Al llegar al jardín de Floridablanca y ver los colores del otoño, noté que ya no sentía esa angustia inquieta que me llevaba de un lugar a otro y que me había traído a uno de los hoteles en Murcia, buscando cobijo en los paisajes otoñales.

Las calles de Murcia en otoño se visten de bronce
Al pasar por el puente de los Peligros, levanté la vista y pude ver la torre de la catedral, que durante la tarde teñía sus paredes del dorado del sol y creaba una postal mágica donde el otoño y el bronce lo inundaban todo. Hacía calor, pero eso en las fotografías no se ve.
Continué mi paseo solitario y mis pasos me llevaron hasta la plaza Cardenal Belluga, y el sol ya comenzaba a caer; asi que me apuré a ingresar a la Catedral, supuse que sería buena hora de misa y si no la había, para un momento de reflexión, quizás una oración… aunque hace tanto que no practico.
Al entrar en la Catedral, me detuve frente al arca que contiene el corazón de Alfonso X el Sabio, un amante fiel de Murcia. También me acerqué, sigilosamente al sitio donde, según me habían dicho, estaba guardado el pequeñísimo cuadro medieval de las Ánimas del Purgatorio.

La imponente Catedral de Murcia
Allí estaba, para noticia de muchos murcianos que siquiera saben de su existencia, pues no es algo de lo que se hable si no se siente interés por estas cosas; y no es que yo lo tenga realmente, es que lo leí en un libro escrito por un murciano al que yo admiro mucho. Sólo quería saber si esa parte de la novela era verdad o fantasía.
Cuando decidí viajar a Murcia, sola y contra opinión de mis hijos, fue nada más que por mis amigas del blog, “las vete – bloggers” como nos auto denominamos y es, por la sencilla razón mas que evidenciada de que somos señoras mayores que escribimos en blogs personales.
Sobre viajes, libros y hasta recetas de cocina. De aquí, de Murcia, son dos de mis mejores amigas bloggeras a quienes no conozco personalmente pero que mañana, luego de pasear por Murcia un poco más y dormir en mi pequeño hotel, veré por primera vez.
Pero antes de volver a mi habitación de hotel, recorrí Trapería, la Plaza de santo Domingo y su arco, su ficus gigantesco y sus terrazas repletas, y llegué a Alfonso X. Ya no pude dar más pasos y la ansiedad me hizo volver, para que el “mañana” llegue pronto y poder ver la cara, en persona, en vivo y en directo, de estas mujeres con historia con quienes tantos correos habíamos intercambiado.
Fotografías: Mariano Ortuño y untipografico en Flickr

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