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Croacia

Todo el tiempo a su lado

Un reencuentro maduro en Dubrovnik
Juan Luis Pérez
08:00h Viernes, 26 de junio de 2009
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Toda mi vida había soñado con ser madre, hasta creía haber nacido para cumplir esa misión en la vida y nada me importaba más. No me dolía postergar proyectos profesionales, vuelos ni ambiciones personales, sólo quería estar para mi hijo.

Ciudad antigua, Dubrovnik

Ciudad antigua, Dubrovnik

Por eso, luego de casarnos, mi embarazo no tardó en llegar. A mi marido le hubiese gustado esperar un poco más, poder viajar, disfrutar de la unión de pareja y hacer todas aquellas cosas que, con un hijo a cuestas, se complican.

Pero, por mi parte las cosas estaban claras; yo moría por ser mamá, era lo único que me importaba en la vida. Inclusive, en algún tiempo, empecé a pensar que tal vez me había casado sólo para traer un hijo al mundo, dentro de un marco de familia formalizado.

Cuando mi varoncito aterrizó en esta tierra, sólo viví para él. Al diablo con mi relación de pareja, mi hijo era todo y no había tiempo para nadie más.


Mi marido me amaba, claro que me amaba, sino no hubiese soportado tantos años de rechazo. Ni siquiera amigas me quedaron, porque yo debía estar pendiente de las necesidades de mi hijo.

Una postal del puerto de Dubrovnik

Una postal del puerto de Dubrovnik

Fue el único que tuve, pero mi hijo, en un momento, como bien marca la vida, se hizo grande y empezó a prescindir de mí. Ahí descubrí que, fuera de él, yo no tenía vida.

No obstante, miré a un costado y lo encontré a mi marido. Todos esos años había estado allí, aunque yo no lo hubiese visto.

Estaba dispuesto a perdonarme todo ese tiempo de ausencia y ahí, por fin, yo pude quererlo sin culpas, sin pensar que mi hijo me necesitaba más.

Tan comprometido estaba él, con recuperar ese vínculo matrimonial, que me propuso viajar, tal como le habría gustado hacerlo cuando recién estábamos casados.

Me contó su sueño de viajar conmigo a la ciudad de Dubrovnik, anhelo que me conmovió profundamente.

Se encargó de preparar, paso a paso, los movimientos de aquel viaje, para que yo estuviera feliz, para que yo sonriera.

Partimos hacia esa ciudad costera de Croacia y el último tramo lo hicimos en tren. Aunque fue un trayecto de lo más largo, nosotros aprovechamos para conversar, largo y tendido, recordando lindas anécdotas.

Por supuesto que, al ser Dubrovnik uno de los destinos turísticos más populares del Adriático, la zona parecía invadida de turistas. Sin embargo, en algún momento, pude sentir que estábamos solos.

Murallas para perderse en el tiempo y, si algo nos hacía falta a nosotros era volver al pasado para recuperar el tiempo perdido.

Caminar por la ciudad antigua, conocer el hermoso puerto, hacer pié en las playas de arena gruesa, disfrutar de un rico arroz, al cuidado del patrono San Blas, y volver a creer en el amor.

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