A veces el destino parece que existe realmente y ayuda a los que nos gusta aprender a apreciar vivencias que de otra forma olvidaríamos enseguida. Más tarde entenderemos porqué. Estamos en Antibes. Es una pequeña ciudad de la costa francesa bañada por el Mar Mediterraneo y por lo tanto con un clima caluroso en verano y templado el resto del año. Imaginaos sobre una muralla, con el mar a la derecha, el fuerte Carré, el puerto, la población a la izquierda y la brisa que junto con los rayos del sol acarician vuestra piel mientras caminais, caminais y caminais. Parece que uno sólo pudiera resguardarse bajo los toldos de los locales acostados junto a la arena de la playa. Un largo paseo estivo agradable si hecho antes de las once de la mañana, delicioso en primavera.
Después de esa hora en verano se está bien sólo en la sombra o en la playa. Hay una ensenada encantadora debajo de la muralla. La primera vez en mi vida que para llegar a la orilla del mar tengo que atravesar un arco de piedra para encontrarme directamente en la arena con la inmensidad y el color que da nombre a esta costa delante.
Saliendo de la playa con los ojos llenos de sol, contrasta el viejo marrón del fuerte a lo lejos con la blancura de las mil barcas que atracan en el semicírculo que, protegido por construcciones de otros tiempos, forma el puerto.
Volvemos hacia el pueblo (visita virtual ) y callejeando nos damos cuenta de que es día de mercado. Pero no es un mercado normal. Las esencias características de la Provenza francesa llegan hasta nuestros cilios. Uno piensa al perfume mientras observa curioso las decenas y decenas de compartimentos de madera que hacen de contenedores a cada semilla, a cada flor seca, creadores del invisible seductor culpable de la sinapsis con los bulbos olfatorios. También se vende pescado, para contrastar. Bajo el techo de madera proliferan los colores de la fruta y las esencias, fuera, a los lados, un enorme pez espada te sorprende caminando. La presentación de cada mercancía denota un buen gusto innato.
El día siguente decidimos dedicarlo al Fort Carré. Nos hubiera encantado poder ver el Museo de
Picasso con toda la obra realizada mientras estuvo allí , razón por la cual decidimos volver a Antibes (fotos), pero el edificio Grimaldi estaba todavía en vías de restructuración. Las vistas que se pueden observar detrás de este palacio son dignas de ver y las callecitas de alrededor muy acojedoras.
La primera vez que vimos el fuerte fue de noche, desde la playa donde colocan las cañas los pescadores deportivos al caer el sol y donde un poco más allá se reunen grupos de jóvenes alrededor de un fuego a cantar al son de la guitarra (no sé lo que pensarán los dueños de las cañas de esto, pero supongo que no pueden hacer nada). El aire de mar nocturno tiene algo de cautivador siempre.
Apenas vieron el mapa aereo del fuerte al día siguiente, los niños afirmaron encantados que tenía forma de shuriken. Yo me quedé como antes, pero ellos estaban muy contentos. Despacito entendí que es un arma de los ninja y que precisamente esa forma la hace más agresiva. Cada bastión del fuerte tiene un nombre: Antibes, Cannes, Córcega, Niza.
Si se dibuja una línea de conjunción entre cada extremo de bastión, surge
un perfecto cuadrado. Invencible. Antecedente a esta forma defensiva tan decidida es una torre construida alrededor de lo que una vez fue la iglesia. La visita a la fortaleza es posible sólo con guía (francesa) y los menores de dieciocho años no pagan. La parte superior no sólo es accesible, sino que permite la visión a casi 360 ° del Mediterraneo, debido a la localización avanzada de la construcción en la pequeña península. Los contrastes aparecen de nuevo entre el azul intenso del mar y los yates anclados en la zona de lujo del puerto. Esta posición privilegiada fue ocupada por los romanos para edificar un templo en honor a Mercurio y más tarde por la primera iglesia cristiana de la población. Las luchas continuas entre el ducado de Savoia, Italia y Francia y los frecuentes intentos de incursión de los corsarios, hicieron necesaria la construcción de una estructura defensiva.
En 1588 los habitantes de Antibes (ver sfondo per computer n. 1024 800) ven el fuerte terminado con la forma que lo caracteriza hoy en día. Solo en 1997 se convertiría en propiedad de la ciudad. Es suggestivo observar el Mare Nostrum a través de las grandes aperturas que el claro muro superior posee para dar mayor mobilidad a los cañones. El paseo por el jardín inferior se agradece, después de comprobar el calor que el sol de agosto es capaz de emanar por estos lares. Nos dejó buen sabor de boca.
Nos fuimos hacia Barcelona contentos de haber elejido este punto entre Cannes y Niza para hacer nuestra parada. Allí, como siempre, nuestros amigos nos recibieron con los brazos abiertos y nos organizamos para ir al día siguiente a una exposición de La Caixa en La Pedrera que tenían ganas de ver. El autor de los cuadros era de Staël, importante pintor francés de origen ruso de estilo tachista de la École de París, famoso por sus pinturas abstactas en las que la fuente de inspiración es la apariencia natural: paisajes sencillos de grandes extensiones lisas en las que predominan los tonos luminosos y que tienden hacia una simplificación de contrastes de colores donde la luz diluye los contornos. El tachismo, caracterizado por las manchas de color y la extrema importancia concedida a la creación instintiva y espontánea, se desarrolla fundamentalmente entre los años 1940 y 1950.
Estábamos mirando “Los futbolistas” cuando llegaron corriendo los dos niños más pequeños ante la mirada justamente severa del guardia y mi hijo me dice emocionado que ha visto el fuerte Carré. Sonrio, pensando que se lo ha imaginado, feliz de que le haya gustado tanto como para verlo en un cuadro. Los sigo y cual es mi sorpresa cuando veo efectivamente la misma vista que se ve desde la muralla de Antibes. El puerto a los pies y el fuerte al otro lado de la bahía arropando la población ya protegida por la muralla. Curiosa, miro la inscripción del cuadro:
N. de Staël
” Le Fort Carré d’Antibes”
1955 Oleo 114 x 195 cm
Museo de Antibes
Este cuadro es más figurativo de los otros. Invito a los críos a sentarnos en la minibiblioteca fornida de catalogos y de buscar el cuadro mientras yo ojeo noticias acerca de la vida del autor, para ver si efectivamente ha estado en ese trocito de la costa francesa. Es entonces cuando aprendo que en quince años pintó más de mil cuadros y que recibió influencias de Paul Cézanne , Gustave Courbet, Pablo Picasso en sus etapas azul y rosa, Fernand Léger, Georges Braque, Chaim Soutine, Vermeer, Rembrandt y Hercules Seghers. Sus primeras obras las destruyó casi todas y fue viajando hacia un estilo siempre más abstracto. Los bloques de color luchan unos contra otros para emerger en el lienzo. En la última parte de su vida se alejó de nuevo de la abstración intentando combinarla con la objetividad, volviendo a la figuración en los primeros años cincuenta, dando protagonismo a cielo y efectos de luz en sus paisajes de playa, lo que podría verse como un precedente que influyó en lo que sería el movimiento estadounidense “Figuración del área de la bahía”. Algunos de sus cuadros predicen a su vez la pintura de la Abstracción lírica de los años sesenta y setenta. El fuerte color de otros de sus cuadros introducen la trayectoria que la pintura contemporánea tomaría después de él, incluyendo en los sesenta el Pop Art.
Finalmente encontramos lo que buscábamos. En el otoño del 1954 llega a Antibes con su familia . El cuadro del fuerte Carré ilustra la pagina y los niños, satisfechos, se van a buscar entre las pinturas de verdad lo que ellos catalogan de tortuga. Me quedo sentada y sigo leyendo. De Staël sufría de insomnio, depresión y agotamiento. En 1955 encontró un critico de arte que rasó al suelo su autoestima y decidió suicidarsi. Se lanzó desde el decimoprimer piso de su estudio en Antibes. Había conseguido llegar sólo a cuarenta y un años de edad.
El Museo Picasso de Antibes tiene prevista su apertura en junio. Será entonces posible admirar no sólo el palacio Grimaldi restaurado y las obras del pintor que da nombre a la colección, sino también, entre otras, el Forte Carré pintado por de Staël.
(Fotos: fr.wikipedia.org)

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