Europa, General, Relatos, Viajes

Pavía y su Cartuja. El arte de la paciencia.

María Clara Fuerte
07:00h Martes, 18 de marzo de 2008
0

Fuimos a Lombardía, al norte de Italia, a ver a mi cuñado que había sido transferido a Pavía, cuando mi hija era lo bastante grande como para poderla llevar en los hombros mientras visitábamos a pie la ciudad (que es como hay que visitarla) y lo suficientemente pequeña como para tener que llevarte detrás comida, merienda y cena, además de pañales suficientes para contrarrestar la posible diarrea más persistente. Mujer prevenida vale por dos. Pavía es famosa Pavia Cartujapor la paciencia de los cartujanos que oraban en La Cartuja (La Certosa di Pavia, en italiano), pero nada tiene que envidiar dicha paciencia a la de una madre en viaje. Digo también, porque sería injusto no decirlo, que la misma satisfacción que debían probar los monjes viendo los colores y la tinta de las letras dibujadas con calma en las páginas a veces pequeñísimas de lo que serían libros, siente una madre observando que con el tiempo su casa está habitada de personajillos capaces de compartir y de pensar con la cabeza. No niego que viajar con niños es poco fácil, pero abre la mente de los futuros hombres y mujeres y ayuda enormemente a los que ya lo son a organizarse y preveer posibles poblemas, teniendo la solución metida y ya preparada en una bolsa, como los magos con su sombrero. Simplemente los viajes son diferentes. No consigues leer las explicaciones de los museos porque hay siempre alguien que te tira de la falda (o del pantalón), no puedes seguir el guía si no es de lejos porque tu enanito se ha sentido atraído por algo completamente distinto de lo que están observando los adultos, tu cerebro registra lo que ve pero sólo parcialmente porque una parte de él está pendiente de los movimientos del pequeño ser que está creciendo y en darle la justa visión del mundo allá donde uno se encuentre…

Pero vale la pena.
La tradición dice que Gian Galeazzo Visconti (1351-1402), futuro duque de Milán, prometió a su segunda mujer y prima Caterina que haría construir en una villa alrededor de Pavía un monasterio de cartujanos si ella moría de parto. Otra leyenda narra que Visconti durante un día de caza no consiguió poner en pie a su caballo, que se había caído en el pantano y que un grupo de nobles señoras se rió de él por este motivo. Entonces él decidió construir en ese mismo sitio una Cartuja, de manera que ninguna mujer pudiese jamás pisar ese lugar. La razón más lógica por la forma de pensar de aquellos tiempos es que probablemente deseaba consolidar su hegemonía en el norte de Italia y adquirir fama de protector de las artes y de la religión: de hecho veía el proyecto del monasterio con basílica como un sepulcro importante, destinado a las tumbas de la familia Visconti, ideal complemento del Castillo de Pavía, su residencia favorita, y al inmenso Parque.



Los siglos aportaron diferentes contribuciones a la Cartuja, bajo el perfil histórico y artístico:
– en el siglo XIV, la preparación y fundación;
– en el siglo XV el desarrollo de los claustros, de la iglesia y de la fachada de mármol, hasta la primera galería, las decoraciones pictóricas, con mármoles y cerámicas, la entrada del cadáver de Gian Galeazzo Visconti y la consagración del templo ;
– en el siglo XVI el altar mayor y el coro;
– en el siglo XVII las capillas decoradas con los altares de mármol, con los frescos y los iconos ;
– en los siglos XVIII y XIX las guerras paralizan las obras y obligan a los cartujanos a irse del monasterio ;
– en el siglo XX los cartujanos vuelven (primero carmelitanos y luego cirtencienses, actuales habitantes de la Cartuja) y comienza la restauración.

Pavia claustroDe la Cartuja de Pavía sorprende el contraste entre el trabajo elaborado de los mármoles multicolores de la fachada y la verde paz que acompaña la sencillez de líneas de los tejados del claustro. Dan ganas de quedarse allí dentro todo el día y dejar que el tiempo corra.

Allí aprendimos que el orden cartujano lo fundó San Bruno en el 1084, en una localidad amena y solitaria de los Alpes del Delfinado francés llamada Chartreuse. En el monasterio, dedicado a la Virgen, los cartujanos se retiraban, solitarios, rezando en contemplación, dedicándose a la pintura, a la incisión, a la farmacia y sobretodo a la transcripción de libros antiguos y códigos en miniatura (de aquí nace el dicho italiano que habla de la paciencia de los cartujanos)

Cómo llegar a la Cartuja de Pavía:

En coche:
desde Milán: carretera estatal n. 35 dirección Pavía, pocos kilómetros después de Binasco se llega a la “Certosa”. En el segundo semáforo, girar a la izquierda. Al final de la calle se encuentra la Cartuja

desde Pavía: carretera estatal hacia Milán, girando en el primer semáforo a la derecha. Al fondo se encuentra la Cartuja (está a sólo siete kilómetros de la ciudad)

Se puede aparcar sea antes que después del monumento.

En tren:
Linea Milán-Génova, la Cartuja se encuentra en el trozo Pavía-Milán (sólo trenes locales). A la salida de la estación de “Certosa”, a la izquierda, seguir el muro que recinta el monasterio durante 10 minutos más o menos.
En autobus:

En Pavía se cojen en la calle Trieste, de frente a la estación del tren.
En Milán en viale Bligny/Famagosta.
Los autobuses dejan los pasajeros en la carretera estatal, a cinco minutos del monumento.

Pavia plaza ciudadPero volvamos a la ciudad. Pavía está caracterizada por una estructura urbanística de origen romano que se ha mantenido casi inalterado durante siglos. Las manzanas cuadradas, el cruce principal de las dos calles importantes, cardo y decumano, el área del antiguo foro que reunía tres funciones: política, social y comercial. Pavía forma parte del circuito Ciudades de Arte de la Llanura Padana.
Se entiende enseguida que Pavía ha respetado sus raices históricas y culturales: en las torres medievales que la elevan hacia el cielo; en su perfil, primero románico y después renacimental; en su acurrucarse en la llanura donde se encuentra con las colinas al horizonte. Pavía es también su paisaje hecho de agua y de vegetación, gracias al río Ticino.

Hay que ver:
La iglesia de San Michele
La iglesia de San Pietro in Ciel d’Oro
La iglesia de San Teodoro
La iglesia de Santa Maria in Betlem
La iglesia románica (XII sec.)
Il Broletto (antiguo Palacio del Ayuntamiento)
Las Torres Medievales: De las quizá más de cien torres que caracterizaban el perfil de la ciudad medieval, quedan enteras sólo cinco: tres en la plaza de la Universidad y dos en la calle Luigi Porta. Son del siglo XI-XII.
Plaza Vittoria: plaza principal de la ciudad, antiguamente llamada “Platea Magna”, plaza grande, era la sede de los intercambios comerciales y del mercado. Posee pórticos del siglo XIV y está limitada por el antiguo palacio del Broletto y del gótico “dei Diversi”.
El Puente Coperto
El Castillo Visconteo: edificado por Galeazzo II Visconti a partir del 1360 y terminado hace cinco años. Más que castillo militar de defensa fue espléndida y refinada residencia de corte
El Parque Visconteo
El Colegio Borromeo
L’Università: es uno de los ateneos más antiguos de Europa. Galeazzo II Visconti promovió su apertura, activando los estudios de derecho y medicina.
Il Naviglio: la gran obra hidraúlica tenía que comunicar la dársena de Milán con el río Ticino y de aquí, a través del río Po, a Venecia y al Oriente. Fue proyectada en el siglo XI por Leonardo da Vinci, parcialmente realizada en el curso del siglo XVII y acabado el trozo que atraviesa la ciudad en época napoleónica.
El Teatro Fraschini
Palacio Mezzabarba
Los museos del Castillo Visconteo: tres pisos y ocho mil metros cuadrados de exposición
Palacio Malaspina

Múltiples fotos de los monumentos nombrados o de su contenido artístico se pueden observar en el folleto que el Ayuntamiento de la ciudad ha publicado en su sitio web

(Fotos artículo: María Clara Fuerte)

Comentarios (0)

Se el primero en comentar.

Queremos saber tu opinión

Sscrbete a eViajado.com
Publicidad
Publicidad
Publicidad
© Copyright 2017, Blogestudio está gestionado con WordPress