y fuimos felices.

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Tres amigas en Tossa de Mar”
Aun no se han realizado comentarios.