La “Isla de Pascua” responde también a los nombres de “Rapa nui” o “ Te-Pito-Henúa”, que en el idioma originario puede traducirse como “El ombligo del mundo”. No me resulta difícil entender el por qué de esta concepción, se encuentra alejada de todo otro tipo de tierra, ya sea firme o de islas.

Los moais custodian la belleza de la Isla
Mientras aterriza el avión se puede empezar a ver todo lo hermoso que esta isla tiene para ofrecernos, los volcanes, la bruma de la costa y las formaciones coralinas en un agua tan clara que no oculta nada, el poblado y, sobre todo, pequeñas manchas sobre el piso, marcas que al irnos acercando se develan como eso que vinimos a ver: las celebres “cabezas” que la antropologia trata aún hoy de explicar.
La “isla de Robinson Crusoe” (otro de los nombres con que se la conoce, ya que, se supone, que fue en ella en la que habría naufragado el marinero del que nos habla Defoe) es un pequeño trozo de Chile ubicada en la Polinesia, en medio del Océano Pacífico. Tiene una superficie de poco más de 160 km² y una población de 3.791 habitantes, quienes habitan principalmente en Hanga Roa, la capital y único poblado existente.
Las famosas Cabezas son llamadas Moais por los locales. En una de las excursiones, llamada el camino de los moais, podemos observar la gran variedad de tamaños y ubicaciones en que se encuentran. Los hay altivos mirando al cielo, clavando la vista en el horizonte y boca abajo.

Alineados, los moais resuntan un misterio sin resolver
Encontramos moais grandes, pequeños e incluso algunos que, acaso tan inexplicablemente como los motivos de su construcción, fueron abandonados a mitad de faena.
También ascendimos al volcán Raru Raraku, donde antiguamente se esculpían los moais. En su cráter encontramos un moais de más de 20 metros y 200 toneladas, nunca fue concluido, pero sigue a la vista de todos nosotros para que nos sigamos maravillando tanto por su existencia como por su génesis.
En cambio, el cráter del Volcán Rano Kao nos seduce con su hermoso lago cubierto de totora. En la cima del mismo se encuentra Centro Cultural de Orongo, donde año tras año se celebra la ceremonia del hombre pájaro o Tangata Manu. Aquí hay más de 100 petroglifos que representan a los dioses.
En Pascua hay mucho más para ver, todo en un ambiente sencillo y fresco. Tan sencillo como las flores que nos obsequiaron al descender del avión en el aeropuerto de Mataveri.
Tan fresco como las pinturas rupestres de la caverna de Ana Kai Tungata. Inexplicable como la razón que llevo al nacimiento de los moais. Atrapante, como la novela de Defoe.

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Disfrutando de la atrapante Isla de Pascua”
Aun no se han realizado comentarios.