Isla de Tabarca, visita obligada en la Costa Blanca
Recientemente, y de cara al verano, ya hemos hablado en Eviajado sobre lo maravilloso y especial que es visitar una isla. Recuerda nuestros post sobre las Islas Medas, Menorca… Pues ahora le toca el turno a Tabarca, una pequeña y encantadora islita justo a 8 kilómetros de las costas de Santa Pola, en Alicante. Tanto desde esta capital de provincia, situada a 22 kilómetros, como desde el pueblo de pescadores que es Santa Pola (a rebosar en verano, eso sí) se puede acceder a la isla de Tabarca. De hecho, no habrá problema en encontrar un ferry o una embarcación privada que te traslade hasta allí pues, sobre todo en las épocas de verano, suele ser continuo el movimiento de turistas de un lado a otro.

Bella panorámica de Tabarca.
El coste de la travesía, recomendable para todos los amantes del mar y no excesivamente larga, suele ser de unos 14 euros ida y vuelta. Con lo cual podrás pasar un día entero en esa isla habitada durante todo el año (en 2010 habían censadas 68 personas) y que mide 1.800 km de largo y 450 de ancho. Tabarca es un lugar para los amantes del buceo, que encontrarán en sus calas duna reserva de biosfera ideal para practicar esta actividad. No en vano sus aguas han sido declaradas Reserva Marina del Mediterráneo debido a su calidad y diversidad de flora y fauna. Eso sí, la isla suele atraer a muchas familias que vienen a pasar el día, por lo que su playa de arena se encuentra congestionada durante los meses de vacaciones.
La ocupación de la isla se remonta a época de romanos, aunque no se han encontrado muestras evidentes de una población estable. No obstante, sí se han identificado restos de necrópolis y precios de ánforas, así como algunas construcciones que presumiblemente podrían ser industriales. Durante la época de los berberiscos, la costa de Tabarca fue utilizada como refugio de piratas y en el siglo XVIII, Carlos II la convirtió en una fortificación. Sea como fuere, se trata de la sola isla habitada de la Comunidad Valenciana y una cita indiscutible si uno se encuentra veraneando en la Costa Blanca. Sus murallas, que aún rodean el núcleo urbano, fueron declaradas Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural, por lo que su interés traspasa el mero cliché de sol y playa.
Desde la página de turismo de Alicante se recomienda que, además de disfrutar de sus calas y sus playas, el visitante se de una vuelta por el casco urbano, acudiendo si es posible al museo de la ciudad, donde empaparse de toda la historia de un emplazamiento único en la zona.
Foto por Quique López en Flickr
