Europa, General, Relatos

El Jardín del Buen Retiro y una madrileña más. I parte.

María Clara Fuerte
07:00h Martes, 29 de abril de 2008
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Madrid Retiro 1Había una vez una mujer a una barriga pegada…que a diferencia de Cyrano de Bergerac no se sentía fea. Estaba orgullosa de su inmensa y obviamente redonda barriga y la llevaba con cariño, cuidándola. Era tan feliz con ella que se había comprado un impermeable rojo con forma de campana, por si alguien no se había dado cuenta (imposible) de que la tenía. Y de esta guisa volvió a España, su tierra natal y apenas pudo cogió a su sobrino de tres años y en autobus se lo llevó al Retiro , a enseñarle los patos, el estanque grande y lo que antes había sido la casa de fieras. Había disfrutado de recorrer los lugares que veía de pequeña y también de lo que significa llevar un niño de tres años al lado, con todos los imprevistos dignos de la edad posibles, pero también observando la forma de mirar que sólo ellos poseen.

Trece inviernos han transcurrido desde entonces y éste pasado ha vuelto a los jardines de Herrero de Palacios con el ser maravilloso que había aleteado en su barriga y con el fantástico terremoto que llegaría tres años más tarde, acompañados de la gran persona que a ella vió nacer. La casa de fieras (creada por Madrid Retiro Casa de Fieras wikipediaFernando VII y arreglada después por Isabel II) estaba ocupada por carteles. Los animales la habían abandonado en 1972. Un cartel por cada animal que la había habitado, con su historia, contada lógicamente desde su punto de vista. Y así de repente ella se vió llamada hombre como palabra genérica. Los casi cuentos eran tan sensibles, que no pudo evitar ponerse a leerlos en voz alta para sus hijos, a pesar de que el más pequeño protestaba porque “él ya no es un niño”. La más grande de la panda, su madre, estaba tan encantada como ella misma. La jirafa, por ejemplo, contaba su viaje al zoo actual de la Casa de Campo en camioneta por toda la ciudad y todas las peripecias que ocurrían alrededor de este recorrido. La elefanta su aventura a la panadería más cercana, cuando decidió que estaba harta de estar siempre allí esperando a que le tiraran pan y así cada cual, con la peculiaridad de que cada especie animal estaba convencida de ser el alma de la casa de fieras, la estrella. Disfrutó como una enana leyendo las experiencias de estos seres que habían sido acostumbrados a vivir en cautividad, pero de vez en cuando les salía el ramalazo de animales salvajes. Quien sabe porqué. Después de haber estado toda la mañana al aire libre volvieron andando felices a casa de su madre, a comerse uno de esos cocidos que sólo una madrileña sabe hacer. Y es que El Retiro da mucho hambre.




Una tarde de las navidades fueron a ver el árbol de los deseos, gigantesco cono transparente en cuyo interior volaban los globos de gas lanzados por cada familia madrileña que había seguido a los duendes en Madrid Retiro tulipanes rojoslas habitaciones del imaginario tronco del árbol, con la esperanza de que los deseos que sus hijos y ellos mismos habían escrito encima se cumplieran. A veces. Otras veces casi es mejor que no, pues hay niños que escriben cosas como « deseo ir al zoo todos los días » o « que mi papá no trabaje nunca y me pueda llevar al parque de atracciones siempre ».
Volvamos al abril de hace trece años
. El Retiro está en su máximo esplendor, con sus rotondas de tulipanes rojos (como rojo era el impermeable de la mujer a una barriga pegada) adornadas con los perfectamente bien cortados arbustos verdes.
Esa barriga inmensa hace sentir tan bien a su portadora que una vez llegado su chico del pais donde llevan viviendo años, lo convence para hacerse un millón de fotos en los jardines de Cecilio Rodríguez o en la Rosaleda. Porque ese es un momento mágico, porque sus vidas están a Madrid Retiro fuente avespunto de cambiar, porque no tienen ni idea del viaje que les espera. Ella ha venido aquí a hacer sentir a la mariposa gigante que aletea en su interior su modo de querer nada más nacer, el modo de amar que ella misma sintió nada más dejar de nadar y permitir así que el paso de sabiduría emocional continue su camino de generación en generación. En aquél entonces todo esto era sólo una intuición. Tuvo la absoluta seguridad más tarde, en Italia, cuando su hija, bebé, se despertó, abrió los ojos y al constatar que ella estaba allí se durmió de nuevo tranquila. Y ella se recordó en la cuna, haciendo lo mismo con su madre, sintiendo la misma serenidad delante de la certeza de que existe una persona al mundo que haría lo que fuera por tí. Esta transmisión de mensaje entre generaciones es algo muy complicado de exprimir con palabras, pero dan a todas esas fotos un significado especial, pues sólo el amor y la ilusión con los que fueron hechas Madrid Retiro Jardines Cecilio Rodriguezhan podido permitir esa cadena de hechos inolvidables que es de esperar no se interrumpan jamás.
Y El Retiro es un poco esto, el escenario ideal para cualquier momento de la vida de un madrileño.

Empezó acompañando sólo el ocio de la corte. El Conde Duque de Olivares regaló unos terrenos en lo que entonces eras las afueras al rey Felipe IV (1630-1640) se iniciaron las diversas construcciones que albergaría. Con el tiempo, poquito a poquito, acompañaría también el tiempo libre de todos los demás. Carlos III (1716 – 1788) el primero que abrió una parte al público, con la condición de que fuera bien vestida. Más tarde Fernando IV se reservó una zona más pequeña de recreo, en las que aún se Madrid Retiro entrada jardines Cecilio Rodriguez fuente y verja 200pueden observar la montaña de los gatos (1815), la casita del pescador y la casa del contrabandista que mandó erigir para el disfrute de su familia y concedió el uso del resto al pueblo de Madrid.

El Retiro ha sido testigo de muchas vidas.

Continuará.

(Fotos artículo: jardines María Clara Fuerte, casa de fieras wikipedia)

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