Relatos

La Habana: tierra de aventuras

Juan Luis Pérez
12:00h Miércoles, 19 de mayo de 2010
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Hace tres años estaba cursando mi último año de facultad, tenía mucho trabajo para hacer y necesitaba un descanso. Tenía algo de dinero ahorrado y creí que unas semanas en Cuba era todo lo que necesitaba para recargar mi energía. Y no me equivoqué.

La belleza de las playas de La Habana

Ese mismo día chequeé la lista de vuelos baratos a La Habana y saqué mis tickets. Finalmente, arribé al aeropuerto de la isla, José Martí, y la majestuosidad del lugar me cautivó por completo desde el primer momento e instantáneamente.

Lo primero que noté es que allí todo se ve ordenado y armonioso. Recuerdo que al principio estaba muy ansioso porque los comentarios que me habían llegado con respecto al lugar no eran precisamente positivos. Sin embargo, hico oídos sordos y me embarqué a la aventura de lo desconocido.

Me alojé en un hotel realmente confortable. Había ahorrado bastante en la compra de mis boletos de avión, por lo que no tuve necesidad de hacerlo con el alojamiento. La habitación era cómoda y bella, la gente realmente agradable y dispuesta y las instalaciones contaban con una enorme piscina climatizada que continuaba en un jardín soñado.


El clima allí es cálido durante todo el año por lo que pude disfrutar mucho de las caminatas por la ciudad. El primer lugar que visité, fue la Catedral de la Habana: su fachada tiene una inconfundible mezcla de estilos entre colonial y barroco –como sucede a lo largo de toda la región-.

Fachada de la Catedral de La Habana

Lo más pintoresco allí es la cantidad de turistas que se congregan en su puerta. De hecho, allí mismo, me pude sentar a disfrutar de un trago típico en uno de los bares que se alzan en la zona principal.

Pasaron los días y finalmente no me pude contener y a pesar de querer seguir disfrutando de la ciudad tuve que seguir mi instinto y pasar una tarde de sol en la playa. Seguí el camino hasta Varadero y llegue al balneario Santa María del Mar, una zona de agua turquesa y arenas blancas ideal para disfrutar de la vida al aire libre.

La lista de sitios que visite es muy interesante. No me perdí la posibilidad de ir a la Estatua de la república y al llamado “Gran sofá” -un lugar especial para sentarse y disfrutar de la brisa del océano-, entre otros.

Honestamente desde entonces sueño con volver a La Habana. Fueron dos semanas de diversión absoluta y relax a toda hora. Al volver a casa estaba listo para volver a la rutina y afortunadamente aprendí que a veces está bien invertir, viajar y permitirse vivir la vida desde otra perspectiva.

Fotos: Akasenn / www.upload.wikimedia.org
       Likerender /www.flickr.com

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