Tres horas estuvo mi primo en casa, escuchándome hablar de aquel viaje a España y mi estadía en uno de mis hoteles en Murcia preferidos.

Paseando por las calles de Murcia
Cuando lo despedí, cerré la puerta y me dispuse a preparar la cena del día, también empecé a pensar que había estado muy charlatana, que tal vez lo había agobiado demasiado, que no había dejado participar a mi marido y que capaz que, lo que a mi tanto me había gustado de ese viaje, no lo iría a complacer a él.
Claro está que cada ser humano tiene una versión parcial y subjetiva de todo, y que lo que me gusta a mí, tal vez para el otro sea algo prescindible.
A menudo analizo mi conducta, me arrepiento de cómo actúo, me propongo ser más moderada y menos verborrágica y luego vuelve a caer en el mismo cauce.
Lo cierto es que, de las tres horas que estuvo allí, yo había dedicado, al menos dos y media, a hablar sólo de Murcia; miren sino habría sido subjetiva a la hora de recomendar.

Un ocelote en el Parque temático Terra Natura
Sucede que Murcia fue el mejor tramo de aquel viaje familiar y a mi siempre me había quedado el sabor dulce de aquella ciudad.
Creo que, sí en algún momento, mi primo toma en cuenta mis acotaciones, visitará Murcia, sí o sí.
Veníamos de días de viaje y el itinerario nos avisaba que iríamos a parar en esta ciudad, a orillas del Río Segura. Contentos estábamos todos porque, finalmente, en dicho lugar podríamos hacer las compras que habíamos retrasado durante todo el viaje.
Es que uno no puede andar gastando, desmedidamente, desde el punto cero del viaje, porque sino es imposible llegar a término.
Y no es que yo sea compradora compulsiva, pero me gusta poder pasear por los centros comerciales, elegir, probarme y tener algo lindo para estrenar. A mi marido no le gusta andar mirando vidrieras, entonces yo me encargo de sus compras.
Pero no crean que Murcia fue sólo compras, fue mucho más que eso. Su clima mediterráneo era un excelente augurio, mucho sol quemando las calles, sin que uno se desmaye de calor; diríamos, una linda temperatura.
Entre compra y compra, también pudimos disfrutar de la exquisita gastronomía – tremendos los tapeos con morcilla y embutidos- y de un paseo singular por el Parque Temático Terra Natura.
En ese lugar se recrea el hábitat de África y la Península Ibérica, pudiéndose conocer más de 700 animales, entre ellos cincuenta de especie africana.
En ese sitio pasamos una jornada familiar espectacular, disfrutando de aquella flora exquisita y de todas las animaciones que se desarrollan en cada sector.
Al otro día dimos un último paseo por la Vía Murciana, con la oportunidad de gestar unas últimas compritas.
Ahora me pregunto: ¿los cansé?, ¿los aburrí? Creo que tengo que hablar menos, la próxima lo intentaré.

Añadir a Del.Icio.Us



2 Comentarios en “Final de un viaje en Murcia”
Siempre se aprende algo de los posts interesantes! Gracias ;-)
Gracias y es lo grandioso de compartir información, siempre puedes encontrar que alguien sabe algo que tú no y al revés, y acabar enriquecidos, sabiendo mucho que lo que cada uno vió o vivió.