Oriente Próximo

Jerusalén, desde el cielo

Por Romina Rodríguez Do Campo, en 29 de Agosto de 2008

Desde lo alto, Jerusalén es un intricado laberinto donde conviven, en sorprendente armonía, la música de todas las lenguas del mundo, símbolos antiguos y contemporáneos dotados de mil y un significados y una legión de corazones que laten por dioses de diferente nombre.

Comparto aquí la experiencia de un avezado viajero que desembarcó en el Río de la Plata y se dirigió a un bar del casco histórico de Buenos Aires (donde vivo) justo el día en el que yo había decidido sentarme en ese mismo bar para mirar mi ciudad desde una de sus ventanas.

“Te ha fascinado Buenos Aires”, me dijo. “Claro, desde niña”, respondí. “Eres de aquí, entonces eres un alma inquieta. ¿Qué ves desde esa ventana?”, inquirió curioso. “Mi tierra”, dije al instante. “Claro, eres sudamericana”, sentenció. Esto merece explicación, pensé, así que con interés escuché la historia de este incansable viajero del mundo, que nos llevará a Jerusalén.

El trotamundos era europeo y, según sus afirmaciones, las ciudades europeas piden ser observadas desde alguno de sus elevados balcones o majestuosos puentes. Imaginemos Roma o París: situados en el balcón frente al Foro Romano o sobre el Pont Neuf, la ciudad nos cuenta su historia a través de sus huellas: torres, fuertes, ruinas, villas arboladas, gestos de antiguos monumentos.

En cambio, según el viajero, para comprender el espíritu de una ciudad sudamericana, ya sea Buenos Aires, Santiago, Lima o tantas otras metrópolis, es necesario recorrerla horizontalmente, pues en la sucesión de momentos y personajes de sus calles está cifrada su esencia.

El viajero habló de un tercer tipo de ciudades, aquellas que sólo se pueden comprender contempladas a vista de pájaro, una facultad negada a los humanos, pero que se puede recrear con el uso de algunos avances de la técnica o con la suerte que rodeen a la urbe montes u otros accidentes geográficos elevados.

Son ciudades simbólicas, que pertenecen más a la imaginación de los hombres que a la cartografía de los Atlas. Son ciudades profundamente espirituales, no por su profusión de templos, sino por la pléyade de significados que la historia ha ido depositando en su espíritu.

Y Jerusalén era para el viajero el arquetipo de esas ciudades simbólicas. “Si alguna vez vas a Jerusalén, comenzarás a recorrer sus barrios, bazares y templos. Notarás que toda la gente, pacientemente, parece dirigirse hacia un lugar determinado, junto a otras personas que comparten su manera de vestir o su lengua. Cuando descubras el punto final de esos recorridos (por ejemplo, el Muro de los Lamentos, el Monte de los Olivos o cierta Mezquita) te sorprenderá comprobar que en realidad lo que buscan no está allí.”, relataba el viajero con gracia de contador de cuentos marroquí.

Su recomendación para comenzar el descubrimiento de Jerusalén es dirigirse sin paradas hacia el Monte de los Olivos. Allí uno puede encontrarse con una multitud o con pequeños grupos de peregrinos, según la fecha, hora o estación del año. En lo alto del Monte, la gente reza, alza su mirada al cielo, observa la ciudad y señala diciendo: “por allí tendrá que cruzar toda la humanidad para llegar al sitio del Juicio Final, desde ese lugar el Mesías ascendió a los cielos, en ese sitio surgirá la nueva Jerusalén”. Son los hitos de una ciudad construida a fuerza de símbolo, fe y devoción que cambia según los ojos que la contemplan.

Desde el Monte del Mal Consejo, otrora residencia del Alto Comisionado británico en Palestina y actual sede de la ONU, se divisa la Ciudad de David dominada por dos cúpulas: una dorada, la Cúpula de la Roca y otra gris, perteneciente a la Mezquita El Aksa. Esta panorámica nos permite entender el dibujo urbano de la primera Jerusalén: una ciudad (la Ciudad de David) bajo una acrópolis (la Cúpula de la Roca), rodeada de valles (el Valle del Cedrón , el de Tyropoeon y el Valle de Hinnom). Desde este núcleo, Jerusalén se fue extendiendo hacia el oeste en dirección a las colinas.

El Monte Scopus, cuyo nombre significa “observación y estudio”, ofrece otro carácter de la ciudad y del pueblo hebreo. Desde las ruinas del anfiteatro romano se pueden divisar el Mar Muerto y el desierto de Judea, dos elementos que nos remiten al pasado antiguo de Jerusalén. En medio del claro del desierto se levanta Maale Adumim, un asentamiento judío de época reciente, pero que permite comprender la esencia de todos los asentamientos hebreos del mundo. En claro contraste, el mismo monte alberga la Universidad Hebrea y la panorámica de la sección oriental de Jerusalén, un enjambre de edificios y torres.

Haciendo una alegoría al escritor Jorge Luis Borges y honor a la historia de mi amigo viajero, quizás en el diseño de esa trama hecha de calles y tiempo esté dibujado el rostro verdadero de la divinidad, si es que existe una, como lo afirman las tres religiones que inquietan el espíritu de Jerusalén.

Informaciones prácticas

Accesos

Es posible llegar a Jerusalén en avión, por mar o por tierra. El Aeropuerto Internacional Ben Gurión se halla a unas 50 km de la ciudad, cuyo trayecto puede ser recorrido en autobús o taxi. Desde El Cairo se puede tomar un autobús hasta Tel Aviv, ubicada a pocos kilómetros de Jerusalén. Para llegar desde Jordania, es necesario cruzar el río Jordanía y luego recorrer el corto trayecto restante en autobús.

Excursiones temáticas

Si cuenta con poco tiempo o es un entusiasta de los tours temáticos, podrá realizar recorridos de día completo o medio día en cómodos autobuses turísticos. El tour más tradicional consiste en un recorrido por la Ciudad Antigua. Los autobuses cuentan con guías en hebreo, inglés y otros idiomaa. Se recorren los mayores hitos de la Ciudad Antigua y se continúa por los barrios judío y armenio, el Monte del Templo y la Vía Dolorosa para llegar, finalmente, a la Iglesia del Santo Sepulcro.

El mismo paseo puede realizarse de noche, con la posibilidad de asistir a un show de luces que tiene como escenario la Ciudad de David. Jerusalén no tiene necesidad de tales espectáculos para resultar imponente, por lo que un simple paseo nocturno a pie le regalará imágenes inolvidables de los mayores atractivos de la ciudad.

Otra opción para los amantes de la fotografía o quienes gozan de las vistas a vuelo de pájaro, es contratar en alguna de las numerosas agencias de viaje de la ciudad un tour en avioneta,

Fotos:

“Aérea de Jerusalén” en Farm3

“Mount of Olives” de Stevesheriw

“Mount of Olives” de Roevin

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