Europa, Relatos, Viajes
Bélgica

Siete amigas en Bruselas

Una nostalgia que deparó en un viaje
Juan Luis Pérez
08:00h Miércoles, 10 de junio de 2009
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Una fructífera ronda de amigas culminó en una decisión inamovible: nos iríamos de viaje, costara lo que costara y nadie se opuso a contratar vuelos a Bruselas; por alguna razón todas queríamos ir al mismo sitio, juntas.

El ambiente juvenil de Bruselas

El ambiente juvenil de Bruselas

Nos unía, a las siete, más de quince años de amistad – algunas más otros menos- y la vida nos había pasado volando; todas estábamos casadas y todas teníamos hijos que nos necesitaban.

Entonces, ese miércoles, día en que nos reuníamos a cenar, nevara, lloviera o tronara, empezamos a recordar, con fotos de por medio, los años de vacaciones que habíamos disfrutado todas juntas.

Isaura, siempre Isaura, en un momento de la charla, se paró frente a todas y, a modo de discurso nos propuso: “Porqué en vez de llorar a mares lo que fue, no nos ocupamos de planear lo que puede llegar a ser”.


Flores en las calles de Bruselas

Flores en las calles de Bruselas

Hablaba de una nueva oportunidad, de unas nuevas vacaciones entre amigas. La mayoría la miró con cara de “imposible”; cómo hacer con los chicos, cómo hacer para que a todas nos coincidieran las vacaciones, cómo hacer.

Al rato habíamos dejado de lado cierto pesimismo y a la hora ya estábamos eligiendo destino. De alguna forma nos arreglaríamos, pensamos todas. Queríamos un lugar que fuera divertido, con algo de esencia juvenil, algo distinto a la playa de siempre.

Elizabeth, para sorpresa de todas, propuso: “Bruselas”. Y pasó a contarnos que, una amiga de una amiga de una amiga, decía que la capital de Bélgica se había convertido en uno de los destinos más divertidos de Europa.

En la próxima reunión, cada una llevó datos del lugar. Entre otras cosas se decía que en Bruselas, durante la primavera, se daba espacio a los héroes del comic, en verano a la música y a las fiestas al aire libre, que en el otoño se disfruta de la arquitectura moderna y que en invierno gana lugar la gastronomía y las actividades culturales.

Nos decidimos por el verano y, en esa misma época, estábamos viajando hacia Barcelona. Allí hicimos escala para luego llegar, en dos horas, a Bruselas.

¿Qué contarles de ese primer día allí? Puedo resumir esa jornada bajo el adjetivo “maravillosa”. Íbamos las siete caminando disfrutando del esplendor de esa ciudad cosmopolita.

Como si fuéramos jóvenes de verdad, nos hospedamos en un albergue estudiantil, con el objetivo de relacionarnos con gente de otras culturas y nacionalidades.

Fuimos plenamente felices, dejando de lado la nostalgia y disfrutando de un presente maravilloso.

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