“La tragedia se sigue oliendo”. Aunque el paisaje pareciera haber recobrado una fachada pacífica, yo olfateo dolor. Jamás podrá erradicarse el gusto a sangre y muerte de este sitio. Miro hacia al cielo desde la ventana de uno de los hoteles en Nueva York y la retrospectiva de aquel día de septiembre vuelve a tomar forma en las nubes que hacen las veces de proyector.

Vista aérea de Nueva York
Ahora las diapositivas muestras dos torres, casi tocando el sol, un día 11, partidas por dos aviones que quebraron un impenetrable.
Mis fotos de aquella jornada dejarán afuera las connotaciones políticas y la furia del después, sólo se centralizarán en el dolor de aquel día, y en el recuerdo imborrable de la tragedia. He dicho, 26 de junio, Nueva York”.
Tras una tarde mirando lo que algún día fue, regresé al hotel y escribí en una hoja de mi agenda esos párrafos. Jamás había sentido tanta necesidad de volcar palabras en un papel, pero esta vez lo necesitaba. No tenía con quien hablar y tampoco deseaba hacerlo, necesitaba sólo balbucear algunas frases a bordo de una lapicera; el descenso tenía que ser en un papel, mis palabras debían ser volcadas en una hoja en blanco.
Soy una de las tantas turistas que ha agregado al itinerario neoyorquino la visita al World Trade Center, el antiguo complejo ubicado en la isla de Manhattan. Aquí supieron estar de pié las Torres Gemelas, dos monstruos arquitectónicos, diseñados por el arquitecto japonés Minoru Yamasaki.

Las Torres Gemelas de pié en el World Trade Center
En otros viajes a esta ciudad estadounidense, solía pasar por aquí para maravillarme con la altura de las torres, y contemplar, durante largos minutos, el movimiento acelerado de toda la población que habitaba esos edificios. Luego se lo sucedido en 2001, no había regresado hasta que, de nuevo allí, un día de junio, sentí curiosidad y fui.
Ya en 1993, el terrorismo había atentado contra este lugar, pero el resultado no había sido eficaz (para los atacantes ¿no?) Sin embargo, aquel 11 de septiembre de2001, día en el que aproximadamente 2749 personas dejaron de vivir, se recuerda como el peor de los desastres de Nueva York.
Ese día me senté en la antigua Zona Cero – sitio donde se alzaron las torres gemelas del World Trade Center- y empecé a leer los nombres de las víctimas que allí yacen escritos.
Dibujados los nombres y los apellidos sobre las paredes, parecen hormigas invadiendo un mural. Pero no son nombres, son personas que ya no están. Y eso es lo que duele, por eso digo que el aroma a muerte late fuerte, y las imágenes vuelven a repetirse.
A nadie conocía de esta tragedia y, sin embargo, me duele. Que tal si en uno de mis viajes, yo justo visitaba este sitio y moría junto con ellos; yo sería parte de esta tragedia.
Me pregunto cuál es la mejor manera de significar un lugar acechado por el horror, un sitio habitado por muchos, en sus últimos minutos de vida.
Aquí se está construyendo una torre (otra) de 541 metros de altura bautizada “Freedom Tower”; ¿Será esa la manera en que una ciudad, un país, y un mundo debe recordar a sus muertos? ¿No sería mejor dejar un espacio en donde se hace honor a la libertad, en libertad? Ya lo sé, tema mío no es, sólo pienso.
Durante mis días en Nueva York, las imágenes de aquel día se apoderaron de mi cabeza, y el olor de aquel otro día no pudo soltar la cadena de mi olfato.
Cada vez que escuchaba hablar de lo que allí se empieza edificar, más ruido me hacía. El proyecto fue presentado un 14 de enero de 2004. El edificio servirá la memoria de las víctimas de los dos atentados, el de 1993 y el de 2001.
Se le ha puesto un nombre “Reflejando la Ausencia”, y ese es el plan seleccionado entre los 5201 que fueron presentados. Dos piscinas se ubicarán, de modo simbólico, en los dos espacios que ocupaban las torres gemelas. Una plaza adoquinada, colmada de árboles, oficiará de centro neurálgico del lugar.

"Reflejando Ausencias", proyecto ganador en el World Trade Center
Las piscinas se alimentarán mediante dos cascadas de agua y, en sus interiores, se escribirán los nombres de las victimas. Habrá lugar para que los familiares y los visitantes puedan reposar algún tiempo allí.
También se construirá un museo en el que reposarán objetos recuperados entre los escombros, y un mausoleo en donde descansarán los cuerpos no reconocidos de la tragedia. Todo a los fines de dar presencia a una ausencia. Darles voz a los caídos.
Para los neoyorquinos estas torres caídas y este proyecto en avanzada se han convertido, en parte, en una fachada natural. Claro que para mí, que la visito en este estado por primera vez no lo sea.
Tanto me marcó mi estadía en el ex World Trade Center, que mi mente no recuerda exhaustivamente los itinerarios que transité posteriormente. Sé que estuve en el Museo Metropolitano de Arte, intentando fascinarme con sus más de dos millones de obras – recuerdo muy pocas-. Y que luego, siguiendo con la línea de museos, visité el Museo Estadounidense de Historia Natural y el Planetario. Sin embargo, son pocas las postales que mi mente ha albergado de aquellos pasajes.
El “New York, New York” alegre de la canción no pudo desterrar aquel sabor amargo, de aquel 26 de junio en el que decidí escribir lo que sentía. Allí estaba resumida la tragedia de nuestro mundo; el monstruo había desaparecido y sólo quedaban fantasmas asustados que habían logrado transmitirme el espanto de aquel día.
Había viajado sola a Nueva York, como tantas otras veces, en plan de vacaciones y nunca había sentido tanta angustia.
A partir de ese momento Nueva York se convirtió para mí en una ciudad fascinante y triste, en donde la ausencia está presente, siempre. Yo había sentido el gusto de la tragedia, estaba ahí, no se había ido, como tampoco esa sensación pudo correrse de mi mente durante ese viaje.
Guardé esos párrafos en mi agenda como testigo de lo vivido en ese día. Ahora puedo leerlo y, sin esfuerzo, estoy allí, nuevamente en Nueva York, en el World Trade Center.

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2 Comentarios en “Nueva York huele a dolor”
Horriiiiiiiiible!!!!!!!!!
[...] La Estatua de la Libertad (Nueva York). Qué mejor manera de empezar que con el emblema indiscutible de la ciudad de Manhattam. [...]