Nuestro viaje hacia Bilbao estaba por comenzar, temprano, a las 6 a.m. y desde Alicante, pues nos gusta partir temprano y llegar a buena hora a los destinos que elegimos.

Vista de Bilbao en nuestra escapada gastronomica
El camino fue bastante entretenido y rápido aunque no era uno de los vuelos baratos a Bilbao, un poco por la charla y, además porque nos perdimos, de tan distraídos que íbamos, cuando, luego de completar el tanque de combustible del coche, al salir del área de servicio, tomamos el camino en otra dirección. Eso por no seguir al otro coche, en el cual viajaban el resto de nuestros compañeros y que llevaban un GPS, pero nosotros íbamos tan compenetrados en la conversación que seguimos otro coche azul durante varios kilómetros, hasta que sonó el móvil y nos avisaron de nuestra equivocación.
Ya me parecía que esos campos de girasoles los habíamos pasado hacía unos minutos, pero al fin y al cabo todos los campos de girasoles son iguales. Menos mal que llamó José porque no nos veía en su espejo retrovisor. Risas y más risas. Algo más que contar de la aventura.
Por la tarde llegamos a Barakaldo y pasamos a a visitar a los tios de Manuel y a recoger a su prima Estela que a partir de allí se sumaba a nuestro convoy viajero.
En Sopelana estaban los primos de Manuel, que se portaron de mil maravillas ofreciéndose a ser nuestros guías privados para conocer y recorrer Bilbao, además que nos abrieron la puerta de su casa y nos hicieron sentir muy a gusto.

Vita aérea del Museo Giggenheim, Bilbao
El primer día quisimos ir hasta la casa rural Gane, que estaba a las afueras del pueblo contiguo, Barrika. Allí vimos una casa preciosa con un prado delante que dejaba ver verdor y flores con una perfección increíble, en el cual, para completar la postal de relax, habían unas hamacas estilo Homer.
Esa noche nos llevaron a Sopelana a tomar los primeros Zuritos (vaso pequeño de cerveza) para luego completar el raid gastronómico en una taberna donde tomamos un buen chorizo, queso, tortilla de patatas, morcilla de arroz y otras delicias con las cuales calmamos el hambre atrasado del viaje.
Al día siguiente salimos para visitar Getxo y Portugalete, donde cruzamos el puente colgante que comunica estos dos pueblos, separados solamente por la ría sobre la cual cuelga el puente.
Las callejuelas de esos pueblos son muy bonitas y en ellas se organiza un mercadillo medieval, muy pintoresco y con interesantes productos.
Por la tarde fuimos a comer a Bilbao (Bilbo, en Euskera, como el Bolsón), llamado “La taberna de los mundos”, donde nos habían anticipado que se comía muy bien, y era verdad.
Los días siguientes, para movernos por Bilbao cogíamos el metro y por la tarde nos acercamos hasta San Mamés o La Catedral como la llaman los del Athletic de Bilbao, pues es donde se viven los partidos y se festejan los goles.
En realidad nuestro viaje no era un viaje gastronómico, pero como nos la hemos pasado comiendo y bebiendo, no hubo mejor forma de llamarlo.

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