Relatos

Cuidado, amigo turista, no se despiste

Los carteristas tienen mil técnicas para actuar
Gonzalo Barroso
17:07h Jueves, 25 de noviembre de 2010
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Que no te nublen la vista los monumentos, un carterista puede estar al acecho

Una de las cosas más comunes cuando un turista se dispone a salir por una ciudad extranjera para visitarla es que se quede embobado con sus bellezas. Esto pasa mucho en España, un país de larga tradición arquitectónica: desde edificaciones de la época andalusí (como la Giralda de Sevilla), hasta construcciones modernistas (como la Pedrera de Barcelona, diseñada por Antoni Gaudí), pasando por otras como iglesias románicas, catedrales góticas, edificios renacentistas, fachadas barrocas o recintos neoclásicos. Todo vale para que el turista se despiste. Es entonces cuando entra en acción el carterista.

No son pocos los anuncios que en las grandes ciudades aparecen alertando al turista de que no se separe de sus objetos personales. Ya en el mismo aeropuerto, la megafonía a los viajeros: “Por su propio interés no se aleje de sus efectos personales”. Basta para que lo digan una y mil veces para que más de un despistado se deje olvidado su equipaje. Sin embargo, el aeropuerto no es el único sitio en el que los turistas “pierden” sus efectos personales. Otro muy común son los transportes públicos. En este sentido, el metro en las grandes ciudades se ha convertido, casi desde su aparición, en un nido de rateros. Hay que tener cuidado, porque el ladrón puede ser violento.


Los metros son lugares donde se agrupa una gran cantidad de gente. Los carteristas aprovechan estas aglomeraciones para actuar. Se suelen situar en corro, hacen creer que el metro está lleno, cuando en realidad no lo está y, entonces, ¡zas! Tu cartera ha volado. Su estrategia está bien pensada. Se camuflan, van vestidos de turistas y parece que no se conocen unos y otros, pero en realidad, se están pasando la cartera entre ellos. Con lo cual, si te das cuenta y sospechas de uno, ese no llevará encima lo que te ha robado. Quizás lo lleve otro pasajero del metro o quizás ya haya salido rumbo a otra estación. Así que mucho cuidado con la cartera, el bolso, el teléfono y otros objetos de valor. Los ladrones en los metros son muy astutos y auténticos profesionales. No te darás cuenta de que te han robado hasta que quieras echar mano de tu dinero. Y ya sabemos que esto, cuando estás de viaje, es una gran imprevisto: anulación de tarjetas, recuperación de los documentos de identidad, etc. Si además esto te ocurre observando una de las maravillas de la ciudad, embobado, la tragedia será doble. Pero, ¡ojo! La culpa no la ha tenido la ciudad, ni el monumento en cuestión ha ejercido de gancho para tu robo. Hay que ir con más cuidado.

Foto: Gonzalo Barroso

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