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Noruega

Noruega helada, solitaria e inmaculada

Paisajes nevados sin rastros de nadie
Juan Luis Pérez
08:00h Domingo, 19 de julio de 2009
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Desde pequeña me llamaban «maniática» porque tenía ciertos rituales, requerimientos y exigencias que no se correspondían a la personalidad de una niña con cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, con quienes, obligadamente, debía compartirlo todo, desde los padres y la habitación hasta los dulces.

Svalbard, Archipiélago Artico. Noruega

Svalbard, Archipiélago Artico. Noruega

Sin embargo, a mi me gustaban, siempre, las cosas vírgenes, todos sabían que si un regalo era para todos, yo debía abrirlo, la ropa heredada de mis hermanas tampoco me gustaba y pocas cosas me daban más placer que el olor a nuevo, el ruido de un paquete cerrado al vacío, cuando era abierto por mí, claro y todo lo relucientemente virgen.

Por oposición, me entristecía toda vez que no podía ser yo quien estrenara algo y me afligía ver tanta gente bañándose en MI mar durante mis vacaciones de verano o pisando MI nieve durante mis vacaciones de invierno. Las huellas de la playa o la nieve no me daban ninguna simpatía y, al crecer, me dediqué a buscar lugares donde imaginar que jamás nadie había estado allí.

Mi obsesión acabó siendo mi motivo de vida y como siempre me gustó el deporte, lo llevé a ese campo: los deportes extremos, me permitían conquistar los picos más altos, donde nadie -o pocos- habían llegado antes, las olas más bravas, los vientos más fuertes… Allí donde la valentía me permitía ser única, desvirgando el mar, el cielo, la montaña.


Para la playa, jamás Ibiza, para la nieve, nunca Aspen… No, me ocupé de encontrar un lugar inhóspito, donde apenas llega el sol, allí, en Noruega, Svalbard; con picos escarpados, glaciares y la nieve más blanca, pura y virgen que jamás nadie haya podido contemplar.

Oso polar en Svalbard. Fotografía: Paul Nicklen para National Geographic

Oso polar en Svalbard. Fotografía: Paul Nicklen para National Geographic

Tan desierto de turistas es este lugar que sus únicos y felices habitantes son los osos polares, amos y dueños de estas letanías con quienes no tuve problema en compartir huellas, al fin y al cabo, mi competencia era humana y mi manía no incluía a la fieras.

Los paisajes helados del Ártico, tan cerca del Polo Norte tienen una magia devastadora y aquí la soledad es tan inmensa que me colma de felicidad.

Luego de alimentar mi manía y pasar un par de días en soledad,  me apunté en algunas actividades grupales, como excursiones en esquí más largas con safaris en moto de nieve o trineo con perros que  suelen ser posibles desde diciembre hasta finales de mayo y brindan la posibilidad de acceder a terrenos y paisajes únicos que se encuentran más allá de los que podemos alcanzar a pie.

Fotografía: National Geographic

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