
Tasmania tiene corazón de bosque. Lo abraza una potente geografía de montañas que recortan caprichosamente el diáfano cielo azul, ondulantes valles y una pléyade de fabulosos lagos, ríos y cascadas que quitan el aliento. Sus parajes colman ampliamente los deseos de quienes buscan zambullirse en la naturaleza en su estado puro.
Para hablar de su pasado, debemos remitirnos a Godwana, la mayor de las masas continentales del sur desprendidas de la primitiva Pangea. La porción que pertenece a la actual Tasmania estaba unida al Continente Antártico, lo cual explica las similitudes que existen entre la geología de ambas regiones. Luego de su separación, Tasmania adquiere su característica forma triangular. Este pasado geológico dotó a la isla de una diversidad geológica y biológica de excepción, formando un interior inundado de colosales especias de coníferas.
La isla de Tasmania merecer ser recorrida ya sea a pie, para internarse en los secretos de su naturaleza interior como por carretera, cuyos dramáticos paisajes permiten al viajero disfrutar de un territorio cuyo 30 % pertenece a la categoría de Reserva Natural o Parque Nacional.
Para comenzar a descubrirla es posible hacer puerto en Hobart, capital de Tasmania y segunda entre las ciudades más antiguas del país. El casco urbano tiene como fabulosos telones naturales el Mount Wellington y el azul río Derwent. A menos de 80 km. de Hobart se encuentran las formaciones rocosas de Eaglehawk Neck, huella de antiguos arrebatos de la naturaleza como el Blowhole y el Tasman Arch, escenarios perfectos para los amantes de la fotografía. Más al oeste se llega a los espejos de agua de los lagos Pedder y Gordon, donde es posible deleitarse con la pesca de truchas. Serán sus compañeros de viaje manadas de canguros y aves silvestres.
Hobart, el Mt. Field National Park y el Hartz Mountains National Park prometen experiencias íntimas con una naturaleza de contornos abruptos y paisajes muy diversos entre sí: valles, bosques, cascadas, montañas, miradores y pistas de esquí. Pero es el South West National Park quien atesora todos los verdes de una extraordinaria diversidad de especies arbóreas.
La porción septentrional de la isla puede visitarse desde la ciudad de Launceston. Basta una simple caminata para darse cuenta por qué es llamada la “Ciudad Jardín”. A escasos metros del casco urbano inicia el sendero del Kinas Bridge-Cataract Walk que recorre los paisajes de la Cataract Gorge Reserve. La estrella de la reserva es su impresionante cañón surcado por el puente Alexandra Suspension.
Los alrededores de Launceston nos introducen a otro de los atractivos paisajes de Tasmania: sus playas. George Town es un destino muy popular para los tasmanios y para aquellos que quieran conocer el pasado de este pueblo, el primero de la isla que alojó convictos. Inolvidable es la escena de la llegada nocturna de los pingüinos en el Wildlife Sanctuary, muy cerca de Launceston.
Rumbo al noroeste se arriba a Devenport, puerta de entrada para descubrir otra dimensión de la naturaleza de Tasmania. La Bass Highway nos llevará hasta el Rocky Cape National Park. Desde la entrada de este fabuloso Parque Nacional parten senderos que se internan en lo profundo del bosque y ascienden ofreciendo panorámicas de toda la costa y las Sisters Hills. Siguiendo al oeste, la villa histórica de Stanley nos invita a disfrutar de su sosegado ritmo, ya sea a través de caminatas o simplemente observando la vida del pueblo pasar desde las ventanas de algún viejo bar. En uno de los extremos de la ciudad despunta The Nut, extraña formación de basalto similar a una nuez que le da un aire aún más misterioso a este pueblo tradicional del noroeste tasmanio.
El oriente nos ofrece dos pinturas diferentes de Tasmania: el horizonte infinito de las playas y los caprichosos paisajes del Parque Nacional Freycinet. En la localidad de Bicheno es posible conocer toda la fauna de la isla visitando el East Cost Bird Life and Animal Park, la fascinante vida marina del Sea Life Centre y las ballenas de la Diamond Island. Pasando Bicheno, Swansea, otro encantador pueblo tradicional, es la antesala a las maravillas del Parque Nacional Freycinet. Su particularidad consiste en nuclear en su territorio ecosistemas tan diversos como costas, lagunas, montañas color granate y bosques.
En todos los puntos cardinales, Tasmania es una pintura viva de la potencia creadora de la naturaleza. Pero aún nos queda por describir el interior. En el simiente de la isla se halla el Cradle Mountain Natural Park, casi un mundo en miniatura por sus laberínticos senderos que se internan en la frondosidad del bosque. La geografía del parque asciende y desciende frenéticamente entre picos montañosos de sugestivos colores y sólo encuentra descanso en los sosegados lagos, de los cuales el más bello es sin duda el Lake St. Clair.
Este paraíso australiano fue habitado en total armonía con su hábitat natural por los tasmanios, a quienes Charles Darwin tuvo oportunidad de conocer. Se trataba de un grupo étnico aún más antiguo que los aborígenes australianos. Con la llegada del hombre blanco a principios del siglo XIX, la presencia de los primitivos pobladores comenzó a descender dramáticamente hasta la última mujer tasmania: Truganini. Resistió heroicamente en la reserva de Oyster Cove hasta que el contacto con la civilización occidental destruyó por completo el equilibrio sobre el que se basaba la supervivencia de los tasmanios.
Turgaminini es sólo un nombre que nos ha quedado del pasado, pero es eco de una civilización extinta en el fragor de la historia y las contradicciones del hombre moderno. De la biodiversidad cultural y natural originarias de la isla de Tasmania, como civilización hemos podido conservar sólo la natural. La pureza de la naturaleza de Tasmania y el recuerdo de Tregamini son una invitación para reflexionar acerca de nuestra responsabilidad sobre la conservación de este paraíso natural para las próximas generaciones. Recomendamos con entusiasmo conocer la isla a través de alguna de las numerosas propuestas de turismo ecocultural. Este tipo de turismo, consciente y responsable, nos permite no sólo entrar en íntimo contacto con sus bellezas naturales, sino también comprender el delicado equilibrio que las mantiene vivas.
Fotos:
“Tasmania” de Rick Elkins
“Cradle Falls” de Lisa McKinnon
“Tasmania Rain Forest” de Azhdahak
“Hazards at Sunset” de Jejl

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