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El Jardín Botánico de Roma

Por María Clara Fuerte, en 31 de Mayo de 2008

orto botanico villa corsini 300

Ahora sé cual es mi rosa preferida. He podido elegir entre una montaña de plantas antiguas y nuevas, provenientes del 1868 (la más viejecita que recuerdo) hasta nuestros días, subiendo despacio los pocos escalones zigzagueantes que cada nivel de tierra posee. Mi rosa es simple, esencial direi mejor, espontanea y profunda al mismo tiempo, con pocos petalos de intenso color sangre salpicados en su punto de unión con un sinfín de filamentos solares: Bloomfield Courage. Además de ella, me han atraido el color fuego y el olor a manzana de Alchemist y la claridad profumadísima de Wedding Day.

Cerca de las rosas crecen algunos ejemplares de Casuarina, un árbol que parece un viejecito despeinado y que es uno de los géneros más primitivos de angiospermas.

Pero como siempre he empezado por la primera idea que me vino a la cabeza. Volvamos al principio.

El Jardín Botánico pertenece al Departamento de Biología Vegetal de la Universidad “La Sapienza” de Roma. Es un museo que colecciona ejemplares vegetales y los cultiva en invernaderos o al aire libre, haciendo de forma que conserven con el tiempo las características estructurales y la capacidad reproductiva que poseían en sus lugares de origen. La conservación del patrimonio genético es, pues, el objetivo primordial de los jardines botánicos.

Se encuentra dentro del centro histórico de la ciudad, entre Via della Lungara y la colina del Gianicolo, en el jardín de Villa Corsini, ocupando parte de el area arqueológica “Ager Vaticanus” que antiguamente era una zona suburbana atraversada por calles con tumbas y villas. Rodolfo Lanciani, en un relieve arqueológico del 1900, denominó esta zona ocupada por el Botánico Horti Getae, debido a los restos encontrados de las termas de Septimio Severo y de su hijo Geta en el área alrededor a la Puerta Septimiana (entre via della Lungara y Villa Lante), donde se conocen también otras propiedades de Septimio Severo.



El recorrido comienza con cedros y cactus de Sudáfrica, América Central y América del Sur. El Aloe sudafricano posee hojas perennes y espinosas. Yucas con hojas con forma de espada, Cereus peruvianus (L.) Mill., Opuntia ficus-india (L.) Mill. e Agave y diversos bananos completan la bienvenida al parque.

orto botanico fontana tritoni

Mi amiga y yo seguimos caminando como reinas por el sendero de las palmas (Chamaerops humilis L., Chamaerops humilis, Phoenix theophrastii Greuter) mientras observamos con calma

como las ramas de un gran ejemplar se asoman desde lo alto al camino, encerrando la fuente de los tritones en un marco y formando un cuadro idílico.

Nos internamos en la curva de las gramíneas provenientes de Japón y China. Curioseamos todavía los troncos gigantescos de un grupo de palmas canarias (Phoenix canariensis Hort. Ex Chabaud). Llegamos al punto en el cual decidimos anusar cada tipo de flor: la montaña de la rosaleda.

Del colorido de los petalos pasamos a los helechos, cuya presencia da siempre una sensación de antiguo, de cosas que evolucionan pero no se acaban, que permanecen en el planeta para acompañar a los demás en su camino. Y haciendo estas reflexiones entramos en la penumbra del bosque de bambú asiático. Se respira una serenidad particular paseando por el estrechísimo sendero ligeramente empinado y zigzagueante. Los troncos que sirven de cortina al camino tienen un tacto liso, suave. La colección de bambú del Jardín Botánico de Roma es una de las más ricas de Europa.

Volvemos a la claridad del mediodía para llegar a un laguito con nenúfares en cuya orilla crece un endemismo de las islas de Cerdeña y Sicilia, la Genista aetnensis (Biv.) DC. Continuando por el sendero se llega al jardín japonés para admirar el contraste entre la claridad de las hojas del árbol que acaricia el puente y la penumbra del regazo de piedra que recibe el agua de la cascada en la sombra. El sonido es muy agradable y la vista de Roma que desde allí se puede disfrutar, también.

Continuamos paseando para bordear la colección australiana, grandes eucaliptos y especies raras como el Banksia, que coje su nombre de Banks, el primer botánico que exploró el suelo australiano, partecipando en el 1789 a la expedición del Capitán Cook. Desde aquí se admira Roma y al fondo los montes Soratte, Prenestini, Tiburtini, Colli Albani y a veces el Terminillo. Más allá encontramos la escalera monumental, que está en obras. Continuando el recorrido que aconsejan en la entrada, llegamos a una zona habitada por la vegetación espontánea que crecía en el Gianicolo antes de la creación del Jardín Botánico.

Bajo un roble (o una encina, sinceramente no sé distinguirlas y en italiano el nombre es el mismo sea macho o hembra el árbol), encontramos una alfombra de Iris foetidissima L. De una fuerza expresiva increible la que tenía tonalidades entre fuego y bronce.

Seguimos observando plátanos de 300-400 años de edad, coníferas, una Sequoia sempervirens (Lamb.) Endl., del Nord América “de poco más de un siglo”, un Torreya grandis Fortune ex Lindl

y llegamos a la huerta de las plantas simples. En el Medievo las medicinas se realizaban con plantas y en esta exposición se encuentran más de 300 de estas especies, casi toda la flora espontánea de Europa Meridional y del Mediterraneo.

Detrás, el invernadero tropical donde te sumerjes junto a la Tillandsia literalmente en el verde y al salir, la brasileña Calliandra tweedii te recibe en todo su esplendor con sus múltiples flores rojas formadas por tantas agujas flexibles en cuyo extremo brilla al sol un detalle dorado componiendo una especie de plumero perfectamente circular (como los que compran los niños por la calle, que se iluminan a intermitencia).

Calliandra tweedii Benth es de la famiglia de las Mimosaceae y crece de forma espontanea en Africa occidental, Madagascar, India y en las zonas tropicales y subtropicales de América. Florece normalmente en invierno durante seis u ocho semanas y sus llamativas flores atraen los colibrís de forma que se pueda producir la transmisión de polen. Prefiere echar raices en suelos débilmente ácidos y drenados, en lugares muy luminosos rodeados de aire húmedo y temperaturas invernales suaves.

El escudo de los Corsini se ve todavía en la parte superior de la entrada del invernadero del mismo nombre. En el interior crecen especies desérticas provenientes de las Islas Canarias, del Sudáfrica, de los desiertos de Norte América y Sur América, algunas de las cuales ya sobreviven sólo en los jardines botánicos. En el invernadero monumental, cactus de Somalia y de la Región Sahariana. Curiosa la lujosa bañera marengo de la Reina Cristina de Suecia (Villa Corsini 1659-1698) usada como maceta para los cactus.

Detrás, el invernadero de plantas carnívoras, a lo lejos, palmas y en las cercanías orquideas.

Cistus, Teucrium, Lavandula, Thymus, Dasylirion…

Nos sorprende el tronco de la sequoia Sempervirens de la California, es compacto como todos los troncos, pero su aparencia es la de tantos anchos filamentos muertos que pesan poco y de los que se podrían sacar tiras para decorar un centro de mesa. La diferencia de color entre el recién nacido verde de las hojas nuevas y el profundo color bosque de las viejas destaca contra el castaño que ya han cojido las que yacen por el suelo, mimetizándose con la corteza cobriza. Dicen que el nombre del árbol proviene del piel roja Sequoyah, inventor del alfabeto cherokee.

orto botanico stachys

La guinda del parque es el Jardín de los Aromas para los no vedentes. A la sombra de gigantescos individuos de Casuarina, está colocado en un doble murito circular que permite seguir la sucesión de las plantas tocando el ladrillo. Las especies que se han elegido para este redondel poseen un tacto particular o un aroma importante, in modo de distinguirlas enseguida unas de otras. El Stachys bizantino es igual que un peluche, el Penisetum villosum más áspero pero siempre suave y de las distintas clases de menta, la mejor es la Mentha Polegium, aunque la piperita no la deja atrás. Muy distinta es la hoja sutil y numerosa de la Artemisia dracunculus, rica de sales minerales y vitaminas A y C. Masticarlas reduce la sensibilidad de las papilas gustativas, favoreciendo la ingestión de medicinas amargas. Antes de irnos, una última caricia a la alfombra-arbusto de apenas un par de centímetros de alto y de hoja diminuta, esa cuyo nombre no recuerdo y que me hará volver.

L.go Cristina di Svezia,24 00165 Roma

Tel. 06-49917140, 06-49917144, 06-49917146, 06-49917107

Fax 06-49917135

Horarios y precios billetes

Fuentes:

Universidad “La Sapienza” de Roma, Dipartimento de Biología Vegetal, visita guiada de la Prof. Loretta Gratani

Datos científicos de la Calliandra tweedii Benth: Directora del Botánico de Roma Prof. Loretta Gratani

it.wikipedia.org

Fotos: it.wikipedia.org

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2 Comentarios en “El Jardín Botánico de Roma”

1

[...] visto algún pueblecito encima de la colina, blanco, esencial y coqueto, con forma de ramo de rosas Wedding si se mira desde la altura suficiente, en las películas de Walt Disney? De todas formas, toda [...]

2

[...] la revivida Aqua Virgo, uno de los más antiguos acueductos que suministraba agua a la Antigua Roma. En el 19 A.C., supuestamente con la ayuda de una virgen, técnicos romanos localizaron una fuente [...]

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