Me cuesta que mi familia comprenda que no me desnudo con afán exhibicionista, sino porque me incomoda la ropa. No entienden como puedo andar por la vida en paños menores y no sentirme incómoda. Y yo les digo que es al contrario, me siento incómoda, cuando estoy vestida. No me interesan ni las camisas de marca, ni las carteras y zapatos elegantes, a mí me gusta contactarme con la vida y sus cosas de una manera natural, desnuda.

Playa de Nueva Umbría
Y así estoy en mi casa, y al que le gusta bien, y al que no también. Total yo vivo sola, no molesto a nadie. Claro que cuando vienen ellos me visto, y también cuando salgo a la calle. Soy nudista pero no irrespetuosa, eso lo quiero aclarar y entonces esgrimo los billetes de miagencia de viajes que me llevarán al destino.
Todos decían lo mismo: “el que se desnuda una vez, no vuelve a la ropa”. Y yo creía que era una patraña, hasta que lo viví en carne propia. Un día me invitaron a un club nudista, y ese fue el primer día en que me despojé de todas mis capas de cebolla, y ahí cambié para siempre. Porque yo era realmente una cebolla; vivía tapada, escondida, hasta que pude pelarme y descubrir que tenía por debajo.
Y así entendí que entre nosotros, los nudistas, no hay prejuicios estéticos. Nadie mira a nadie, y nadie va a hacer ostentación de su cuerpo. Todos estamos por lo mismo: sentir más profundamente las vibraciones de la vida. El frío de un invierno, el calor de un verano, la brisa de un viento, la frescura de un campo forestal, la tempestad de una ola golpeando sobre el cuerpo. A partir de que uno experimenta esos viajes de ida, es muy difícil volver atrás. Aunque el entorno no lo comprenda. No comprenda que no hay perversidad, ni mal gusto, ni tampoco filosofía sexual. Nos desnudamos porque nos gusta andar cómodos por la vida.
Y con este lema tan sencillo, por lo menos yo, me recorrí el mundo en busca de rincones nudistas. Y les cuento que no hay nada más placentero que estar sentada en una reposera, frente a un paraíso maravilloso, leyendo un libro desnuda. Y ver que una mujer recoge caracoles, y unos hombres juegan a la paleta, y otros toman unos tragos desnudos, todos desnudos y contentos.

Un camaleón. Representante de la fauna de Nueva Umbría
Visité muchos lugares así, pero hoy quisiera hablarles de uno. Me fui peleada con mis hijas (siempre tan inmiscuidas en mi vida a pesar de que no les doy lugar). Les había contado de este lugar fantástico en Nueva Umbría y su respuesta había sido bien apática: “Vas a pasar vergüenza como siempre, ya estás grande para papelones”. ¿Grande para qué? Para ser libre y feliz. Yo no me siento grande, yo soy un espíritu joven, libre, cómodo.
Así me manejé en la playa nudista: con jovialidad, libertad y comodidad.
Para llegar a Nueva Umbría, mis amigos y yo, debimos recorrer 18 kilómetros. Y, al llegar, nos divertimos mirando una larga lengua, paralela a la costa; ese era el sitio en que iríamos a vacacionar los próximos quince días.
Nueva Umbría pertenece al ayuntamiento de Lepe, dentro de la provincia de Huelva. Y esta playa, la nudista, es la primera con domicilio en este lugar.
Para llegar hasta allí, debimos alejarnos dos kilómetros de la playa principal llamada La Antilla. Íbamos en un coche de alquiler, y debimos bajarnos parar recorrer los últimos 150 metros a pié. Esto sucede siempre en los sitios nudistas: se evita que haya demasiado movimiento de entrada y salida, puesto que además de nudistas estos sitios son pro-tranquilidad. Nunca se va a escuchar música demasiado alta, ni gritos, ni provocación: los vicios quedan afuera.
A diferencia de otros sitios, aquí no causó sorpresa la marcha nuestra, viejitos septuagenarios. Se vé que están acostumbrados a los nudistas de la tercera edad. Mejor dicho, de la segunda y media.
A simple vista podemos entender el cuidado parsimónico que hay hacia la flora del lugar. Debemos pasar por un enclave de dunas a paso lento, cuidando de no pisar ninguna especie.
Este lugar se llama Paraje Natural Marismas de Piedras y no tiene infraestructura alrededor. Por algo recibió la certificación de calida ambiental. Aquí como no en muchos sitios, se respeta el ecosistema.
Como en otras ocasiones, mientras los muchachos se refrescaban en la orilla, y las mujeres conversaban animadamente, yo me quitaba la ropa tranquila y me recostaba en la reposera a leer un libro.
Es un best seller y, aunque no me gustan demasiado los libros tan populares, este me tiene muy enganchada.
Mis carnes ya no son las que supe tener, pero me contentan. Y, auque la gravedad haya tenido su efecto, puedo andar libre sin preocupaciones. Aquí el mirón es apartado.
La fauna es tan variada que completa un plato exquisito: charranes, gaviotas (todavía más libertad), reptiles, conejos y liebres. Todos andando en libertad como nosotros. De pronto, en medio de todo el paraje virgen, los hombres descubren las ruinas de La Almadraba, hoy habitadas por cientos de cigüeñas.
Largo rato nos quedamos hablando sobre el origen de la cigüeña y su emparentamiento con la llegada de los bebés. Nadie nos corre, estamos en paz; sin vestiduras, sin capas, desnudos ante el mundo.
Si tan sólo pudieran ver mis hijas esta ronda de viejos jóvenes disfrutando de esta excentricidad española. Tal vez abandonarían la teoría de la señora mayor que gusta exhibirse.
Se me ocurre salir a caminar en grupo. Y andamos, y andamos y toda la playa es igual: virgen, desnuda, sin manos indiscretas. Como nuestras miradas, no indiscretas. Porque aunque el resto crea que nos relojeamos, no es verdad; sólo nos miramos a los ojos.
Quince días pasamos disfrutando aquella playa desnuda. Terminé mi best seller y tuve mi cita con la libertad. Todos la tuvimos. A pesar de los prejuicios y las contras; por algo existen estos lugares en el mundo. Si todos pensaríamos igual no habría viajes y costumbres para elegir. Por eso agradezco mi amplitud, porque gracias a ella, descubrí el placer de desnudarme y vivir feliz.

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1 Comentario en “Playa nudista en Nueva Umbría”
Hola JuanLuis, te felicito y te envidio por tu nueva libertad, demuestras ser una persona íntegra ante las persona que no aceptan tu libertad y más si son familiares.
Yo ya hace casi tres años que practico el nudismo y estoy muy feliz con esta nueva forma de vida con la naturaleza. ¿Como ocurrió este cambio en mi? pues fue gracias a mi pareja que un dia me propuso ir a una playa, pero mi quiso aclarar que era nudista. Yo nunca me habia bañado desnudo, solo me quitaba el bañador cuando estaba dentro del agua y me sentia libre y tenia miedo de ir desnudo por la playa y que el pene se me pusiera erecto sin yo quererlo. Ante la aclaración de mi pareja, me dije que tenía que probarlo en compañía de ella. Pues dicho y heccho, fuimos a la playa y nos desnudamos con toda naturalidad por parte mia, nos estiramos a tomar un poco el sol y despues fuimos los dos cogidos de la mano al agua, fue fabuloso, despues salimos y paseamos un poco por la playa y nos tumbamos a tomar el sol un poco, Era la persona más feliz ante tal descubrimiento y ahora siempre que vamos a la playa siempre nudista, ah, el pene no me afectó en nada. Para mí ers en buen ejemplo, muchas gracias JuanLuis.