Europa, Relatos
España

Las dos mejores canciones de Huelva

Visita de un tío a sus sobrinos
Juan Luis Pérez
08:00h Jueves, 23 de julio de 2009
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Algo había hecho mi madre para que, cumpliendo la mayoría de edad, todos nosotros optáramos por abandonar la casa de origen y partiéramos, unos con y otros sin rumbo hacia diferentes lugares u hoteles en Huelva.

Una postal costera de Huelva

Una postal costera de Huelva

No voy a decir que fue una mala madre, pero sí algo exigente. Natalia viajó para una punta, Daniela se fue para otra, y yo me quedé regulando un rato, pensando para dónde escapar.

Un día, también como ellas, me decidí y me fui. Por supuesto que los tres seguimos teniendo relación con nuestros padres, pero cada uno desde su hogar, sabiendo que la llegada a la casa de origen significaba sólo una visita.

Yo formé pareja y vivo con mi novia; a Daniela la tengo cerca, y la que está más lejos es Natalia. Ella es la mayor y la única que tiene dos hijos, uno de ocho y otro de cinco.


A menudo nos gusta, a mi pareja y a mí, ir a visitarlos. Sucede que a veces se dificulta porque ellos llevan una vida algo nómade; un año viven en un sitio, y al otro se mudan para otro lugar.

El muelle de Huelva

El muelle de Huelva

A los ojos de mi madre, eso no es vida, pero ya no puede inmiscuirse en las decisiones de mi hermana y su familia.

Mi cuñado es músico, como yo y, es por ese motivo, que se la pasan viajando de puerto en puerto.

Siempre les digo a ellos que mis sobrinos son sus dos mejores canciones: dulces como una balada romántica, bochincheros como el rock más pesado, y adorables como el clásico más legendario.

La cosa es que hace dos años se mudaron a Huelva y recién hace un par de meses que pudimos ir a visitarlos.

A veces creo que tendrían que establecerse en un lugar definitivo – como también lo piensa mi madre- pero después los veo felices con la vida que llevan, y me convenzo de lo contrario.

Huelva se encuentra en el extremo sur-occidental de España y forma parte de la comunidad andaluza. Mi hermana dice que le gusta vivir ahí por la existencia de ese sol eterno, que quema 300 días al año.

Por otra parte, ése, creía yo, era un lugar ideal para mis sobrinos; podían estar todo el día de playa, disfrutando del agua cristalina y de la arena dorada.

En los días que allí estuvimos disfrutamos a pleno de esos 120 kilómetros de costa. Con la motivación de mi hermana – a quien le encanta pasear- anduvimos por Ayamonte, Almonte, Cartaya, la Isla Cristina, Lepe, Moguer y Punta Umbría.

Cada uno de esos lugares nos regalaba un sinfín de olores, sabores, sonidos y sensaciones distintas. Y eso, acompañado de esas dos mejores canciones, fue el súmmum de todo placer.

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