Relatos, Sudamérica
Ubicada en el Istmo de Panamá, tiene una porción en tierra colombiana

La Selva del Darién

Vasco Núñez de Balboa fue el primero en explorar estos territorios hace 500 años
Por Antonio Martínez, en 12 de Septiembre de 2008

La provincia de Darién, ubicada en Panamá, se caracteriza por albergar la primera ciudad fundada por España en territorio continental americano. Sin embargo, la historia ha ido dando paso a otros intereses como la ecología. Y es que en esta zona se encuentra la Selva de Darién, uno de los rincones selváticos más tupidos del mundo que comparte con el vecino país de Colombia.

En efecto, esta zona se encuentra entre el Istmo de Panamá y la frontera de Colombia y fue explorada por primera vez hace 500 años por Vasco Núñez de Balboa en su afán por descubrir nuevas rutas que acortaran el tránsito hacia el viejo mundo. La llegada se hace por aire, cruzando en primera instancia el Istmo de Panamá desde la porción del Océano Pacífico hacia su contraparte en el Océano Atlántico.

Este vuelo nos permite un primer acercamiento con la Selva del Darién al sobrevolarla y comprobar el tupido verde que ofrecen las copas de sus árboles que orgullosos se muestran al sol de los extremos del Caribe. El vuelo también permite observar los arrecifes de coral que comparten espacios en las costas de San Blas, dentro del Archipiélago de las Mulatas. Luego se toma una conexión hacia Puerto Obaldía, a bordo de una pequeña avioneta que tiene capacidad para un puñado de pasajeros que ni siquiera tomamos el detalle de contar por la emoción de la aventura que apenas ha dado inicio. Después de algunos minutos de vuelo, la esmirriada avioneta realiza el prodigio de aterrizar en una pista que debe tener tres zancadas de ancho y no más de 300 metros de largo.

Nativa tomada de Flickr por Rita Willaert

Nativa tomada de Flickr por Rita Willaert

Ya en tierra, somos conscientes de la emoción e incertidumbre que debe haber experimentado Balboa al internarse en estas tierras, con cinco siglos menos de referencias que los actuales exploradores. El itinerario marca la visita a un pequeño poblado ubicado cerca de la frontera colombiana. Allí se última la expedición propiamente dicha entre la contratación de los guías e intérpretes y la compra de las últimas provisiones.

El pueblo tiene un restaurante con comida típica donde podemos comer bien antes de partir a las largas horas de caminata que esperan. Comidas hechas a base de carne y grasa parecen ser perfectas para el acopio de calorías de reserva en nuestro organismo. Entre los exploradores nunca faltan científicos –generalmente biólogos- y ecologistas de los cuáles se aprende mucho.


Lentamente la caminata comienza a discurrir por senderos que van en paralelo a las playas del Caribe, todavía se pueden ver algunos puntos celestes que dan cierta tranquilidad ante el constante temor de extraviarnos en medio de la selva. Pronto sale una loma la paso la cual hay que salvar en tres horas de caminata recibiendo ráfagas de aire tan fuertes que arrastran gotas del mar.

La primera parada es en el pueblo de Armila y su población denominada Kuna. El recibimiento parece preparado (ya son varios años de pasos constantes) y empiezan los sonidos de flautas tradicionales y danzas tribales en honor a las visitas. El ritmo no es muy complejo pero si bastante cálido, más cuando las mujeres del pueblo aparecen vestidas con coloridos trajes de figuras geométricas y símbolos de su cultura, llamados molas.

Río de Darién tomada de Flickr por Rita Willaert

Río de Darién tomada de Flickr por Rita Willaert

Y aparece de pronto, como un fantasma, una figura humana muy blanca. Es un albino, rasgo no muy extraño entre estos nativos que causa gran curiosidad y sorpresa. Con esa imagen en la retina, hay que proseguir la marcha a través de la selva, varias vías con lagunas hacen divertido el avance, llegando a veces el agua hasta el cuello, llevándose nuestro sudor y refrescándonos al paso.

Mientras hacemos este recorrido, uno de nuestros guías nos cuenta que cuando no está en trabajo de orientación, busca oro en algunos riachuelos y quebradas que los españoles nunca conocieron –según él-. El camino prosigue con una flora riquísima, destacando las hermosas orquídeas que, conocedoras de su belleza, se ubican en zonas de difícil acceso.

Ese mismo instinto ha hecho eco en los animales salvajes como el jaguar que difícilmente se deja ver durante estas expediciones ya que fueron siglos de cacería a los que se tuvo que enfrentar desarrollando este mecanismo de precaución extrema. Sin embargo, por aire es otro el panorama y las aves siempre revolotean y cantan a nuestro paso.

Los biólogos sostienen que la gran diversidad de ellas se debe a complejos fenómenos de estratificación del lugar. Podemos ver al Martín Pescador, que hasta entonces solamente habíamos observado en los libros de la primaria. El Tucán aparece en technicolor de frente a nosotros y parece no importarle nuestra presencia. Qué magnífico libro de la selva. Los guacamayos y loros agregan más colores a la excelsa paleta de la naturaleza mientras los biólogos hacen notar las diferencias en sus plumajes y en sus moños.

Orquídea tomada de Flickr por Rita Willaert

Orquídea tomada de Flickr por Rita Willaert

Sin darnos cuenta, hemos caminado más de 10 horas y la noche ha llegado al Darién y con ella, todos los miedos del inconsciente colectivo que anuncia la salida de todas y cada una de las especies de la fauna desde las más diminutas –pero no por eso menos amenazantes- hasta las de mayor envergadura y por tanto gran peligrosidad.

Ahora sí deseamos no toparnos con un jaguar o con la mapana que es una serpiente de la cual se dice que persigue al que se topa con ella. Es hora de montar el campamento lo más pronto posible y aunque no es época de lluvias, el agua no es lo único que cae desde arriba y podríamos recibir el descenso de una tarántula o de otros insectos.

Imagino lo que deben haber sentido los primeros expedicionarios españoles al mando de Balboa, con el rudimento de sus campamentos y la pólvora mojada por las lluvias, con miedo pero decididos a darlo todo por España siguieron avanzando, montando paranoicas guardias, varios de ellos se perdieron y nunca fueron encontrados. La noche trae todo tipo de ruidos que pueden enloquecer a cualquiera que se pierde o desoriente en medio de esta selva. Al día siguiente el viaje continuará y habrá que escalar casi 1000 metros de cordillera para llegar a la otra cordillera. Pero por ahora es momento de descansar.

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