Habíamos tenido un largo año pues, sí bien a todos los individuos les cupe la misma cantidad de días en un periodo anual, nosotras y el resto del elenco, habíamos vivido, cada día, como si fuera el último.

Puerto Bañus, atracción de Marbella
Grabación en los estudios, ensayos, teatro, producción de fotos, entrevistas, giras, rondas de prensa y compromisos. Integrábamos una producción adolescente y no nos quejábamos; amamos nuestro trabajo pero, nobleza obliga, debemos decir que es agotador.
Uno empieza a perder la cotidianeidad de su hogar, comienza a ausentarse de las reuniones familiares y a perder a los amigos de toda la vida. No es que uno deje de querer o que lo dejen de querer a uno, pero las ausencias matan.
Uno regresa a una reunión, luego de meses de no compartir y se encuentra con que no encaja en la conversación, con que han pasado cientos de cosas que no sabe.
Al principio esas reuniones pueden ser un arrecife, pues uno vuelve a los orígenes, pero luego se transforman en rondas incómodas. Es triste, pero es así.

Paisajes de Marbella
En ese momento, uno empieza a relacionarse, fuertemente, con los compañeros de elenco; se empiezan a fortificar lazos de amistad, y ellos se convierten en verdaderos amigos de uno.
A nosotras nos pasó algo así; yo era de las históricas del ciclo y ella había empezado ese año, pero, bastaron pocos meses, para que nos hiciéramos íntimas y para que empezáramos a planear nuestras vacaciones en Marbella.
Las dos elegimos ese sitio sin vacilar. Claro que, para disfrutar del viaje, necesitábamos alejarnos, volver a ser unas perfectas desconocidas. Y a España todavía no había llegado nuestro programa.
Marbella es uno de los principales destinos de la Costa del Sol, un lugar de tonalidad cálida, ideal para pergeñar un buen plan vacacional.
Ni hablar del clima, de las playas, de los espacios naturales y de la cantidad de sitios en los que se pueden desarrollar actividades y deportes.
En ese norte malagueño, quedamos fascinadas con la exclusiva infraestructura del Puerto Bañus; moda, gastronomía, grandes yates y glamour al servicio de todos.
Otro de los días, hicimos la ruta que nos llevó desde Cabopino hasta Guadalmina. En ese camino, de 26 kilómetros, pudimos disfrutar de las playas y de toda la naturaleza que engalana esa ciudad.
En una de esas playas, nos acostamos, nos tapamos con una manta, y nos dormimos una siesta. En ese sueño, ambas soñamos que estábamos en un lugar paradisíaco, disfrutando en el anonimato. Cuando nos despertamos, comprobamos que no era un sueño.

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