Siempre fuimos agua y aceite, azúcar y sal. Yo estructurada, él liberal. Yo racional, él impulsivo. Yo arraigada, él nómade.

El puerto de Cambrils
No obstante, nos amábamos como sólo los hermanos pueden amarse. A pesar de que él siempre estaba lejos, tomando vuelos de aquí para allá; y en todo momento sentíamos un gran dolor en el pecho cuando yo estaba mal, y viceversa.
Claro, éramos mellizos, nos parecíamos en algo – físicamente-, pero no coincidíamos en nada a nivel personalidad. Él es hombre y yo mujer, y ahí empezaban nuestras diferencias.
Desde chica supe que, en mi adultez, iba a tener que rastrear a mi hermano, por el mundo, para saber de él, de sus aventuras. Él no era malo, pero jamás se iría a tomar el trabajo de abordar una cabina telefónica para saber de nuestras vidas.
Desde chica también supe que me tendría que hacer cargo de mis padres yo sola. Sin embargo, me hervía la sangre cuando alguno de ellos, o mi marido, o mis primos, o mis tíos se ponían a criticarlo; amor de hermanos, le dicen.

Calles céntricas en la villa costera
Cada tanto recibía alguna noticia de él, y esos relatos en carta, generalmente, me emocionaban y me hacían llorar de la risa.
Mi hermano era un dandy, un hippie, un trotamundos, un pirata; todas estas formas personales le cabían en su cuerpo.
No obstante, la carta más sorpresiva de esta historia epistolar, la recibí un día de noviembre. Luego de contarme que hacía más de un año que estaba instalado en un mismo lugar, en el municipio español de Cambrils, y de contarme algunas anécdotas, me invitó a visitarlo.
Ahí tomé conciencia de que hacía diez años que no lo veía, pero, hasta el momento, no me había dado cuenta, pues había algo especial que nos mantenía conectados.
Y encima me invitaba a mi sola. Convengamos que siempre fue muy poco correcto y no iba a vestir la situación; no iba a invitar a nadie más, cuando, en realidad, sólo me quería ver a mí.
No voy a negar que en la carta hacía referencia a mis hijas – que no conocía-, enviándoles un “beso de tío”, pero nada más.
Esta vez cambié la razón por el corazón y decidí irme. Fui enormemente criticada por todos y no me importó; iba en busca de la otra parte de mi alma.
Me había comentado, en esa carta, que Cambrils era un municipio de la Comunidad de Cataluña, pero que, en realidad, todos lo conocían como villa marinera y centro de veraneo.
Enseguida pensé que ese era el lugar ideal para mi hermano; un sitio con referencia en el puerto, con clima cálido y con pasado pesquero y agricultor.
Cuando nos miramos, no hubo nadie más a nuestro alrededor. Los nueve kilómetros de playa se hicieron uno para nosotros dos; nos tiramos en la arena, nos abrazamos y nos pusimos a jugar como cuando éramos chicos.
Éramos el agua y el aceite pero éramos hermanos.

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Mellizos y opuestos”
Aun no se han realizado comentarios.