General, África

Túnez, una invitación a los dominios del silencio

Por Romina Rodríguez Do Campo, en 30 de Julio de 2008

Mitad del territorio de Túnez es habitado por el silencio. Son los dominios del desierto del Sahara, donde la fantasía del hombre tejió por siglos leyendas, anhelos e hitos fundamentales de la historia universal. Pueblos de paisajes lejanos recorrieron su inhóspita piel de arena dejando huellas que el tiempo se encargó de dispersar por la geografía de Túnez.

En un mundo en el que cada vez más parecen borrarse los colores, sabores y aromas que hacen a cada espacio del planeta único como resultado de la compleja relación entre el hombre y su tierra, Túnez se distingue entre otros destinos turísticos por su potente bagaje de misterios, secretos y tesoros del pasado.

Túnez, el más pequeño de los países del Maghreb, es conocido por millones de turistas como un fabuloso destino de sol y playa por sus mil trescientos kilómetros de costas bañadas por las aguas cálidas del Mediterráneo. Meca de los amantes del sol, los deportes acuáticos, los tratamientos de talasoterapia y los entusiastas de los hoteles cinco estrellas. Imposible resistirse al azul profundo de sus aguas.

Pero son muchos los encantos del país fuera de los complejos vacacionales de la costa, recorriendo el país fuera del circuito masivo, los viajeros de ojos y oídos atentos podrán recoger algunos de esos secretos antiguos dispersos por su geografía, a veces árida, a veces salvaje, siempre sugestiva.

Fuera de la costa, el país brilla en el blanco encalado de sus casas, los colores de las telas que vagan por el desierto, las inscripciones de las tumbas cuyos símbolos nombran a la diosa Tanit, en los milimétricos mosaicos que Túnez como provincia romana supo crear con maestría de orfebre y espíritu universal. En las ciudades, acueductos, termas y teatros conviven con mezquitas, iglesias bizantinas, hoteles cinco estrellas y mercados en donde habita el espíritu árabe, al ritmo del tintinear de bronces y monedas junto a la música de todos los dialectos del país.


Perdida en las oquedades de algún zoco, en Túnez se halla la fórmula secreta que utilizó el tiempo para moldear el carácter de su gente. Todos los relatos de los viajeros coinciden en lo fascinantes que resultan sus costumbres y su particular manera de ser musulmanes y africanos. Los clichés turísticos hablan del “más occidental de los países musulmanes”. Los fotógrafos de viaje que retratan a la población tunecina, acercan a occidente el brillo inusual de unos ojos antiguos.

Lo cierto es que la gente de Túnez ha desarrollado por siglos una combinación única entre la cultura bereber, el nomadismo, la espiritualidad del Islam y los aportes culturales de cartagineses, turcos y franceses. Hijos del mar, la estepa y la montaña a la vez.

En las grandes ciudades las mujeres de belleza velada por mantos de colores vivos caminan a la par de una generación de muchachas que corretean con sus cortas faldas hacia la escuela o la universidad. Son las dos caras de la moneda del tiempo: un pasado de humillación y un presente en donde se enciende la esperanza de la igualdad de género, lucha de siglos de las mujeres de Islam de todos los países. En Túnez las barreras que el Islam pone al desarrollo intelectual de las mujeres parecen ser más permeables, el porcentaje de mujeres instruidas supera en gran medida al de los países árabes vecinos.

En la actualidad Túnez todavía busca su equilibrio entre las prácticas del Islam y el contacto con occidente que modeló definitivamente su carácter. Al crearse la República de Túnez, se optó por el bilingüismo francés-árabe. Sin embargo en los pequeños pueblos alejados de las grandes ciudades es posible encontrar personas que no comprendan francés.

La mujer tunecina es protagonista en todas las escenas de la vida cotidiana de Túnez. Luego de la independencia del país obtuvieron la igualdad jurídica con los hombres. Aunque poseen el derecho de elegir libremente a su esposo, todavía son palpables algunos ancestrales ligámenes familiares, pero puede decirse que se encuentra entre las más libres mujeres del mundo musulmán.

Todos los acontecimientos de la vida social son celebrados con música y danza. Sus melodías recogen sonidos de todos los pueblos que llegaron desde el Mediterráneo hasta sus costas o cruzaron el desierto del Sahara por el oeste. El vibrante maluf, a modo de ejemplo, tiene orígenes andaluces. Las orquestas tunecinas están formadas generalmente por un conjunto de vientos con instrumentos como el zokra y el mezued y percusión (tabla, darbuka y bendir). A ellos se les suman un grupo de bailarines. Para entrar en contacto con los bailarines y músicos tunecinos, además de encontrarlos por todas las ciudades y souks, existen fechas especiales como el Festival de Monastir o el Festival Internacional de Cartago.

La ciudad de Túnez tiene dos lenguajes: el de la Medina, íntimo y peatonal, definitivamente árabe y recogido en sí mismo, delimitado por las antiguas murallas extintas ya. Otro es el lenguaje de la ciudad moderna, de inspiración francesa, cuya expansión no conoce límites más que el mar.

En dos días es posible visitar el Museo del Bardo, la Gran Mezquita y los principales atractivos de la ciudad. Recomendamos visitar el Museo del Bardo con una guía especializada, ya que cada uno de los mosaicos romanos que custodia posee una excepcionalidad, simbología y originalidad que merecen apreciarse en su totalidad.

Perdida en las mil vueltas de los Zocos está la esencia del pasado de Túnez. Entre los más sugestivos se encuentra el Suk el Attarine (por los exóticos aromas de los perfumes), el Suk de las Mujeres (donde hallar maravilloso vestidos y accesorios de seda y algodón natural), el Suk el Berka (erigido entorno a una plaza con columnas de vibrantes rojos y verdes), el Suk el Tourk (dispone de una terraza desde donde observar los maravillosos techos de la Medina) y el Suk En Nohas (por los sonidos y los destellos del cobre).

Además de las grandes atracciones de la ciudad, si dispone de tiempo vale la pena conocer alguno de los barrios proletarios que rodean la ciudad. Ayudado por un guía local, descubrirá en sus calles un universo de casas blancas de encantadoras puertas desde donde salen y entran aromas caseros, melodías maluf transportadas por el viento y cientas de sonrisas tunecinas.

Fotos:

“Cielo de Esperanza” de D. Bejarano

“El Jem” de Le Pacheco

“Tunez Douz” de Le Pacheco

“Pottery Stoe in Hunt Souk” de Carpe Feline

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