Antes de pisar el suelo y bajar de vuelos Nueva Orleans me iba haciendo un mapa de esta ciudad, de cómo se vería, mas allá que ya han pasado casi cinco años del paso del huracán Katrina, imaginaba que podía ver lugares derrumbados o mismo una ciudad casi fantasma.
Aunque esto solo quedo en mi enorme imaginación, esta ciudad aun mantiene su propio encanto y ese estilo tan típico de la región, en donde caminar por el casco antiguo es un paseo por la historia en donde sus coloridas casas y balcones de arquitectura criolla son los grandes protagonistas.
No se puede dejar de lado que por algo es considerada la capital de la antigua española de Louisiana, y además un enorme atractivo turístico de Estados Unidos, uno de los pocos lugares que he conocido que siguen manteniendo ese encanto y calidez de otros tiempos.
Es que ya han pasado mas de un millar de días del huracán, y Nueva Orleans se encuentra como si nada, aunque los verdaderos rastros aun persisten en la memoria y en los rostros de sus habitantes, que tan solo con recordar ese 29 de agosto sus expresiones cambian para transformarse en pena y tristeza.
Pero eso ha quedado atrás, mis ojos no hecho otra cosa que deleitarse con la belleza de su arquitectura, historia y tradiciones como ver su alegre Mardi Gras lo que seria una especie de carnaval.
Al igual que sus festivales de Jazz, considerados los eventos culturales más importantes de la ciudad, donde los oídos permiten ser endulzados con tan alegres melodías que llegan a cada rincón de este increíble territorio.
Aunque algo que moría por ver, y que pude hacerlo con gran asombro es visitar el cementerio, en donde es posible observar un amplio espectro territorial, en donde las diferentes arquitectura y monumentos parecen estar pujando por una mejor ubicación.
Mientras que por la puerta principal, ingresa un enorme carro vidriado, de un negro reluciente que es tirado por caballos, detrás y a modo de acompañamiento festivo o de despedida sin lagrimas el cortejo.
Una larga banda que va entonando melodías de Jazz, en un espectáculo que mas que prometer tristezas, es un llamador de turistas y curiosos, que como y observábamos absortos tan elocuente, alegre y dulce despedida de alguien a quien se quiere.
Un gesto de tradiciones que han quedado impresos en mi retina, y que es inolvidable ya que en pocos lugares de los que he visitado he encontrado una tradición tan arraigada a la muerte, que se haga con tan soltura y felicidad.
Fotografias NuevaOrleans



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