Hacía mucho que no salíamos de viaje solos y, en Semana Santa de 2.009, nos decidimos a emprender uno de diez días a Lanzarote y Fuerteventura, en busca de paz, descanso, unos días de playa y, quizás, nuestro último viaje y vuelos baratos a Lanzarote solos; en poco tiempo seremos tres.

Puesta del sol en Lanzarote
La razón por la cual elegimos Lanzarote es, quizás, obvia: su clima, sus playas y la oferta de “cosas que hacer” si te aburres de la playa; especialmente, nuestras ganas de conocer el Parque Nacional Timanfaya.
Como cada vez que vamos a la playa, en este viaje contratamos un hotel sobre la playa, específicamente en Playa Blanca, una zona tranquila del sur de Lanzarote, que se encuentra cerca de las mejores playas de toda la isla y del puerto desde donde luego iremos a tomar el ferry para visitar Fuerteventura.
Diez días pueden parecer pocos o muchos depende lo que se planee hacer, pero para nosotros han sido más que suficientes para conectarnos y descansar, nuestro viaje comenzó mas o menos así y hemos recorrido, claro, Arrecife, la capital de Lanzarote.
En esta ciudad de más de 50 mil habitantes con tradición marinera y carácter pesquero, hemos recorrido los castillos de San José y San Gabriel que, según narra la historia, protegían el puerto de Arrecife. Los mismos denotan los años que llevan allí y son una postal inigualable.

Jameos del Agua, una cueva muy peculiar
La ciudad en sí no tiene gran atractivo desde el punto de vista turístico, pero estas obras de la arquitectura que se encuentran por toda la ciudad alcanzan para dar al visitante todo un día de entretenimiento cultural: no hay que perderse el castillo de San Ginés, el Charco de San Ginés, la iglesia de San Ginés, el paseo marítimo y la playa del Reducto.
Al día siguiente decidimos recorrer Yaiza, uno de los pueblos más bonitos de la isla que se encuentra entre colinas doradas en el límite del malpaís, donde algunas de las casas encaladas y con pequeños balcones además de floridos jardines reflejan lo que César Manrique quería que fuera toda la isla.
Allí no hay que perderse de conocer la iglesia, del siglo XVIII, cuya torre da a la plaza principal, la plaza de los Remedios.
Teguise fue nuestro destino esa misma tarde. Se trata de un pueblo grande que anteriormente era la capital de la isla, po rlo que tiene un aspecto colonial con sus calles de adoquines y casas señoriales que marcaron el estilo de aquella época.
La iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, coronada por una cúpula blanca, y el Palacio de Espínola fueron las edificaciones que más nos gustaron y el fondo de las más hermosas fotografías que nos trajimos del lugar.
El Jardin de Cactus, al norte de Arrecife, es un jardín ideado por César Manrique con casi 10.000 cactus de 1.420 especies diferentes, que fue emplazado en un sitio donde antes había una cantera abandonada. Visita obligada pues resulta muy bonito el paisaje.
Los Jameos del Agua es un jardín subterráneo que se encuentra en un fenómeno volcánico al norte de Arrecife donde los túneles del volcán sirvieron para esta idea de César Manrique a la que se accede por medio de una escalera caracol, bajando por debajo del nivel del mar y donde, sorprendentemente, te encuentras con un restaurante y una pista de baile a orillas de un lago subterráneo.
Encima nuestro, la Casa de los Volcanes, museo de ciencias dedicado a la vulcanología.
Imaginen que todo esto en un dia y medio en la isla, y aún nos queda muchísimo por recorrer, dejo para el final, contar sobre nuestra visita al Parque Nacional de Timanfaya, pues se merece todo un apartado.
Foto: ahisgett y Alberto Perdomo

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