Zaragoza es una ciudad pintoresca y alegre, donde se funde lo histórico con su renovación constante. Es una ciudad fuente de cultura y diversión, ideal para recorrer y hacer reservas de hoteles en Zaragoza para conectarse con la cultura de su pueblo.

El casco antiguo es una belleza imperdible de Zaragoza
Ubicada a un poco más de 300 kilómetros de Madrid, Zaragoza es la Capital de la Comunidad Autónoma de Aragón y partícipe de una zona tan bella como culta. Es una posibilidad de conocer el territorio de una manera diferente.
En una visita corta pero muy importante para mí, conocí varios lugares importantes de la ciudad en poco tiempo, en verdad en cuestión de días.
Y lo más importante es que me sentí muy a gusto por sus calles, sus cafés y sus plazas. Es un hermoso sitio para vivir.
Por la mañana me dirigí a la Plaza del Pilar, donde su Basílica del Pilar es inmensa y muy atractiva, si gustáis de la arquitectura de otros tiempos.

Las tapas: una delicia típica imperdible
A uno de sus lados se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad y atrás de la Basílica se encuentra la Catedral de La Seo y frente a la misma está observándolo todo muy pacífico el Monumento a Goya, uno de los pintores más emblemáticos de España.
Una hermosa tradición que se mantiene en Zaragoza es que si se visita la Basílica, se debe besar a la Virgen del Pilar, que se encuentra allí en su templo.
De primer momento me sentí intimidado y obligado a cumplir una tradición, pero cuando los lugareños me decían que es su forma de manifestarse e identificarse lo pensé mejor, me resultó interesante participar activamente de la cultura de Zaragoza.
Zaragoza fue cuna de civilizaciones y cuenta con influencias de diferentes religiones y ocupaciones en su haber. Por ello el Museo del Foro de Caesaraugusta (como denominaron los romanos a Zaragoza) es el lugar ideal donde descubrí cómo era la ciudad durante la ocupación romana, y cómo influenció en la vida de su gente.
Llegado el mediodía estaba listo para disfrutar de los manjares de esta ciudad, por lo tanto disfruté recorriendo calles hasta que en un restaurante cerca de la Plaza de Santa María me deleité con unas tapas típicas de la comida regional.
Despues de haber descansado y ya con el estómago lleno, me fui a recorrer la ciudad en un perímetro más amplio, por lo cual alquilé una bicicleta y salía a disfrutar de la bella ciudad que tan bien me recibió que pienso en algún momento ir a vivir allí.
Fotografias: RubenL.L y Dlsmith en Flickr.

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