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Tristán de Acuña: así es la isla habitada más remota del mundo

¿Quieres viajar a una isla remota? Tristán de Acuña es tu destino
Cristina Torres
10:00h Sábado, 19 de septiembre de 2015
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Seguramente en más de una ocasión te hayas imaginado viajar a uno de esos paraísos en los que prácticamente te encuentras solo. Sin apenas gente, rodeado de mar, en una isla casi desierta. Si bien no es el caso de Tristán de Acuña, porque realmente está habitada, sí que cumple con los demás requisitos. Es más, sus poco más de trescientos habitantes notan ya lo problemático que puede llegar a ser vivir en la que está considerada la isla habitada más remota de todo el planeta. ¿Te causa curiosidad? Pues espera a que te contemos todo lo que sabemos sobre ella.

Lo cierto es que Tristán de Acuña está considerada como la isla habitada más remota, y no es algo casual. La única manera de llegar a la isla es tomando un barco al que le lleva nada menos que 7 días llegar a su destino. Para ello hay que partir desde Ciudad del Cabo que es la primera localidad que conecta con este territorio y de la que salen frecuentemente barcos para arribar. La distancia que separa a uno de otro punto es de nada menos que 2800 kilómetros. Eso explica que la travesía sea de casi una semana como te hemos contado.

Una isla remota que no es tan paraíso

Probablemente con todo esto que te hemos contado puedas estar pensando que Tristán de Acuña puede ser el paraíso idóneo para cualquiera que pretenda desconectar. La realidad es que sí lo es, pero solo en parte. De hecho, la historia de la isla resulta bastante particular. Su descubrimiento se produjo por el explorador portugués, que tenía idéntico nombre por allá por el año 1500. A mediados de 1800 se anexionó a la Corona Británica. A día de hoy, es parte de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña, territorios de ultramar con capital en Jamestown. En realidad, con su descubrimiento, se planteó que la isla pudiese servir de una especie de hogar a la hora de poder continuar los distintos caminos de los exploradores. Sin embargo, la idea se descartó por el hecho de que la isla tiene una orografía bastante complicada con muchas montañas y poca tierra fértil. Aún pese a ello, un grupo de personas quiso quedarse, y gracias a ellos es que todavía la isla está habitada.

Sin embargo, salvo algún viajero que se anima a conocer este paraje que no se distingue precisamente por su amabilidad orográfica, en esta isla tienen claro que las condiciones de vida alejadas una semana de la civilización no le ayudan demasiado. Actualmente, han lanzado un anuncio sin muchos resultados en busca de profesores con el inglés como lengua materna. Pese a haber ofrecido traslados y alojamiento gratuito, además del salario, no parece que la oferta haya calado. Es más un paraíso para aquellos que adoran lo lejano que para el que busca una vida tranquila.

Precisamente ese aislamiento al que está sometida Tristán de Acuña es que nos encontramos con una civilización a la que la tecnología llegó muy tarde y, por eso, en muchos casos, no es tan habitual que se pueda definir como una sociedad del siglo XXI. Más bien podría decirse que en muchos sentidos se quedaron anclados en el pasado, en el siglo XX. La televisión no la conocieron hasta bien entrados los años 90, e internet, más o menos lo mismo. En realidad, esto no influye en el carácter de su gente que siempre da una cálida bienvenida al viajero que se anima a hacer esa travesía de una semana por mar para llegar a contemplar sus paisajes y ver de primera mano a la isla habitada más remota del planeta.

Está claro que todo aquello con lo que se sueña, no siempre tiene una realidad color de rosa. Tristán de Acuña es de esos paraísos en los que se supone que se puede desconectar, literalmente, del mundo y en los que vivir una aventura apartada muchos kilómetros de tierra firme. Sin embargo, también tiene sus contras, y en parte, la falta de tecnología y de gente dispuesta a vivir allí para satisfacer necesidades básicas se nota. Muy recomendado para quien quiera vivir una experiencia diferente pero, desde luego, está muy lejos de ser el paraíso con el que muchos sueñan cuando se imaginan una aventura en una isla desierta.

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