Relatos, Viajes
España

Oviedo y la necesidad de sentirse viva

La llegada a la capital de Asturias
Juan Luis Pérez
08:00h Miércoles, 22 de julio de 2009
3

Necesitaba volver a dormir. Necesitaba volver a reír. Necesitaba volver a ver colores claros. Necesitaba volver a sentir un rico aroma a flores. Necesitaba volver a sentirme viva y pasear por las calles pintorescas repletas de hoteles en Oviedo.

Oviedo, capital del Principado de Asturias

Oviedo, capital del Principado de Asturias

Los sueños macerados durante toda la infancia se iban cayendo uno a uno. Siempre había sobresalido por mi seguridad a la hora de decidir, por saber que quería para mi vida y por terminar todo lo que me encargaba de emprender.

Y ahora descubría que nada valía. La crisis económica, la mala distribución, los procesos ilícitos para ingresar en el mercado laboral y el poco valor hacia la gente con entusiasmo y formación me habían otorgado esa respuesta.

También había un poco de mala suerte, de mala fortuna, de nunca estar donde tenía que estar. Entonces, todos esos sueños cocinados con cariño se iban perdiendo en el camino.


Y, para colmo, no a todos le pasaba lo que a mí. En general, a mi entorno no le pasaba; les iba bien, estaban bien posicionados, tenían buenos trabajos y no debían preocuparse.

Vista aérea de las casitas de Oviedo

Vista aérea de las casitas de Oviedo

Y ninguno de ellos había soñado como yo. Ninguno de ellos había decidido tan prematuramente lo que quería para su vida como yo. Sin embargo, ellos estaban encaminados y yo no.

Entonces, uno de esos días en que la cabeza y los feos pensamientos no me dejaban dormir y el ahogo en el pecho no me dejaba respirar con facilidad, decidí que me iría.

No sabía adonde, tampoco tenía dinero para irme a ninguna parte. Pero, por última vez, volví a recaer en mis padres para pedirles un favor; les pedí que me ayudaran a irme, que me ayudaran a sentirme viva.

Mis padres, como siempre, volvieron a ayudarme. A mi madre se le ocurrió que podía viajar a Oviedo; allí había un matrimonio amigo, que se había ido hacía un tiempo, que no tenía hijos y que a mi me quería como tal.

No pensé demasiado, no tenía nada que perder, tomé mis cosas y me fui. Graciela y Luís me esperaban contentos. Sabía que, seguramente, mi madre les había pasado el parte de mi situación, pero ellos supieron disimular.

El sol brillaba fuerte y me regalaba un rico calor. Decidí dejar mis cosas en la casa y salir a caminar en soledad. Hacía mucho que no veía los colores tan nítidamente y quería aprovechar.

Sin embargo, en el medio de esa caminata por algunos pasajes de la capital del Principado de Asturias, empecé a mojarme; una lluvia que los asturianos llaman “Orbayu” caía sin aviso.

No me preocupé; hacía mucho que tampoco sentía el ruido de la lluvia, que tampoco sentía el olor a tierra mojada y me senté a disfrutar.

Supe que pasaría bastante tiempo en Oviedo, por lo menos hasta sentirme nuevamente viva.

Comentarios (3)

  • Juan Ángel
    23:19 5 05Europe/Madrid agosto 05Europe/Madrid 2009

    No hay mejor sitio para sentirse vivo que en la vetusta Vetusta. Lo dice un ovetense.

     
  • Juan Luis Pérez
    16:49 8 08Europe/Madrid agosto 08Europe/Madrid 2009

    Por cierto, Oviedo demuestra la falsedad de la muy occidental y errónea creencia de que para estar y sentirse vivo hay que ser joven.

     
  • Brenda Zaniuk
    17:31 12 12Europe/Madrid septiembre 12Europe/Madrid 2009

    Ciertamente: Una ciudad vieja pero bien conservada puede ser igualmente radiante pues su patrimonio histórico y cultural atrae a turistas del mundo entero.

     

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