
Salzburgo es una ciudad de placeres sublimes, de belleza serena, emociones provocadas por el vibrar de las cuerdas y charlas de café. “Retornas sin cesar, melancolía, oh regalo del alma solitaria. Arde hasta el final un día de oro”, así define el poeta George Trakl al espíritu de su ciudad natal.
Si la melancolía tiene origen en un pasado que ya no vuelve pero convive a diario por obra de la evocación, Salzburgo es una de esas ciudades que fascinan a las almas contemplativas. Enmarcada por un entorno de montañas arboladas, la ciudad se desarrolla a ambos márgenes del poético río Salzach. Pequeña pero plagada de testimonios del pasado de gran hondura estética y artística, en ella todo parece obedecer a la belleza.
Para hallar el origen de tan refinados adornos habrá que remontarse al Medioevo. Es sólo en este período cuando la ciudad adquiere importancia, ya que con anterioridad el territorio se hallaba en continuo conflicto debido a las invasiones de los germanos y los francos. Durante el siglo VIII, ya instalado el cristianismo en los corazones europeos, Salzburgo se convierte en sede del arzobispado y del Ducado de Baviera.
Dicho nombramiento ve nacer a los “príncipes-arzobispos”, figura que encenderá la llama de la denominada querella de las investiduras, conflicto entre los poderes terrenales y religiosos que estalla en Europa durante el siglo XI. La Catedral de San Virgilio es uno de los testimonios de la influencia del arzobispado de la época.
La ciudad comienza a protegerse con gruesas murallas durante siglo XIII, es que Europa está convulsionada y gestando un cambio profundo que la llevará a la modernidad. Las simbólicas construcciones góticas van transformando su simbología y misticismo en la libertad formal del lenguaje barroco. Maestros italianos acuden a la ciudad para dejar impreso su gracioso compendio de formas ondulantes y profusión decorativa.
Pero durante los primeros años del siglo XIX, dos hechos marcarán a fuego el destino de Salzburgo: el fin del poder de los arzoobispos y el incendio de 1818. Aquella ciudad que fuera llamada “la Roma de los Alpes”, tuvo que cambiar nuevamente su rostro y lo hizo mediante los atuendos del Romanticismo. Fue este el espíritu estético y cultural que caló profundo en el corazón de la ciudad y que aún puede ser percibido caminando por sus calles engalanadas por románticos palacios y jardines
Para entrar en contacto con aquella “Roma de los Alpes” del pasado, es preciso dirigirse a la llamada “ciudad vieja”, ubicada en la margen derecha del río Salzach. La protagonista de la ciudad vieja es, sin duda, la Catedral, construida a instancias del príncipe-arzobispo Markus Sittikus. Destacan sus cúpulas de color verde lima y la fachada de inspiración italiana. En su interior, ricamente ornamentado, se hallan sepultados los príncipes-arzobispos y la pila bautismal del pequeño Mozart.
Las plazas de la ciudad vieja se destacan por su simbolismo y elegancia. La Kapitelplatz, dominada por la Fuente de Neptuno, es un excelente mirador de la ciudad vieja. El homenaje en bronce al hijo predilecto de Salzburgo brilla en la Mozartplatz. Por su parte, la Residenplatz es un símbolo eterno del antiguo poder de Baviera. En armonía con la vocación musical de la ciudad, la Glockenspiel alberga uno de los carillones más emblemáticos del mundo. Posee 35 campanas y suena tres veces al día desde 1702.
Retrocediendo en el tiempo, el monte Festungsberg conserva los testimonios de la ciudad medieval en poder de los príncipes-arzobispos. Esta fortaleza-castillo, además de ser una de las construcciones más imponentes de la ciudad, es el castillo mejor preservado de Europa. Vale la pena demorarse por horas en su interior para captar toda la opulencia de la época, presente en las decoraciones en oro de las Habitaciones de los Príncipes y las magníficas columnas de mármol de la Sala de Audiencias.
Por la Getredegasse (la Callejuela de los Cereales) parece pasar toda la vida de la ciudad, rodeada por una atmósfera del pasado. Además de las sugestivas tiendas que datan de época medieval y el encanto del Mercado Antiguo, la Getredegasse conserva en su número 9 la casa natal del genial Mozart.
A pocos metros se halla el Barrio del Festival, antiguo sitio de las caballerizas de la Corte mandadas a construir por el arzobispo Wolf Dietrich. Allí se celebra el multitudinario Festival de Música de Salzburgo, cumbre de la música de una ciudad que festeja la grandeza de este arte todos los días del año.
Asistir al Festival de Salzburgo es una experiencia emocionante ya sea para los melómanos como para todas las tipologías de viajeros. Celebrado durante agosto, la ciudad se inunda por completo de la genialidad de la obra de Mozart y la pasión de músicos y espectadores de todas las latitudes. En una verdadera maratón de obras mozartianas, se presentan las orquestas más prestigiosas del planeta, los nuevos talentos y concursos internacionales de renombre. Cabe recordar que el Catálogo Küchel de la obra de Mozart contabiliza más de 620 obras, realizadas en sólo 35 años, mientras que Ludwing van Beethoven creó alrededor de 130 composiciones a lo largo de sus 57 años de vida.
La edición 2008 del Festival se celebrará bajo el lema “Porque es fuerte el amor como la muerte”, cita del texto bíblico del Cantar de los Cantares de Salomón. Será la ocasión de redescubrir clásicos de la ópera mundial como “Don Giovanni”, “La Flauta Mágica” y “Otello”, así como la bucólica “Romeo y Julieta” de Gounod y los aires triunfales de la magnífica “Rusalka” de Antonin Dvorák.
Otra experiencia inolvidable es visitar los idílicos castillos, palacios y jardines de los alrededores de la ciudad. El Palacio de Leopoldskron, magnífico y situado en un entorno natural que compite en belleza, fue morada del obispo Leopold Antón Firmian. El Castillo de Hellbrunn sorprende por su delicioso estilo italiano y la imaginativa decoración de las salas (imperdibles la llamada Octógono y la Sala de Música). Fuera del palacio, los jardines albergan la fiesta de luz, color y sonido de los Juegos de Agua.
Delicada y refinada, Salzburgo es una caricia para el alma de aquellos que aman lo sublime.
Fotos:
“Salzburg Spires” de Travelight
“Salzburg St Peter Interior” de Rotraud17
“Postcard from Salzburg” de Joiseyshowaa
“Salzburg Music Festival” de Marytoad


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